Somos una Fundación que ejercemos el periodismo en abierto, sin muros de pago. Pero no podemos hacerlo solos, como explicamos en este editorial.
¡Clica aquí y ayúdanos!
Esta pieza ha sido publicada en el blod Grao de El Diari de l’Educació
Cuando el conocimiento se desvanece…, ¿hay que volver a él? ¿O hay que prepararse para retenerlo?
En el aula hay momentos que te dejan una sensación extraña. De esas que sabes que se arrastran durante días.
Era un miércoles por la mañana, después del recreo. Estábamos corrigiendo una actividad sobre la vista y las partes del ojo —hacía apenas dos semanas que habíamos empezado a trabajar esta temática y la actividad aparentemente había generado bastante interés—, y una alumna, con ojos de no entender nada, me dijo con absoluta naturalidad:
—«Ah, pero…, ¿esto ya lo habíamos hecho?».
Y ahí tuve la sensación —recurrente, todo sea dicho— de que una parte de lo que hacemos en el aula se escurre entre los dedos como el agua, de que el esfuerzo por construir conocimiento no siempre tiene una estructura donde pueda arraigar. Y no es solo que lo olviden… Es que a menudo no saben cómo volver a ello.
La sensación no era nueva, pero de esa anécdota, que reaparece a lo largo de los años en distintos momentos y situaciones, surgió una pregunta compartida por los compañeros y compañeras:
¿Cómo podemos ayudar a los niños y niñas a retener, a consolidar, a recordar?
Esa fue la semilla. El punto de partida de una mirada que fue tomando forma a lo largo de los cursos siguientes y que continúa, a día de hoy, siendo una parte fundamental de nuestra pequeña escuela: enseñar a evocar. A entrenar el hábito de recuperar de la memoria aquello que ya se ha aprendido, a volver a ello —sin volver a mirar— y a hacer que el conocimiento reaparezca por sí solo, porque se ha trabajado, se ha fijado, se ha sentido, se ha conectado.
Porque sí, estudiar no es repetir. Y, como muestra la investigación en psicología cognitiva, una de las herramientas más potentes para aprender a largo plazo es precisamente esta: practicar la evocación.
«El simple acto de recordar refuerza la memoria»
Roediger y Butler, 2011
¿De dónde parte todo esto? Un aula, una duda
Estamos en ciclo superior, en una escuela pública de entorno rural. En nuestra aula hay niños y niñas muy distintos de quinto y sexto juntos: algunos con una memoria aparentemente privilegiada, capaces de repetir conceptos de forma sorprendente; otros que necesitan más tiempo, más apoyo, más estructura. Pero todos —absolutamente todos— tienen un umbral común de olvido: ese punto en el que lo aprendido deja de ser accesible. Y, a menudo, no porque no lo hayan entendido, sino porque no han entrenado su recuperación.
Durante años habíamos hablado de enseñar a estudiar, pero casi siempre eso acababa en instrucciones como «repasadlo», «leéroslo» o, en el mejor de los casos, «haced un esquema». Y nos dimos cuenta de que, sin quererlo, confundíamos estudiar con volver a mirar. Así que decidimos dar un giro: intentar cambiar el foco de la entrada de información a la salida.
Es decir: ¿qué pueden recuperar los niños y niñas sin mirar nada? ¿Cómo pueden hacerlo? ¿Y cómo podemos entrenarlo?
Empezamos con una conversación en la que exponemos nuestra preocupación y el reto a la clase, y que, más o menos, fue así:
—¿Os pasa que leéis y luego no lo recordáis?
—¡Siempre! —responden algunos.
—¿Y cómo estudiáis?
—Leo tres veces, subrayo, hago un pequeño mapa mental…
—¿Y cómo sabes si lo sabes?
—Si me suena… —dice alguien, sin demasiada convicción.
Ahí intervenimos: «Que te suene no significa que lo sepas. Lo que importa es si puedes sacarlo de la cabeza hacia fuera, si puedes evocarlo». Y esa palabra, evocar, entra por primera vez en el vocabulario de la clase.
Decidimos hacer pequeños cambios en el aula:
A partir de ahora, empezaremos muchas sesiones con una pregunta breve sobre lo que hicimos el día anterior, no para comprobar si «se lo saben», sino para practicar el hábito de recordar.
También utilizaremos fichas o actividades de recuerdo rápido: preguntas cortas, con un minuto para responder, y después compartir la respuesta en parejas.
E introducimos una idea nueva: «Los huecos de memoria se llenan mejor si primero intentamos ver qué hay dentro, antes de volver a mirar fuera».
Porque, tal como apunta la investigación de Roediger y Karpicke (2006), la práctica de recuperación activa es más efectiva para consolidar el aprendizaje que la revisión pasiva.
Al cabo de pocos días, algunos alumnos empiezan a notar cambios en su aprendizaje…, y el camino se abre.
Evocar para aprender: estrategias sencillas, efectivas y transferibles
Una vez que la palabra evocar se hizo habitual en la clase, decidimos construir todo un repertorio de prácticas en torno a ella, algunas sencillas, otras más elaboradas, pero todas con un mismo objetivo: ayudar a los niños y niñas a recuperar conocimiento sin mirar, a volver a ello por sí mismos.
Las preguntas boomerang
Cada mañana, al empezar la sesión de ciencias, lengua o matemáticas, escribimos en la pizarra una o dos preguntas relacionadas con lo trabajado días atrás. No son ejercicios de memorización mecánica, sino pequeñas invitaciones a pensar:
«¿Qué recuerdas de lo que hablamos sobre los nutrientes?»
«¿Cuáles son las tres propiedades que vimos de la materia?»
«¿Qué estrategia nos ayuda a multiplicar números con decimales?»
Dedicamos tres minutos a escribir en silencio. Después compartimos las respuestas. Y solo entonces miramos los apuntes, si hace falta. Esta rutina —mínima en tiempo, máxima en impacto— no solo ha mejorado el recuerdo del alumnado, sino también su seguridad al hablar sobre lo que saben.
Los mapas de evocación
En lugar de diseñar esquemas después de estudiar una materia, propusimos hacer mapas conceptuales antes. Sin libros ni apuntes, con una sola pregunta:
«¿Qué puedes recordar sobre…?»
A medida que evocan ideas, las conectan. Y luego sí, las comparan con los materiales, detectan vacíos, añaden información, los reestructuran. Esto les proporciona una doble ganancia: la evocación favorece la consolidación, y la reflexión posterior permite realizar una evaluación formativa real y significativa.
Pruebas de práctica… sin nota
Aquí fue clave desvincular las pruebas de la calificación. Las presentamos como un juego, un entrenamiento, una forma de «despertar» lo que teníamos en el cerebro.
Las primeras veces hubo resistencia («¿y si suspendo?»), pero poco a poco entendieron que el error también enseña, y que el simple hecho de intentar recordar ya mejora la memoria.
Empezamos con tarjetas tipo flashcard o fichas, luego pasamos a cuestionarios interactivos y también utilizamos pequeñas pizarras blancas individuales para responder rápidamente.
Evocar en voz alta, evocar con el cuerpo
Algunos alumnos aprenden mejor hablando. Otros, moviéndose. Introdujimos actividades como:
- Evocación en parejas: «Explícale a tu compañero qué recuerdas de…».
- Pizarras blancas: respuestas breves a preguntas espontáneas, con tiempo límite.
- Policías y ladrones: durante 5 minutos escriben todo lo que recuerdan sobre un tema (policías); cuando se acaba el tiempo, pueden levantarse y «robar» ideas de otros compañeros durante 2 minutos (ladrones).
- De la A a la Z: escriben y luego justifican oralmente una palabra relacionada con el tema que empiece por cada letra del alfabeto.
La gran cesta, el pase de salida
En el aula tenemos una cesta común con todas las preguntas mezcladas que van surgiendo a lo largo del año sobre distintas materias. Al final del día, un alumno saca una y la lee en voz alta: es el pase de salida, el momento en que se responde como juego final de la jornada. Datos curiosos, explicaciones… Todo vale. ¿Y lo más bonito? Leerlo después y ver cómo la memoria compartida también es aprendizaje vivido.
¿Qué observamos? Aprender a recordar es aprender a confiar
No tuvimos que esperar mucho. En pocos días aparecieron los primeros efectos. No eran espectaculares, pero sí reveladores. Y así, casi sin darnos cuenta, habían aprendido algo que durante años no habíamos hecho explícito: recordar no es un acto pasivo, sino un entrenamiento activo.
A medida que avanzábamos, vimos cambios reales en el alumnado:
- Empezaban a hablar con más seguridad sobre lo que sabían.
- Sus explicaciones eran más claras y organizadas.
- Ante una pregunta ya no decían inmediatamente «no lo sé», sino que hacían un esfuerzo por buscar dentro de sí.
¿Y lo más interesante? No solo recordaban más cosas, sino que también valoraban más lo que sabían.
Como si el acto de evocar reforzara no solo el contenido, sino también la percepción de autosuficiencia.
Cuando enseñamos a recordar, no solo construimos memoria, también construimos autoestima
Bjork y Bjork, 2011
Cerrar para recordar: qué nos llevamos y qué podemos seguir construyendo
Con el paso de los meses, la práctica de la evocación se integró en la vida cotidiana del aula. Ayuda a los niños y niñas a valorar qué ocurre cuando recordamos, cómo recordamos y por qué merece la pena entrenar este gesto tan sencillo y tan complejo a la vez.
Como docentes, hemos aprendido que:
- La evocación es un hábito, no una excepción. Y puede entrenarse desde pequeños de forma constante y natural.
- No hacen falta grandes materiales, solo constancia e intención. Tres minutos al día pueden tener un impacto profundo en el alumnado.
- Los niños y niñas necesitan saber que olvidar es normal, pero que también se aprende a recordar.
- Evocar no es solo un medio para retener datos, sino una herramienta para construir significado, conexión y conciencia sobre lo que se aprende.
- También descubrimos que evocar nos ayuda a enseñar mejor: cuando vemos qué pueden recuperar, sabemos qué ha quedado claro, qué se ha diluido y qué hay que volver a trabajar. Es un tipo de evaluación formativa constante y natural.
Pero quizá lo más importante es que la evocación nos ha devuelto una idea clave que a menudo olvidamos: aprender requiere tiempo, espacios y confianza para que la memoria pueda hacer su trabajo. Y ayudar a los niños y niñas a recordar no es solo ayudarles a aprobar… Es ayudarles a comprender y a conservar la belleza de lo aprendido.
Bibliografía
Bjork, R. A. i Bjork, E. L. (2011). Making things hard on yourself, but in a good way: Creating desirable difficulties to enhance learning. Psychology and the Real World: Essays Illustrating Fundamental Contributions to Society.
Brown, P. C., Roediger, H. L. i McDaniel, M. A. (2014). Make It Stick: The Science of Successful Learning. Harvard University Press.
Reverter, A. (2025). Enséñame a enseñar: Una historia real de ensayo, error y evidencia. Graó.
Roediger, H. L. i Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249–255.
Ruiz Martín, H. (2020). Cómo aprendemos: Una aproximación científica al aprendizaje i la enseñanza. Barcelona: Graó.
Willingham, D. T. (2023). ¿Por qué a los estudiantes no les gusta la escuela?. Graó.

