Hemos asistido, en estos últimos meses, a un estallido del malestar docente manifestado por distintas razones. El fondo, sin embargo, es el mismo: la situación insostenible de la profesión. El malestar docente es un fenómeno que ya en la década de 1980 algunos estudios venían detectando en forma de erosión o de desgaste profesional (Prats 2023).
Actualmente, este desgaste se está detectando en un estrés laboral acusado que, si no se trata adecuadamente, suele derivar en desaliento y termina en desafección. A la larga, todo ello se traduce en abandono profesional. Aunque en España la intención de dejar la docencia es relativamente baja, los datos de estrés empiezan a ser preocupantes. El debate, pues, viene de lejos e informes recientes apuntan hacia el bienestar docente como piedra de toque para empezar a superar la situación (Viac & Fraser 2020).
Visión internacional
Una mirada internacional nos la ofrece el informe TALIS 2025 de la OCDE, con datos que permiten comprender cómo viven los docentes su profesión (OCDE 2025). Aunque el estudio está basado en percepciones y, por ello, debe usarse con cautela y complementándolo con datos, identifica tendencias generales que cabe analizar con detalle.
En síntesis, el contexto global del informe muestra una creciente dificultad para atraer y retener profesorado, con signos de desgaste, aumento del estrés y abandono profesional. Sin embargo, también emerge una paradoja: los docentes declaran altos niveles de satisfacción con su profesión, sobre todo en España, porque les aporta algunas recompensas, como asistir al crecimiento personal de niños y jóvenes, acompañar en el logro de aprendizajes instrumentales en condiciones complicadas y, para los más idealistas, contribuir en la transformación de la sociedad.
Un profesorado motivado y comprometido tiende a aplicar mejores prácticas pedagógicas, mientras que un desgaste prolongado reduce la capacidad de innovación
Esa paradoja, entre un acusado crecimiento del estrés y una elevada satisfacción sostenida en el tiempo, refleja problemas estructurales del sistema educativo que afectan a la calidad de la docencia. Así, debe entenderse que un profesorado motivado y comprometido tiende a aplicar mejores prácticas pedagógicas, mientras que un desgaste prolongado reduce la capacidad de innovación, las expectativas sobre el alumnado y la eficacia en el aula.
Además, como la satisfacción no es solo una cuestión individual, sino colectiva y estructural, esta situación compromete la sostenibilidad futura de la profesión, ya que disminuye su atractivo y dificulta el relevo generacional, generando un efecto de huida hacia otros sectores más sugestivos en términos materiales e inmateriales.
La atracción y retención de docentes aparece, pues, como una de las consecuencias directas de este malestar, puesto que lanza un mensaje preocupante a la sociedad acerca de una profesión en entredicho.
Así, la UNESCO estima que serán necesarios 44 millones de nuevos docentes para cubrir las necesidades educativas globales de aquí a 2030 (UNESCO 2025). Este déficit afecta tanto a países en desarrollo como a economías avanzadas, especialmente en determinadas materias y en entornos socialmente desfavorecidos. Sin embargo, el estudio del abandono docente adolece de falta de indicadores homogéneos y fiables para medir el fenómeno, lo que dificulta un diagnóstico preciso que permita tomar decisiones certeras (Di Pietro 2023).
Un rápido diagnóstico
Lo que muestran los datos de TALIS es que más del 90% del profesorado se siente satisfecho con su trabajo y que la intención de abandono es relativamente baja. Sin embargo, como se ha mencionado, alrededor de la mitad declara experimentar un significativo nivel de estrés, que ha aumentado notablemente en los últimos años, y uno de cada cinco reconoce que ello impacta en su salud mental.
Las principales fuentes de estrés son la burocracia, los cambios legislativos y curriculares, la sobrecarga de evaluaciones, la disciplina en el aula, la relación con las familias y la responsabilidad sobre el rendimiento y el bienestar emocional del alumnado. Estas tareas generan una percepción de exceso de trabajo y de desgaste, a las que se añaden la atención a la diversidad o la necesidad de adaptarse constantemente a las dinámicas sociales, como la inmigración o la atención a alumnos con necesidades educativas específicas.
Los datos también muestran algunas de las características del profesorado actual: profesión envejecida, especialmente en secundaria, y una presencia relevante de docentes con experiencia previa en otros sectores, lo que indicaría un cierto atractivo de la docencia en tanto que nicho laboral de refugio, principalmente en épocas de crisis.
Por esta razón, en tanto que profesión refugio, el abandono docente no resulta todavía un problema en España, aunque de un tiempo a esta parte empieza a ser visible la escasez de profesorado en varias especialidades o etapas y en contextos vulnerables, algo que afecta a la equidad del sistema: los centros situados en estos contextos son los más afectados por la rotación de profesorado y la falta de estabilidad, lo que perjudica especialmente al alumnado que más apoyo necesita.
Parecen evidentes las causas del malestar docente vinculadas a los recortes económicos que durante décadas ha sufrido un sistema educativo que ya venía siendo frágil, con un incremento de la burocratización, y principalmente con una tensión constante entre eficiencia y equidad que debe resolver el profesorado: por un lado, la presión por alcanzar excelentes resultados académicos, un déficit que informes como PISA suelen recordarnos cada tres años; por otro lado, la comprometida obligación de una escuela inclusiva que aspira a no dejar a nadie atrás.
Cabría añadir causas algo más profundas, producidas por cambios culturales en sociedades dinámicas y abiertas, que terminan afectando a la autoridad docente e incluso al papel de la escuela en una sociedad que da prioridad a la felicidad de la ignorancia o al deseo de no saber (Lilla, 2026). E incluso no descartemos la relación del malestar docente con las tendencias globales de aumento general del estrés en una sociedad altamente tensionada (Gallup 2025).
Acerca de la gestión del malestar
No existe una solución fácil y simple a este problema complejo. El malestar es el resultado de restar los recursos o fortalezas que tienen esa profesión de las demandas que se le exigen: por un lado, la autosatisfacción percibida por los mismos profesionales, la colaboración entre docentes, la autonomía en la toma de decisiones, el equilibrio físico y mental, el potencial cognitivo, y el apoyo social y laboral que encuentra en su entorno, como colegas y administraciones, son aspectos positivos.
Todo ello puede verse anulado por el exceso de carga laboral, los ambientes disruptivos en el lugar de trabajo (pensemos en la situación de muchas aulas) o las barreras al desarrollo de la carrera profesional, que en el caso de España tiene un carácter plano, sin incentivos ni atractivos laterales (Bakker y Demerouti, 2007; Schaufeli y Taris, 2014).
La investigación recuerda la necesidad de reforzar actuaciones preventivas en el terreno organizativo de la escuela para favorecer la salud mental
En consecuencia, cuando la balanza se inclina hacia demandas intensas y recursos insuficientes, aumentaría el estrés y la insatisfacción. En este sentido, la investigación recuerda la necesidad de reforzar actuaciones preventivas en el terreno organizativo de la escuela para favorecer la salud mental docente, así como la importancia de centrar la solución en los procesos laborales y en las condiciones de trabajo (Quick et al., 1998).
Sin duda, la satisfacción docente depende también de las condiciones institucionales y de la canalización adecuada de demandas sociales que sobrepasan el ámbito estrictamente escolar, como las políticas de vivienda o el uso social de la inteligencia artificial y las tecnologías.
El bienestar se incrementa cuando se percibe una autonomía docente real, sin cortapisas. Los entornos profesionales basados en la cooperación, el liderazgo distribuido y la participación en la toma de decisiones mejoran el clima laboral y reducen el estrés. Para ello, es necesario reducir la burocracia, profesionalizar tareas administrativas, potenciar culturas organizativas más abiertas y participativas, optimizar a la baja las ratios de alumnos y ampliar el abanico de profesiones educativas en escuelas e institutos.
Por último, sería importante establecer marcos claros de expectativas y evaluación docente con sistemas coherentes, estables y transparentes que puedan generar mayor seguridad y compromiso. La evaluación docente debe orientarse a la mejora profesional, mediante procesos formativos y de coevaluación entre iguales, evitando enfoques punitivos, pero que tampoco condenen a los que más dedicación muestran.
El bienestar docente no depende únicamente de la vocación individual, sino de las condiciones estructurales en las que se desarrolla la profesión. Mejorar estas condiciones es la pieza clave para garantizar la calidad educativa, la equidad y la sostenibilidad del sistema.
Referencias
Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2007). The Job Demands‐Resources model: State of the art. Journal of Managerial Psychology, 22(3), 309-328. https://doi.org/10.1108/02683940710733115
Di Pietro, G. (Ed.). (2023). Indicators for monitoring teacher shortage in the European Union: Possibilities and constraints. European Commission. Publications Office. https://doi.org/10.2760/874479
Gallup. (2025). State of the World’s Emotional Health. Gallup.
Lilla, Mark (2026) Ignorancia y felicidad. Sobre el deseo de no saber. Penguin Random House.
OCDE (2025). Informe TALIS 2025. París: OECD Publishing.
Prats, E. (2023). Una «nueva» erosión docente en la época digital y global. En J. M. Valle & M. Matarranz (Eds.), Discursos supranacionales y estudios comparados sobre la profesionalización docente (pp. 190-213). Dykinson.
Quick, J. D., Quick, J. C., & Nelson, D. L. (1998). The Theory of Preventive Stress Management in Organizations | Theories of Organizational Stress. En C. L. Cooper (Ed.), Theories of Organizational Stress. Oxford University Press. https://academic.oup.com/book/52481/chapter-abstract/421376414?redirectedFrom=fulltext
Schaufeli, W. B., & Taris, T. W. (2014). A Critical Review of the Job Demands-Resources Model: Implications for Improving Work and Health. En G. F. Bauer & O. Hämmig (Ed.), Bridging Occupational, Organizational and Public Health: A Transdisciplinary Approach (p. 43-68). Springer Netherlands. https://doi.org/10.1007/978-94-007-5640-3_4
UNESCO. (2025). Informe mundial sobre el personal docente: Afrontar la escasez de docentes y transformar la profesión. UNESCO. https://doi.org/10.54675/DMNB3339
Viac, C., & Fraser, P. (2020). Teachers’ well-being: A framework for data collection and analysis (OECD Education Working Papers No. 213). OCDE. https://www.oecd.org/en/publications/teachers-well-being_c36fc9d3-en.html

