En ocasiones la dislexia se ve como un error, como si leer de manera diferente fuera una incapacidad. Esta visión destaca la importancia de enfocarse en la rapidez en lugar de en la comprensión. Un tropiezo se ve como un fracaso -omisiones, inversiones, sustituciones- y afecta negativamente la forma en que una persona se ve a sí misma como lectora. Se invisibiliza la complejidad del proceso cognitivo y las diversas formas en que el cerebro puede construir un significado. ¿Y si los mejores lectores no son siempre los que leen más rápido, sino quienes aprendieron a leer a pesar de las dificultades? Quizás hemos mezclado la rapidez con la inteligencia y esa «lentitud» que tratamos de cambiar, es en realidad una manera más profunda de entender el mundo.
La problemática no radica en el docente y su deseo de enseñar, sino en la falta de orientación y acompañamiento en su práctica pedagógica. Se necesita ofrecer estrategias claras y así poder cerrar esa brecha entre el discurso y la realidad del aula. La libertad de cátedra y el constructivismo lejos de ser opuestos, pueden ser complementos en la educación de nivel superior y claves para lograr el aprendizaje significativo.
La sobreabundancia de información en la era digital ha fomentado una lectura fragmentada que se queda en lo superficial del texto, repercute en el análisis y el pensamiento crítico. Limitando una comprensión profunda, promoviendo opiniones sin fundamentos y reforzando el egocentrismo, en el que se prioriza el tener razón sobre el entender