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Aula

Guadalupe Jover

Nadie hablará del currículo hasta que hayamos muerto Guadalupe Jover

¿Qué conocimientos matemáticos, científicos, históricos son necesarios para entender -y mejorar- el mundo en que vivimos? ¿Hay que leer a los Clásicos en la ESO? ¿Qué Educación Física y Artística puede hacernos más sanos y felices? ¿Para qué sirve la Filosofía? ¿Nos estamos cargando el Planeta? A estas y otras muchas preguntas debiera dar respuesta el inexistente debate en torno a los currículos escolares.

Guadalupe Jover 5/2/2018

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CC by SA r. nial bradshaw

Lo saben bien las familias con hijos o hijas en edad escolar. Lo sabemos bien, mal que nos pese, quienes estamos a pie de aula. A estas alturas de curso, chicas y chicos no hacen otra cosa que memorizar, reproducir y olvidar. Su semana es una interminable sucesión de exámenes. Sus tardes, un enfebrecido afán por escanear mentalmente hojas y hojas de apuntes. Nos lo dicen cada vez que queremos escucharlos: “Así no aprendemos”. Pero pasan los años y las rutinas permanecen. Podremos aducir que hay interesantes proyectos en marcha, docentes que se afanan por impulsar otras formas de aprender y de evaluar, centros inmersos en procesos de transformación. Pero no nos engañemos: son minoría; son la excepción.

¿Falta de voluntad, de formación, de convicción? Quizá en algunos casos. Pero seamos justos. Son muchos años ya ejerciendo la docencia y puedo asegurar que, con mayor dosis de acierto o desacierto, de tacto o de torpeza, la mayoría de mis colegas se desvive porque su alumnado aprenda, porque prenda en chicas y chicos el interés por la materia objeto de estudio. Y, sin embargo… “Voy fatal”, “No me da tiempo”, “Estoy desbordada”. “Ya me gustaría – embarcarme en un proyecto, participar de tal salida, dar espacio al imprevisto debate surgido en el aula-, pero voy muy atrasado”.

¿A qué se debe, por tanto, este empecinamiento en unas rutinas que a menudo no acarrean sino frustración y tedio, angustia y desaliento? Cualquier docente tendrá ya presta la respuesta: “Falta de tiempo”; “la presión del programa”; “la maldita Selectividad”. Pero el tiempo escolar es (casi) infinito. El currículo no es una Verdad Revelada. La Selectividad… ¿qué es las más de las veces sino la ocurrencia o el capricho del coordinador de turno, el tributo anual a la incuestionada tradición?

En otras ocasiones hemos hecho desde estas mismas páginas un llamamiento a la rebeldía. Pero es verdad que no siempre es fácil caminar a contracorriente. Por eso sobrecoge que en tiempos de pretendido debate -de acallado debate- en torno a un pacto educativo, del currículo apenas se hable. Otras cuestiones llenarán la agenda política y los titulares mediáticos. En el último minuto, y ya a contrarreloj, determinados grupos de presión impondrán qué materias deben estar -la Religión Católica, la Educación Financiera, la Defensa Nacional- y cuáles deben quedarse fuera -la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, tal vez-. No habrá apenas discusión acerca de otras maneras de concebir el currículo y su proyección en las aulas y, asignaturizado ya cada curso escolar -ocho, diez, doce materias por año, qué disparate- se encargará de su desarrollo ya en el tiempo de descuento a unos cuantos expertos cuyo nombre ni siquiera saldrá a la luz.

Expertos que a buen seguro trabajarán de espaldas unos a otros -luego la ley hablará de la necesidad de trabajar en equipo y de los enfoques globalizados e interdisciplinares- y se llenarán páginas y páginas con infinitos estándares de aprendizaje porque todo ha de ser medido y computado. Como no habrá tiempo para el debate acabará consignándose lo mismo de siempre. Todo lo más, y en inevitable concesión a los tiempos modernos, un nuevo epígrafe: alguna referencia a las mujeres o al medio ambiente; una simple nota a pie de página reveladora de la eterna disociación entre los pomposos preámbulos y el enciclopedismo decimonónico de los currículos. Porque la mayor preocupación será que nadie se sorprenda y mucho menos las editoriales de libros de texto. “Lo mismo de siempre. Bien”.

Cuánto echamos de menos la constitución desde ya de equipos de trabajo integrados por investigadores universitarios y maestras y maestros de las diferentes etapas educativas dispuestos a revisar, desde las diferentes coordenadas implicadas (las necesidades formativas de niñas y niños, adolescentes y jóvenes; los fines del sistema educativo; los principales problemas del mundo en que vivimos; los saberes de referencia y las respectivas didácticas) qué aspectos del currículo se han quedado obsoletos y cuáles hay que salvaguardar; qué metodologías son acertadas y cuáles perfectamente estériles; qué procedimientos de evaluación pueden ayudar a diagnosticar obstáculos en el aprendizaje y qué estrategias -y qué recursos- hacen falta para poder superarlos.

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Y echamos de menos, también, que ese debate traspase los círculos de los iniciados y se traduzca en un vivo y necesario debate ciudadano. Porque si no, y entre tanto, en el imaginario social seguirá fijado a sangre y fuego que aprender es memorizar, que evaluar es examinar y que quien fracasa es porque no estudió lo suficiente. Lo mismo de siempre, claro.

 

Guadalupe Jover. Profesora de Educación Secundaria.

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Comentarios

  • Carmen Salván Martín

    No es por discrepar, antes al contrario, comparto plenamente lo expresado en el artículo, pero personalmente me duele que yo hablé del currículum “ideal” ( lo entrecomillo porque es sólo MI OPINIÓN) en un libro que publiqué en 2007 y que pasó sin pena ni gloria, porque nadie me conoce en las esferas “funcionariales”. He ejercido la pedagogía como outsider del sistema educativo durante años, y sólo me cabe la satisfacción de haber salvado del fracaso escolar y personal a las víctimas de ese sistema. Sé de lo que hablo. Me estoy planteando reeditar mi libro, esta vez de otra manera, para estimular este debate tan necesario. El libro se tituló “La enseñanza utópica. Una filosofía de la educación”. No lo busquen, tengo yo los ejemplares que no se vendieron.

    08/02/2018
  • Jaume Martínez Bonafé

    Gracias Lupe, por empujarnos a un debate que siendo urgente siempre queda aplazado.

    08/02/2018
  • Ricardo

    Estoy de acuerdo en lo que dices y creo que muchos compañeros tuyos y mios tambien pero nos dejamos llevar por la inercia, por lo de siempre, por la programación que nos ata, por lo libros de textos que nos encasillan, por la linea de confort y el miedo a lo desconocido. Parece que más que algo institucional tiene que ser una cuestion personal que esta tambien en el despertar de la conciencia de cada uno.

    07/02/2018
  • Rubén Nieto

    ´Completamente de acuerdo.

    07/02/2018

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