Vivimos en una sociedad con comportamientos sedentarios: la mayoría de trabajos son poco físicos y requieren pasar más tiempo sentados o pendientes de una pantalla que en movimiento; gran parte del tiempo de ocio lo pasamos mirando la televisión o haciendo un uso excesivo de dispositivos electrónicos, y somos muchos los que nos desplazamos de casa al trabajo en coche o en transporte público, pero pocas veces caminando o en bicicleta. Este día a día hace que, en general, nos movamos poco. Según datos del Eurobarómetro de la Comisión Europea de 2026, el 39 % de la sociedad española no realiza ningún tipo de deporte o actividad física. Aunque este porcentaje es algo inferior al de hace cuatro años (45 %), sigue habiendo un grueso considerable de población que no hace nada de ejercicio.
El sedentarismo puede hacer aflorar o agravar algunos problemas de salud, como enfermedades cardiovasculares, sobrepeso y obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2 o trastornos de salud mental. Y según la OMS, cada año podrían evitarse entre cuatro y cinco millones de muertes en el mundo si todas las personas se mantuvieran físicamente más activas. Ante este escenario, algunos médicos y médicas de familia reclaman prescribir ejercicio físico en las consultas de atención primaria.
La médica Montserrat Romaguera, especialista en Medicina Familiar y Deportiva, es una de ellas. Hace un par de años escribió el libro La meva metgessa m’engega a passeig. Activitat Física low cost con el objetivo de motivar a sus pacientes a incorporar la actividad física saludable en su día a día y mejorar su calidad de vida, y ganó el premio Jaume Aiguader i Miró 2024, otorgado por la Acadèmia de Ciències Mèdiques i de la Salut de Catalunya i de Balears. Romaguera asegura que «la actividad física aporta siempre algún beneficio, a cualquier edad e independientemente de las patologías o discapacidades que se tengan». La médica destaca que aquellas personas que no hayan hecho nada hasta ahora no necesitan apuntarse a un gimnasio para dejarlo dos meses más tarde: «Es más importante empezar a activarnos y que haya una continuidad en el tiempo», dice.
Según el estado de salud de la persona, sus preferencias, el tiempo y el entorno del lugar donde vive, las experiencias previas, etc., se podría recomendar un tipo de actividad u otro. «No todo el mundo tiene que hacer lo mismo —destaca Romaguera—. Por ejemplo, en el Pirineo prácticamente no hay piscinas cubiertas; por lo tanto, recomendar aquagym no sería una buena opción, pero quizá hay alternativas que en otros lugares no hay. En las consultas conocemos los recursos de la comunidad, es un plus de la atención primaria». Y añade que, siempre que se puede, aconseja hacer actividades dirigidas o supervisadas, «porque hay un seguimiento individualizado, una prevención de riesgos, se adapta la actividad al nivel de forma de la persona y hay una socialización, que también es importante», añade.
Montserrat Romaguera también apunta que, con la edad, se pierde masa muscular y se debilitan los huesos del cuerpo. En este sentido, a las personas mayores les recomienda realizar ejercicios de fuerza y de equilibrio para prevenir las caídas. De todos modos, incide en que «fuerza no quiere decir culturismo. Sirven pequeños ejercicios con bandas elásticas de goma, pero hay que enseñar a hacerlos, porque si no haces bien la técnica, te podrías lesionar. Los ejercicios de fuerza contrarrestan esta pérdida fisiológica, y no debemos olvidar que vivimos en uno de los países donde hay más envejecimiento y más esperanza de vida». En cuanto al hábito de caminar, la médica considera que «no hace falta alcanzar ese número tan mediático de los 10.000 pasos; a partir de los 4.000 ya está muy bien».
De la recomendación a la prescripción
Numerosos estudios han demostrado desde hace años los beneficios que tiene sobre la salud realizar actividad física regularmente. Algunos son ampliamente conocidos, como que mejora la fuerza, la agilidad y la flexibilidad; ayuda a controlar el peso y mejora la densidad ósea y la salud mental —disminuyendo el estrés, la ansiedad y la depresión—, y contribuye a prevenir y a controlar enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes tipo 2, el cáncer de mama y de colon, y las demencias. En el ámbito social, el ejercicio físico incrementa la calidad y la esperanza de vida, fomenta la cohesión y genera valores positivos como la constancia y la cooperación.
Aun así, todavía son pocos los facultativos que en la consulta «prescriben» esta medicina tan beneficiosa. Los motivos podrían encontrarse en la falta de protocolos claros y de conocimiento sobre cómo indicar el ejercicio de manera adecuada, las dudas sobre la capacidad del paciente para cambiar sus hábitos o la falta de tiempo en las consultas y la tendencia a derivar esta responsabilidad a otros profesionales, como los fisioterapeutas o las enfermeras. Romaguera, en cambio, es de la opinión de que la prescripción de ejercicio físico debe ir más allá de la simple recomendación y de que deberían seguirse los mismos criterios de precisión que se aplican en la prescripción de medicamentos: establecer la dosis adecuada, la frecuencia, la duración y el objetivo terapéutico, adaptados a cada paciente. «Cuando hablamos de recomendación, el mensaje queda demasiado genérico y difuso. La prescripción, en cambio, da claridad, seguridad y seguimiento, y aumenta las posibilidades de que la persona incorpore la actividad física a su vida cotidiana», puntualiza la médica.
Romaguera ya empezó a trabajar en esta línea hace 25 años, cuando fundó la Societat Catalana d’Exercici i Salut con un grupo multidisciplinar de profesionales que incluía médicos de familia, médicos del deporte, enfermeros, fisioterapeutas y licenciados en lo que antes se llamaba INEF: «Lo teníamos clarísimo, hay suficiente evidencia —y la Organización Mundial de la Salud también lo dice— de que la actividad física tiene muchos beneficios para la salud, más de un centenar», afirma. En este sentido, la médica reivindica un cambio de modelo que incorpore guías clínicas de prescripción de ejercicio, formación específica para profesionales y un abordaje transdisciplinar, en el que médicos, enfermeras, fisioterapeutas y otros especialistas trabajen conjuntamente.
Obesidad infantil
En los últimos años, la prevalencia de niños y adolescentes de 5 a 19 años con exceso de peso muestra una tendencia creciente, y la obesidad infantil ya se considera un problema de salud pública. Según datos de la Encuesta de Salud de Cataluña de 2023, en Cataluña uno de cada tres niños y niñas de entre 6 y 12 años (33,9 %) tiene exceso de peso (sobrepeso u obesidad). En la mayoría de casos, los determinantes sociales y el estilo de vida tienen mucho que ver.
Montserrat Romaguera, que también coordina el grupo de trabajo de Ejercicio Físico y Salud de la CAMFiC, alerta de que «tenemos los terceros niños más obesos de toda Europa, mientras que países como Finlandia o Dinamarca, donde hay un clima bastante peor, tienen la mitad de niños obesos que España». La médica añade que «esta obesidad infantil nos está trayendo una generación que vivirá menos años que sus padres y, sobre todo, con peor calidad de vida». Y se explica: «Un niño obeso será un adulto con una comorbilidad importante e implicará un gran gasto farmacéutico y sanitario». La profesional de medicina familiar y comunitaria reclama más sensibilidad y motivación por parte de médicos, escuelas y familias para cambiar los hábitos e intentar revertir la situación con una mejora del estilo de vida.
Vivir más y mejor
¿Cuántos infartos ahorra la práctica regular de actividad física? ¿Cómo mejora la calidad de vida de las personas? La respuesta a estas preguntas no suele salir en los medios de comunicación, pero sí encontramos noticias sobre cuántos rescates de excursionistas desorientados han realizado los bomberos o cuántos atropellos de ciclistas se han producido en las carreteras. En este contexto, Montserrat Romaguera apuesta por cambiar el relato y explicar también cuántas personas con fibromialgia mejoran haciendo aquagym o cómo pueden llevar una vida absolutamente normal aquellas personas que han sufrido un infarto gracias a una buena rehabilitación cardíaca… «Tenemos que vender salud, y con pequeñas modificaciones del estilo de vida viviremos más y viviremos mejor», asegura Romaguera.
En esta misma línea, la médica se muestra convencida de que, con la incorporación del ejercicio de manera regular, habrá patologías que seguramente se retrasarán. Y pone como ejemplo a una persona que pide cita porque le duele la rodilla; Romaguera explica que, si consigue perder un poquito de peso y reducir el dolor, este paciente no irá tanto a la consulta, no tendrá que tomar tantos fármacos, que tienen muchos efectos adversos además de un coste económico, posiblemente no tenga que coger tantas bajas y tendrá una buena calidad de vida.
Ante esta necesidad de prescripción de ejercicio, Romaguera también considera importante facilitar al máximo los desplazamientos en bicicleta, abrir vías poco contaminadas y que la gente pueda disfrutar, pasear, caminar. Tener en cuenta el urbanismo del entorno: «Le hemos dejado demasiado espacio al coche», apunta. Y hace una distinción curiosa: «La esperanza de vida más alta de Cataluña está en la Val d’Aran, el Pallars Sobirà y la Cerdanya. La media vive más años, y ninguno de estos lugares tiene un hospital de tercer nivel. De hecho, el Pallars Sobirà ni siquiera tiene hospital; su hospital de referencia es el de Tremp, que está en el Jussà. Hay muchos factores a tener en cuenta, pero la mayoría de la población ha tenido pocos hábitos tóxicos, ha comido bien, realiza trabajos bastante físicos y no ha tenido obesidad».
En esta línea de trabajo, el Departamento de Deportes y el Departamento de Salud de la Generalitat acordaron el pasado mes de mayo poner en marcha el Programa de Prescripción Deportiva para promover la actividad deportiva en personas que sufren enfermedades específicas, como la hipertensión arterial o la obesidad grave, que son factores de riesgo cardiovascular. En una primera fase, una cincuentena de equipos de atención primaria de 80 municipios catalanes participan en la puesta en marcha de este programa, que permite al profesional sanitario prescribir ejercicio físico en los circuitos de atención primaria de salud.
«Tenemos un entorno mediterráneo y un clima fantástico y, desde las consultas, tenemos que procurar que los pacientes vean que la actividad les aportará beneficios para la salud a nivel cardiovascular, de salud mental —menos ansiedad, depresión, insomnio, consumo de fármacos—, de salud ósea y de musculatura», concluye Romaguera.
La actividad física podría convertirse en una pastilla más de los pacientes con enfermedades crónicas y en una medicina preventiva que debería tomar toda la población. Esta medicación, sin embargo, no habrá que recogerla en la farmacia.

