Esta entrevista ha sido publicada en el Blog de l’educació local
El cambio climático ha hecho que suframos fenómenos climáticos como incendios, inundaciones y especialmente olas de calor de manera más frecuente y más extrema. ¿Qué impactos están teniendo estos hechos especialmente en los centros educativos?
En los centros educativos, lo que vemos que tiene un mayor impacto es el calor, porque no es un acontecimiento puntual de un día, como puede ser una lluvia torrencial. El calor en las aulas puede empezar ya en abril o en marzo, y quizá acabemos celebrando la castañada con camiseta de tirantes. Teniendo en cuenta que los niños y niñas pasan casi un tercio de su jornada diaria en los centros educativos, de lunes a viernes, llama la atención que no haya ningún tipo de legislación que regule la temperatura a la que deben estar. Y así como los centros están preparados históricamente para el frío, no ha habido una adaptación al calor. Hay estudios científicos que dicen que con una temperatura superior a los 26,7 grados el rendimiento académico baja y es acumulativo: cuantos más días estás expuesto a más calor, menor rendimiento académico tienes, por no hablar de cómo afecta a la salud.
¿Qué medidas se deberían tomar para adaptar los centros educativos?
Publicamos en mayo de este año con unas compañeras el informe Calor en la escuela para la Fundació Equitat, en el que hicimos un diagnóstico de lo preparados que estaban los centros educativos catalanes para el nuevo clima actual y proponíamos un plan de adaptación al calor.
Hay tres líneas de acción principales: mejorar las condiciones del edificio, acompañarlo de unos programas educativos en educación climática y transformar y renaturalizar espacios exteriores como los patios. En las escuelas infantiles está muy claro que el patio es un elemento educativo porque los niños y niñas salen, experimentan con la naturaleza y forma parte de su proceso de aprendizaje. Pero cuando llegamos a secundaria, el patio se convierte en un espacio gris y asfaltado. El patio también debe convertirse en un espacio educativo, pero para ello debe estar acondicionado de la misma manera que los espacios interiores.
Hay estudios científicos que dicen que con una temperatura superior a los 26,7 grados el rendimiento académico baja y es acumulativo cuantos más días pasen
Algunas medidas para adaptar los patios deben ser reducir el asfalto para reducir el efecto del calor, aumentar la vegetación, poner sombras naturales o artificiales, poner puntos de agua (hoy hay muchos centros educativos que no tienen ni una sola fuente para los niños y niñas) o crear espacios de convivencia con elementos naturales, como mesas, ágoras, etcétera. Esto ya se está haciendo en muchos municipios, especialmente en la ciudad de Barcelona a nivel de educación primaria, y debe hacerse también en secundaria. Por mucho que acondiciones el interior del edificio, si tienes una pista enorme asfaltada, aquello está captando el sol y te calienta también las paredes y el edificio.
Y más allá del patio, ¿hay otras medidas de adaptación que crees que un municipio debería tener en cuenta para adaptar el entorno de los centros?
Sí, hay que pensar en un continuo y pensar en la escuela como parte de un barrio. Si tienes el edificio acondicionado pero después a la salida tienes una calle como la Gran Vía, no sirve de nada porque el edificio acabará absorbiendo el calor que emana del tráfico. Hay que establecer un corredor alrededor de la escuela para garantizar entornos escolares seguros y verdes, esto es una medida que los ayuntamientos pueden tomar, al igual que caminos verdes y seguros. Parece que ya no podamos hacer nada y que tengamos que adaptarnos al aumento de las temperaturas, pero también se pueden tomar medidas de mitigación para poder dar marcha atrás y reducir la problemática.
Los ayuntamientos cuentan también con las competencias de gestión de diversos espacios educativos municipales, como centros de música, las escuelas de música o centros cívicos y deportivos. ¿Cuál debe ser su papel a la hora de impulsar estas medidas de adaptación y mitigación a las olas de calor?
Hay muchos centros educativos en suelo municipal. Por tanto, aquí, si los ayuntamientos tienen las competencias y el presupuesto, es importante que impulsen esta renaturalización de patios y de los entornos escolares que comentaba. Crear esta red de caminos verdes y seguros alrededor de los centros educativos y renaturalizar el entorno debería ser una prioridad. Hay muchos estudios científicos que demuestran que en un espacio verde la sensación de confort térmico es mucho mayor que en un espacio asfaltado.
En las escuelas infantiles está muy claro que el patio es un elemento educativo y forma parte del proceso de aprendizaje. Pero cuando llegamos a secundaria, se convierte en un espacio gris y asfaltado
Los municipios pueden asegurar también que, si tienen diversos equipamientos educativos, los niños y niñas puedan ir, por ejemplo, de la escuela a la biblioteca, por caminos con sombras, donde también podrían encontrarse espacios de juegos en la calle. O también conectarlo todo con una red de transporte público de calidad, que garantice que no tengamos que esperar mucho en una parada de autobús a pleno sol. Y todo esto debe ir acompañado de campañas de educación que den a conocer las intervenciones que se hacen y los espacios verdes abiertos para que los conozca la ciudadanía, especialmente las familias más vulnerables, para que puedan refugiarse del calor, socializar y educarse allí. Hay que pensar la ciudad desde esta perspectiva.
La educación climática que mencionas es otro del paquete de medidas que hay que tomar que consideras clave. De hecho, señalas en varios artículos que no debe desarrollarse ni desde el catastrofismo ni desde el «solucionismo» a corto plazo. ¿Cuál debería ser la perspectiva?
Tradicionalmente ha habido muchas campañas educativas que nos dicen «el mundo se acaba, acabaremos todos a 50 grados, ¿cómo lo haremos?». La educación no se puede entender sin la parte emocional y motivadora. Si se transmiten los mensajes y los contenidos desde una visión muy catastrofista, quien los está recibiendo, sean niños y niñas, adolescentes o adultos, pero sobre todo los adolescentes, que son quienes tienen las emociones más a flor de piel, pueden llegar a pensar que si aquí no hay solución, entonces ¿yo por qué me estoy esforzando en hacer nada? Los mensajes deben tener esperanza. Hay toda una pedagogía de la esperanza que defiende trabajar con miradas constructivas. Por ejemplo, hemos vencido otros retos previos relacionados con el medio ambiente, como el de reducir el agujero de la capa de ozono, que se ha conseguido gracias a acuerdos entre gobiernos y sector empresarial y al trabajo de la sociedad civil.
Si se hace una educación climática muy catastrofista, quien la recibe puede pensar: «Si no hay solución, ¿por qué me estoy esforzando?»
También desde los municipios se pueden pensar alternativas para cambiar hábitos de vida: si tienes una buena red de parques urbanos y de servicios lúdicos y educativos en tu pueblo o ciudad, quizá la ciudadanía no se marche cada fin de semana y coja el coche y contamine y haga desplazamientos, y pueda quedarse y disfrutar de su ciudad el fin de semana. Entonces, todo esto debe transmitirse desde esta mirada.
¿Hay ejemplos de medidas adaptativas o mitigadoras en espacios educativos que estén funcionando o que sean inspiradores en otros lugares y que puedan ser inspiradores para los municipios catalanes?
Sí, hay programas municipales en muchas ciudades europeas, pero también en Chile, México o en ciudades de Estados Unidos, que han transformado patios, han retirado asfalto y han añadido más espacios de sombra, juegos diversos y más vegetación en diferentes estratos que han servido para que, además de mejorar el confort térmico, sean núcleos de conectividad para la biodiversidad urbana. También es destacable que son espacios que aportan un montón de oportunidades de aprendizaje y de conexión con la naturaleza, que es otro de los derechos de los niños y niñas que viven en las ciudades y del que también debemos cuidar. Se ha demostrado que mejora el desarrollo físico y mental de los niños y niñas, y se crean espacios de convivencia con lugares para sentarse. Si lo miramos también con perspectiva de género, estas reconfiguraciones de los patios implican que un espacio que antes estaba en el centro, tradicionalmente ocupado por los niños y niñas que juegan al fútbol, a menudo más niños que niñas, ahora permite más la participación de todo el mundo. Por tanto, es importante que se dedique el presupuesto necesario para que los municipios hagan una apuesta decidida por estas transformaciones.

