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En el aula hablamos de normas, convivencia, derechos y límites al poder. En la pantalla, estos días, el mundo ha dicho otra cosa: “si puedes, haces”.
La primera lección no la da un profesor: la da el telediario
Estados Unidos ejecutó una operación militar en territorio venezolano, capturó por la fuerza a Nicolás Maduro y lo trasladó a Nueva York, donde quedó encarcelado a disposición de un tribunal. Washington lo presenta como “arresto” y como paso para “dirigir” una transición.
Según el derecho internacional, el uso de la fuerza en territorio ajeno está prohibido salvo autorización del Consejo de Seguridad o legítima defensa. No existe un “derecho general” a detener unilateralmente en otro Estado y rige la inviolabilidad e inmunidad del jefe de Estado en ejercicio.
Resultado: para un estudiante, esto no suena a diplomacia: suena a hechos consumados.
El debate te mete en una jaula: “o dictador o intervención”
La discusión se plantea como test de pureza: si condenas la operación, “blanqueas” a Maduro; si no la condenas, “blanqueas” la intervención. Ese marco obliga a elegir bando. Pero el debate real no es “Maduro sí/no”. Es si aceptamos que un Estado puede entrar por la fuerza en otro, capturar a su dirigente y juzgarlo. Es si queremos reglas comunes o la ley del más fuerte.
Resultado: te hacen discutir el desenlace, pero lo que está en juego es la norma que queda para el futuro.
La posición institucional española es correcta y necesaria
Defender el derecho internacional frente a una operación unilateral es sensato y necesario; y no un argumento jurídico: también es dignidad y bienestar del conjunto de la población, derechos sociales, igualdad de oportunidades y futuro para la gente común, con seguridad y horizonte para todos.
Resultado: defender reglas es defender el bienestar común, no bandos.
Cuando se celebra el método, se transmite una mala lección democrática
La frase “cayó el dictador, por tanto todo está bien” instala una idea peligrosa: todo vale si el final gusta. Así, la democracia deja de ser un procedimiento con garantías.
Resultado: si el método da igual, la ley acaba siendo decoración.
La épica maximalista suena fuerte… y suele ser impotente
Romper con EE. UU. Como algunos partidos exigen puede dar perfil y titulares, pero sin aliados ni palancas no mejora la vida de la gente: solo sube el volumen.
Resultado: la política exterior útil no es gritar más. Es tener instrumentos y un plan.
Bernie Sanders señala la clave democrática: frenos y control parlamentario
Sanders, miembro destacado del Partido Demócrata de EE.UU., pidió activar una War Powers resolution: que el Congreso fuerce el fin de una acción militar no autorizada y recupere el control sobre el uso de la fuerza. Es preciso condenar la represión y condenar la intervención unilateral.
Resultado: se puede rechazar una dictadura sin legitimar una violación del derecho internacional.
Contexto: Puntofijo, cuando la estabilidad puede volverse jaula
El Pacto de Puntofijo (1958) buscó blindar la democracia tras la dictadura: aceptar los resultados y reducir la tentación golpista. Funcionó mientras la renta petrolera permitió repartir y sostener políticas públicas; cuando el margen se estrechó, crecieron el clientelismo, los partidos políticos cerrados y la distancia con la vida cotidiana.
Resultado: un pacto político funciona mientras el contrato social no se rompe por abajo.
Caracazo: cuando el Estado dispara, la legitimidad se rompe
En 1989 estalla la protesta social y la represión deja un saldo oficial de 276 muertos, además de heridos y desapariciones. Ahí se quiebra algo fundamental: la democracia deja de sentirse como protección.
Resultado: cuando la democracia no protege a sus ciudadanos, la sociedad busca salidas peligrosas.
Chávez: respuesta social… y atajo peligroso
Chávez capitaliza un malestar real (exclusión, corrupción, ascensor social roto), pero conviene evitar el mito: en 1992 encabezó un intento de golpe. Años después llegó a la presidencia por vía electoral (1998), con un mandato popular amplio. Y, ya en el poder –sin negar avances sociales en determinados periodos–, fue concentrando autoridad y debilitando contrapesos institucionales, alimentando una polarización que dejó menos espacio para la alternancia y el pluralismo.
Resultado: los atajos se presentan como remedio… y a menudo se vuelven sistema.
Maduro: autoritarismo de supervivencia, con la población atrapada
Con Maduro el régimen se hace mas autoritario y crecen la represión, el deterioro institucional, la manipulación electoral y el coste humano. Y aquí conviene repetirlo: que un régimen sea autoritario no convierte automáticamente en legítimo cualquier método para derribarlo.
Resultado: la salida importa tanto como el final, porque luego hay que reconstruir país, instituciones y convivencia.
Monroe y la lógica de la esfera de influencia
La Doctrina Monroe (1823) formuló el “hemisferio occidental” como esfera preferente de Estados Unidos: “América para los americanos”. Esa lógica reaparece hoy de forma recurrente.
Resultado: cuando se normalizan “esferas” de influencia y dominio, el derecho se encoge.
Memoria histórica de intervenciones
Chile, Argentina, Nicaragua, Granada, Panamá: décadas de intervenciones directas o indirectas justificadas como “orden” o “seguridad”; de ahí las menciones a Noriega y Panamá captura + traslado + juicio.
Resultado: los precedentes importan. Lo que hoy se justifica, mañana ocurre de nuevo.
Geopolítica 2026: petróleo y competencia, China incluida
El petróleo aparece en el relato de Washington. China es actor estructural en Sudamérica: segundo socio comercial regional, principal socio de Brasil desde 2009, e inversor relevante en energía. minería e infraestructuras; en Venezuela su papel como acreedor e inversor en el sector petrolero pesa directamente en cualquier día después.
Resultado: cuando el tablero se vuelve geoestratégico y se mezclan energía, hegemonía y competencia global los principios quedan en segundo plano… y por eso son más necesarios.
La contradicción trumpista: incentivos internos, política-espectáculo
En año electoral, una demostración de fuerza exterior puede funcionar ante la falta de resultados internos. Trump prometió menos intervención exterior y más bienestar en casa, lo contrario de lo que está corriendo: en diciembre de 2025 su aprobación fue del 39%, su valoración en economía y coste de vida del 33% y 27%, y el paro juvenil (16-24 años) superó el 10%.
Resultado: cuando la política se vuelve espectáculo, la coherencia estorba y el atajo se impone.
Entonces, ¿qué alternativa real hay?
Entre “dictadura” e “intervención” hay una tercera vía: reglas + protección civil + presión eficaz.
- Presión multilateral coordinada (UE, ONU…) y hoja de ruta verificable.
- Sanciones selectivas a élites y redes corruptas (no castigo indiscriminado).
- Incentivos condicionados: pasos verificables a cambio de medidas verificables.
- Garantías electorales y de derechos humanos: observación, presos, protección de sociedad civil.
Resultado: sin instituciones y garantías, no hay transición; solo cambia el uniforme del poder.
Como casi todo en política, esto no va de blanco o negro, sino de grises: hechos, reglas y consecuencias. Para no simplificarlo hasta el error, bastan tres reglas.
- Primera: el método importa; sin garantías no hay democracia, aunque el objetivo parezca justo.
- Segunda: sin normas para los fuertes, el derecho se vuelve selectivo y los débiles quedan a merced del poder.
- Tercera: entre la resignación ante un régimen autoritario y el atajo unilateral existe una vía exigente pero realista: presión multilateral, sanciones selectivas y protección de la población civil.
Solo así la política deja de ser propaganda y vuelve a ser responsabilidad.
Porque al final no se decide solo Venezuela: se decide si educamos para una ciudadanía con derechos… o para la resignación ante la ley del más fuerte.

