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El año 2000 fue declarado como Año Internacional para la Cultura de Paz y desde entonces la Educación para la Paz ha experimentado un avance importante para su aprendizaje a través de medios formales como no formales, en medios multilaterales y organismos internacionales (Mayor Zaragoza, 2003). A lo largo de la primera década de los 2000 presenciamos la generación de iniciativas para el desarrollo de una cultura de paz y no violencia para los niños del mundo. También, la creación de un cuerpo teórico-práctico que permitió la puesta en valor de los valores y el ejercicio de los Derechos Humanos.
El fin de este primer decenio dedicado a la Educación para la Paz lo marco la denominación por la UNESCO del año 2010 como Año Internacional de Acercamiento de las Culturas. Esta segunda década del siglo se destinó a la generación de conciencia de que no es posible la convivencia sin el desarrollo de la cultura del respeto y reconocimiento de la diversidad cultural y la profunda necesidad del diálogo como individuos que compartimos recursos. La búsqueda del entendimiento, la cooperación y la paz a través del respeto a la diversidad cultural y el fomento del diálogo intercultural fueron los ejes de este segundo periodo. Puso el broche de oro a esta segunda etapa la denominación por la Asamblea General de las Naciones Unidas al año 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal instando a los pueblos a reconocer la importancia de cuidar los entornos naturales y sensibilizar sobre cómo la sanidad vegetal ayuda a erradicar el hambre, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente.
La Educación para la Paz se fundamenta en una visión integral del ser humano, promoviendo valores específicos y buscando la transformación social a través de un proceso educativo crítico y orientado a la acción (Cabezudo, 2013; Fisas, 2011). Se fundamenta en valores como la cooperación, solidaridad, justicia, respeto, amor, comprensión, libertad y autonomía (Tuvilla Rayo, 2004), la aceptación y el aprecio a las diferencias (Banks, 2008).
Estos valores se contraponen a aquellos que son contrarios a la paz, como la discriminación, intolerancia, violencia, etnocentrismo, indiferencia y conformismo (Fisas, 2011). O con los discursos que en estas últimas semanas estamos presenciando en el Consejo de Europa cuando se habla claramente de rearme con tanques y buques de guerra en las naciones y se apela a mejora de la seguridad y capacidades de defensa de los pueblos, o lo que es lo mismo, que nos preparemos para la guerra. La tragedia humana que define la guerra es innegable y no puede dulcificarse detrás de discursos que abogan por la seguridad propia o del cambio climático. Entre otros motivos porque las cifras, aunque desgraciadamente varían día a día, son devastadoras.
De acuerdo a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) se han producido más de 30.000 víctimas civiles en Ucrania y seis millones de refugiados desde el inicio del conflicto. Cifra de víctimas que está subestimada dado que solo incluye muertes confirmadas a través de visitas de campo limitadas, entrevistas o documentación fiable, como registros forenses o datos médicos. De acuerdo con las estimaciones del gobierno ucraniano y de los servicios de inteligencia occidentales los cadáveres superan los 600.000 rusos y 480.000 ucranianos. Por no hablar de las pérdidas humanas que se dan en el resto de territorios en conflicto como Burkina Faso, Somalia, Sudán, Yemen, Myanmar, Nigeria y Siria.
Las escuelas son el reflejo de la sociedad, y aunque es evidente que no podemos referirnos a estas escuelas que están siendo asediadas o destruidas sí parece que es el momento idóneo para llevar al resto de aulas los numerosos ejemplos de acciones educativas que apuestan por la paz, el respeto a la diversidad o la justicia. Quizá la organización que más especializada está en la Educación para la Paz, es la Fundación Cultura de Paz (https://fund-culturadepaz.org/). Se trata de una entidad que organiza numerosas actividades para promover la educación para todos durante toda la vida, que desarrollen valores, aptitudes y capacidades que favorezcan una cultura de paz mediante la promoción del diálogo y la prevención y transformación pacífica de los conflictos. Se trata de proyectos1 dirigidos a todas las edades, desde infantil a adultos, y que abordan los fundamentos epistemológicos sobre los que se sostiene la Educación para la Paz:
- La concepción del ser humano como un ser creador y capaz de transformar su realidad (Freire, 2005).
- La necesidad de desarrollar una perspectiva crítica de la realidad y la búsqueda de soluciones pacíficas a los conflictos (Galtung, 1996).
- La llamada a provocar cambios profundos de valores socioculturales enraizados a favor de la convivencia entre culturas (Fisas, 2011).
Por ejemplo, el Proyecto “Música por la paz” que, bajo un enfoque internacional, busca contribuir a la promoción de la Cultura de Paz mediante la creación de una red de personalidades, músicos, orquestras, grupos musicales y coros, etc. que, unidos en la diversidad, aúnen a la gran mayoría de personas que rechazan el extremismo y la violencia y que desean vivir en un marco global de paz y justicia. También, el proyecto “Energía de paz” que busca concienciar acerca de la importancia de las políticas de transformación energética y sus vínculos con la construcción de paz, la mejora de la sociedad y la profundización de la participación democrática. O el “Documental 56 “de Proyecto Willka en el que a través del repaso a la vida de tres niños con realidades difíciles y distintas se invita a la reflexión acerca de aspectos tan difíciles como reales como son el trabajo infantil, la dificultad de conseguir comida y de poder ir a la escuela. Tres ejemplos de acciones que buscan la transformación social a través de un proceso educativo crítico y orientado a la acción (Cabezudo, 2013; Fisas, 2011).
La Educación para la Paz es un contenido de urgente necesidad en la escuela, que los acontecimientos actuales sean analizados para despertar y construir conciencias críticas. Los contenidos y los valores que defiende van más allá de la escuela, con un aspecto clave: lo opuesto a la paz es la guerra, y hablar de guerra es hablar de muerte, destrucción, pobreza y marginación.
Hoy más que nunca, Educación para la Paz
Referencias
Banks, J. A. (2008). Diversity, group identity, and citizenship education in a global age. Educational Researcher, 37(3), 129-139.
Cabezudo, A. (2013). Acerca de una educación para la paz, los derechos humanos y el desarme: desafío pedagógico de nuestro tiempo. Educação, 36(1), 44-49.
Fisas, V. (2011). Educar para una cultura de paz. Quaderns de construcció de pau, 20, 7-24.
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
Galtung, J. (1996). Peace by peaceful means: Peace and conflict, development and civilization. SAGE Publications.
Mayor Zaragoza, F. (2003). Educación para la paz. Educación XX1, 6(1), 17-24.
Tuvilla Rayo, J. (2004). Cultura de paz: Fundamentos y claves educativas. Desclée de Brouwer.
Pie
1 Consulta los proyectos de la Fundación Cultura de Paz en https://fund-culturadepaz.org/investigacion-educacion-para-la-paz/