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Recientemente el centro que tengo el honor de dirigir, el IES San Benito de Tenerife, ha renovado su compromiso como Centro Referente en Educación en Derechos de Infancia. El segundo nivel de consolidación que hemos alcanzado de este importante distintivo que da UNICEF es un logro que expresa la madurez de un proyecto educativo que lleva años construyéndose desde la convicción de que la escuela debe ser un espacio donde los derechos no se expliquen únicamente: deben vivirse.
Este avance no es fruto de una acción puntual, sino de un trabajo colectivo que observo día a día en mis años de equipo directivo, y que ha impregnado la vida del centro, desde la planificación institucional hasta la convivencia cotidiana.
Ejes del proyecto educativo
Nuestro consejo escolar siempre ha defendido que el centro sea un espacio de convivencia democrático, participativo, sostenible y profundamente respetuoso con los derechos de la infancia. Y así figura en nuestro proyecto educativo. Ese marco de valores ha guiado cada paso que nos ha traído hasta aquí.
Uno de los pilares de este reconocimiento es la apuesta por el aprendizaje crítico, que compartimos con UNICEF. En un contexto saturado de información, donde la desinformación y los discursos polarizados afectan directamente a la convivencia democrática, el centro ha reforzado su vinculación con la alfabetización mediática y el pensamiento riguroso.
El Plan Lector, la radio escolar, el periódico Pasillos y nuestro trabajo en el Eje de Comunicación Lingüística de la Consejería de Educación han permitido que el alumnado desarrolle competencias para contrastar fuentes, argumentar con solidez y comprender la complejidad del mundo. En nuestro proyecto educativo precisamente se afirma que “hay que trabajar con esmero las habilidades comunicativas”; esa convicción se traduce en prácticas que fomentan la autonomía intelectual y la responsabilidad ciudadana.
El reconocimiento también pone en valor la creación de un entorno protector. En el IES San Benito entendemos que la educación solo puede darse plenamente cuando el alumnado se siente seguro, respetado y acompañado. Por eso hemos reforzado los mecanismos de prevención y actuación frente al acoso escolar, la violencia y cualquier forma de discriminación.
El Plan de Convivencia (renovado este año a partir de encuestas hechas a toda la comunidad escolar), el Protocolo de Acompañamiento al Alumnado Trans*, la labor del Equipo de Gestión de la Convivencia y la formación en bienestar digital han consolidado una cultura escolar basada en el respeto, la empatía y la reparación.
La escuela educa para la diversidad, para combatir el acoso por motivos de orientación sexual o identidad de género y rechazar toda forma de violencia explícita o estructural. Este enfoque se ha convertido en otra seña de identidad del centro.
La participación infantil y adolescente es otro de los ejes fundamentales del reconocimiento. En el IES San Benito no se concibe como un mero requisito, sino como una forma de entender la vida escolar. El alumnado participa activamente en la toma de decisiones a través de la junta de delegados, los comités de convivencia, el impulso del asociacionismo juvenil, la radio y las actividades de dinamización de recreos. Esta participación no solo mejora la convivencia, sino que fortalece el sentido de pertenencia y la responsabilidad colectiva. Nuestra meta compartida es tener un centro en el que todos puedan aportar y sentirse parte del proyecto común.
Un jardín que enseña
La sostenibilidad y el compromiso con el entorno son elementos esenciales de nuestra identidad. En este sentido, el Jardín Botánico del IES San Benito ocupa un lugar especial. Este espacio, que cumple 40 años de historia, es mucho más que un conjunto de especies vegetales: es un aula viva, un laboratorio natural y un símbolo de la relación entre educación y territorio.
Desde su creación en 1986, pasando por su rehabilitación en 2017‑2018 con el empuje de nuestra entrañable compañera Ana Luisa, hasta su reciente reconocimiento como Museo Escolar de Canarias, el jardín ha sido un espacio donde el alumnado aprende botánica, biodiversidad y cuidado del medio ambiente. Su existencia encarna uno de los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño: el respeto al entorno natural y la responsabilidad hacia el planeta.
Este reconocimiento de UNICEF también exige que los centros integren los derechos de la infancia en sus documentos institucionales, en su programación anual y en su cultura organizativa. Pero ello no nos añade capas burocráticas, sino que nos ayuda a orientar la vida escolar hacia una educación que forme personas capaces de convivir, participar, pensar críticamente y comprometerse con su entorno.
Ser Centro Referente en Educación en Derechos de Infancia no es un punto de llegada, sino un impulso para seguir avanzando. Este reconocimiento nos anima a profundizar en la formación del profesorado, en la participación de las familias, en la mejora de los espacios, en la innovación pedagógica y en la construcción de una cultura escolar que sitúe a la infancia en el eje central. Ser centro referente nos ayuda a seguir aspirando a una formación plena, más humana y más social, que prepare a nuestro alumnado para vivir en un mundo diverso y cambiante.
Celebramos este logro como comunidad educativa y animamos a otras escuelas a sumarse a este proyecto común. Somos centro referente de UNICEF con orgullo, pero también con la responsabilidad de seguir construyendo un instituto donde los derechos de la infancia sean práctica cotidiana. Una escuela donde cada estudiante encuentre su lugar seguro, participativo, crítico, inclusivo y sostenible. Un centro donde, como nuestro jardín botánico, la educación sea ese ansiado espacio de crecimiento de cuidado y de plenitud vital.

