Cómo se consigue de verdad el primer trabajo
El INE lo ha preguntado directamente. En el módulo de la Encuesta de Población Activa de 2009 sobre la incorporación de los jóvenes al mercado laboral, preguntó a las personas de 16 a 34 años que habían tenido un empleo de más de tres meses al terminar los estudios cómo lo habían encontrado. El 47,9% respondió que a través de familiares o amigos. El 19,8%, enviando el currículum a una empresa.
El módulo de 2016 hizo la pregunta sobre el empleo actual de los asalariados de 16 a 34 años, y la respuesta apenas se movió: el 41,7% lo había conseguido a través de familiares, amigos o conocidos, y el 2,4% a través de una oficina pública de empleo. Entre los de 16 a 24 años, el 46,4% frente al 1,8%, respectivamente. En la Unión Europea de entonces, con 28 países, esa vía se quedaba en el 30,8%, según los datos de Eurostat del mismo módulo.
Las encuestas de inserción laboral del INE apuntan en la misma dirección, con una limitación que conviene decir. La ETEFIL y la EILU de 2019 interrogan en una sola casilla, en una pregunta que admite varias respuestas, por el «contacto directo con el empleador o contactos personales», así que no permiten separar a la familia de la llamada a una empresa. Esa vía combinada fue la más citada por quienes se graduaron en ESO en el curso 2013-2014 y habían trabajado alguna vez (62,7%), y llegó al 70,1% entre quienes abandonaron la ESO aquel curso. Entre quienes se graduaron en la universidad ese mismo curso, bajó al 36,9%. Los servicios públicos de empleo no llegaron al 10% en ninguno de esos grupos.
Cuanto más corta es la trayectoria educativa, más pesa ese canal. En los datos de Eurostat de 2016, el 58,3% de los jóvenes asalariados españoles con estudios hasta la primera etapa de secundaria había encontrado su empleo a través de familiares, amigos o conocidos. Entre quienes tenían estudios superiores, el 28,7%.
Lo que enseñamos
El real decreto de enseñanzas mínimas de la ESO de 2022 incluye entre los saberes de Lengua Castellana y Literatura de tercero y cuarto «el currículum vitae, la carta de motivación y la entrevista de trabajo». La optativa de Formación y Orientación Personal y Profesional de cuarto propone una «aproximación a un plan de búsqueda activa de empleo», con estrategias e instrumentos de búsqueda. En todo el decreto no aparece la expresión «red de contactos». Tampoco en el currículo básico de los módulos de Itinerario personal para la empleabilidad, que sustituyen a la antigua FOL en la formación profesional.
Nada de eso está mal. La vía formal es la que un centro puede enseñar igual a todo su alumnado, y España cuida la orientación más que la media. Según PISA 2022, el 91% del alumnado español de 15 años estudia en centros donde la orientación está programada en el horario escolar, frente al 58,4% en la OCDE, y el 60,7% ha hablado con el orientador de su centro (OCDE: 48,9%). Donde España se queda por debajo es en el contacto con el trabajo real: el 39,9% ha visitado un lugar de trabajo o ha acompañado a un profesional durante su jornada, frente al 45,3% de media en la OCDE.
La formación profesional es la excepción, y la ley lo pone por escrito. Con la ley de FP de 2022, todos los ciclos formativos pasan a tener carácter dual, con una fase en la empresa que, como norma general, ocupa al menos una cuarta parte de la formación. Entre las finalidades de esa fase, la ley incluye «facilitar una experiencia de inserción y relacional en una plantilla real de personas trabajadoras». Es decir, pone a cada estudiante de FP a trabajar junto a gente del oficio que puede acordarse de él cuando haya una vacante. Para la ESO y el Bachillerato, la LOE no prevé nada equivalente.
Por qué mejorar la vía formal no alcanza esa distancia
Las mejoras de la vía formal llegan a todos por igual, y esa es su virtud. Un taller currículum ayuda a la alumna cuya madre es encargada en una empresa del sector que le interesa, y ayuda a su compañero de pupitre, que no conoce a nadie que trabaje en lo suyo. Los dos mandarán mejores candidaturas. Solo ella se enterará de la vacante antes de que se publique.
Los datos de PISA muestran esa asimetría dentro de la propia escuela. En España, hablar con el orientador del centro apenas varía con el origen: lo había hecho el 59,4% del alumnado del cuartil socioeconómico más bajo y el 60,4% del más alto. Visitar un lugar de trabajo o acompañar a un profesional sí varía: 34,5% frente a 42,8%. Fuera de la escuela, casi un tercio de los adultos españoles decía no tener a nadie en su círculo a quien acudir para que le ayudara a encontrar trabajo, según el barómetro del CIS de febrero de 2016.
Un informe de la OCDE de 2024 sobre orientación y desigualdad lo formula así: el alumnado de origen más desfavorecido tiene menos acceso a personas de estatus alto dispuestas a compartir información sobre el mundo laboral y oportunidades de trabajo. Una escuela que solo enseña la vía formal deja esa diferencia exactamente donde la encontró.
Lo que un centro sí puede hacer
Nadie puede repartir familiares con contactos. La OCDE describe lo que aporta el contacto con personas que trabajan: información de confianza, consejo y, a veces, una recomendación o el propio empleo. Una parte de eso se puede construir en el centro.
- Decirlo con los datos delante. En la tutoría de cuarto o de Bachillerato, contar cómo se consigue de verdad un primer empleo, con las cifras del INE. Quien tiene la red en casa ya lo intuye. Quien no la tiene es quien más necesita oírlo.
- Hacer el inventario. Pedir a cada alumno que apunte los adultos que conoce que trabajan, y en qué. La lista le sirve a él para ver a quién podría preguntar, y al orientador para saber quién llega con la lista corta. Esos son los alumnos para los que el centro tiene que conseguir contactos.
- Prestar red a quien no la tiene. Charlas de profesionales, visitas a empresas, una mañana acompañando a alguien en su trabajo, antiguos alumnos que vuelven a contar cómo entraron, empezando por quienes tienen el inventario más corto. La evidencia apunta a que son ellos quienes más ganan. En una cohorte británica nacida en 1970, el 41% de los jóvenes de 16 años decía conocer, por su familia o sus amistades, a alguien que podría ayudarle a encontrar trabajo. En el 59% restante, cada charla de un profesional externo organizada por el centro a los 14 o 15 años se asociaba con un 1,5% más de salario a los 26. En el grupo con contactos, las charlas no dejaban una prima significativa.
- Enseñar a pedir. Escribir un mensaje breve a una persona concreta para pedirle quince minutos de conversación sobre su trabajo es una habilidad, y se puede practicar en clase antes de que haga falta. En la FP, la fase en la empresa ya pone al alumno junto a gente del oficio, y tratarla también como el comienzo de su red cuesta poco.
Un claustro puede hacerse una pregunta sencilla antes de junio: de los alumnos que terminan este curso, ¿cuántos tienen a alguien a quien preguntar por un trabajo, y qué va a hacer el centro por los que no?

