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El dato no es bueno. El 10 % de las niñas, niños y adolescentes de seis a 16 años dicen tener depresión. Son resultados de la última oleada del estudio EMO-CHILD realizado en la Universidad Miguel Hernández de Elche.
Lo bueno es que mejora con respecto a la oleada que el mismo estudio realizó un año antes, en 2024. Además, hay que tener en cuenta que, según los datos que manejan quienes han realizado el estudio, si se observan los datos clínicamente significativos, el porcentaje baja hasta el 4,7 % de las y los chicos.
Los resultados de la tercera oleada del estudio EMO-CHILD (Emotional Disorders among Childhood) se publicaron el pasado mes de diciembre. Mireia Órgiles es su investigadora principal.
El estudio señala una clara relación entre las calificaciones en la escuela y la depresión, de manera que a peores calificaciones, mayores los síntomas depresivos, y viceversa.
La investigación también ha buscado otras relaciones, como con el uso problemático de las redes sociales. De esta manera, a mayores síntomas de la primera, mayor es el segundo. La relación también se produce en sentido inverso, pero no con la misma intensidad.
Aunque según han recogido en el texto, datos como el de la depresión o la ideación suicida han mejorado desde que comenzaran hace tres años a encuestar menores de entre ocho y 16 años, todavía quedan muchas cosas por hacer.
Como explicaba Órgiles en su entrevista con este periódico, las redes sociales están afectando en buena medida a la salud mentar de chicas y chicos. Algo que también recogía el estudio que hicieron mano a mano Red.es y Unicef, con investigadores de la Universidad de Santiago y el Consejo General de Ingeniería Informática Infancia, adolescencia y bienestar digital 2025.
El último de los documentos publicados del proyecto EMO-CHILD señala algunas recomendaciones para las adminsitraciones públicas. La primera, tener un sistema estable y homogéneo de vigilancia epidemiológica en salud mental infantil; la creación y/o refuerzo de los servicios de salud mental infanto-juvenil que tuvieran enfoque preventivo, comunitario y con presencia en centros educativos.
Defiende la implementación de programas en los centros de educación primaria para el aprendizaje de habilidades de afrontamiento y regulación emocional. Aboga por la regulación y supervisión del consumo digital y del acceso de menores a las redes sociales y por dotar a los centros de programas de bienestar emocional al tiempo que disminuyen los programas no evaluados.


