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“La educación inclusiva es el único camino para que se reconozcan los derechos de las personas con diversidad”

Hablamos con Mónica Sumay, responsable de la denuncia que ha terminado con el informe de la ONU que acusa a España de incumplir sistemáticamente con el derecho a la educación inclusiva.

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Monica Sumay, madre y activista por los derechos de las personas con discapacidad.

Mónica Sumay es la madre de una joven con discapacidad intelectual. Hace unos años se hizo famosa, con apariciones en televisión, después de comenzar una pelea de años contra la Xunta de Galicia para que su hija siguiera escolarizada en un centro ordinaria como lo estuvo hasta sus 15 años. En aquel curso, obtuvo un dictamen de escolarización que apuntaba a quela niña tuviera que ir a un centro de educación especial. Mónica no estuvo de acuerdo, y después de cinco meses consiguió que un juez devolviese a la niña a su colegio.

Tras este caso, relata, fue una de las personas que montó la asociación SOLCOM. “Quería devolver la ayuda que había recibido”, relata, mediante la asociación. Fuera del ámbito de las familias de niñas y niños, de personas con discapacidad, es posible que no tenga mucha publicidad. Pero ha sido la “causante” del informe de Naciones Unidas sobre la sistemática vulneración que España hace en relación a la escolarización en el sistema ordinario de educación de personas con diversidad funcional.

Fue en 2014 cuando la organización decidió que dado el volumen de casos que estaban manejando por todo el país, era buen momento de denunciar al Estado por esta dejación de sus responsabilidades. “Debería suponer (el dictamen de la ONU) unos importantes cambios normativos, así como una importante inversión”, espera Mónica.

En 2006 se firmó la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad. Texto que España ratificó dos años después y que hoy por hoy sigue sin tener un desarrollo legislativo, y menos aún real. En 2011 el comité que vela por el cumplimiento de la Convención, recibió a una delegación española. Ya en su informe avisó a España de que era responsabilida de la administración el que los centros educativos tuvieran los apoyos necesarios para hacer posible la educación inclusiva de todo el alumnado. Poco o nada se ha llegado a realizar desde entonces.

Esa denuncia, la presentada por SOLCOM en 2014, es una de las solo seis que se han aceptado por parte de la Comisión. Es la única, hasta ahora, relacionada con la educación, según cuenta Mónica Sumay. Para ella, hechos como estos tendrán repercusiones mayores que las sentencias que venimos viendo en relación con la escolarización inclusiva en los últimos años.

Hace dos años, de hecho, ya el Comité emitió un informe en el que se  hablaba de la necesidad de los ajustes razonables para las escuelas ordinarias. Un informe que ha acabado pesando en sentencias como la del Tribunal Supremo de hace unos meses. También en otras habidas en La Rioja o Galicia, por ejemplo.

Entre las muchas cosas que afirma el informe de la ONU, una de las más sonrojantes y contundentes es que: “El Comité destaca que la denegación de la igualdad de derechos para las personas con discapacidad puede producirse deliberadamente, es decir, con la intención del Estado parte de cometer tales actos, o como resultado de leyes o políticas discriminatorias, con dicho propósito o sin él”.

Cambios legislativos

Parece claro que el Estado, tanto en el Gobierno central como en los autonómicos, ha de reflejar lo que ratificó en la Convención. Hasta ahora, poco ha sido el traslado que se ha hecho en la normativa. El Comité de Naciones Unidas recoge en su informe que en 2017 ha habido algunos cambios en los decretos autonómicos en relación a la escuela inclusiva.

Para Sumay, sin embargo, “los nuevos decretos refuerzan ahora las aulas específicas dentro de los centros ordinarios”, incidiendo en la integración, no en la inclusión. Critica esta madre y activista que, además, estas aulas se convierten en el lugar en el que los menores con diversidad funcional acaban pasando la mayor parte del tiempo que están en los centros educativos. Se convierten en una forma de segregación.

A esto se suma algo que también constata la ONU y es el hecho de que el sistema de evaluación y desición en torno a la escolarización hace mucho hincapié en lo sanitario. “Un sistema educativo que continua excluyendo de la educación general, particularmente a personas con discapacidad intelectual o psicosocial y discapacidades múltiples, con base en una evaluación anclada en un modelo médico de la discapacidad y que resulta en la segregación educativa y en la denegación de los ajustes razonables necesarios para la inclusión sin discriminación en el sistema educativo general”.

Sumay, como tantas otras personas y organizaciones que trabajan con el sector de la discapacidad, reclaman un importante esfuerzo en la formación inicial y continua del profesorado, piedra de toque para cambiar la situación actual. En este sentido, la ONU constata que “la inclusión se entiende entre una gran mayoría del personal docente como un principio, una tendencia o un método pedagógico y no como un derecho”. De ahí la importancia de la formación.

Segregación a pesar de todo

El Comité de la ONU viajó en 2017 a España para visitar centros educativos, hacer 165 entrevista y visitar diferentes comunidades autónomas para poder elaborar su informe tras la denuncia.

El texto no hace demasiadas concesiones y además de asegurar que una vez que un menor es sacado del sistema ordinario es prácticamente imposible que regrese a pesar de que haya revisiones posteriores de su caso, también resalta que la inclusión no se está garantizando en todos los ámbitos de la vida escolar.

Por ejemplo, pone el dedo sobre cuestiones como el transporte escolar o el comedor. Tiempos y espacios en los que en muchos casos, las personas con necesidades especiales están separadas del resto de compañeros y compañeras. O que los comités de evaluación de cada alumno hacen recomendaciones que “no incluyen medidas en relación al desarrollo y la adaptación del currículo para ajustarlo a progresos individuales del alumno en el aula ordinaria”, por ejemplo.

La mayor parte del alumnado que acaba yendo a un centro de educación especial, según el Comité, se compone de personas con discapacidad intelectual o psicosocial, con trastornos del espectro autista, hiperactividad y décifit de atención o con discapacidad múltiple. Y cuando no acaban en uno de estos centros, lo hacen en “proyectos que los separan de sus compañeros, con escasas oportunidades de salir de este sistema que los segrega de la sociedad”, asegura el texto.

El gobierno aseguró a la ONU que el 99,6% de los niños con necesidades están en centros ordinarios, pero el “Comité observó que estas cifras disimulan un patrón de casos” en los que se segrega, en un sistema que “asume que la educación de ciertos alumnos con determinadas discapacidades solamente es posible en centros de educación segregada”.

“El Gobierno, claro, habla de que el 99% de los menores con discapacidad están en el sistema ordinario, pero la realidad de las aulas en muy diferentes”, afirma Sumay. “Falta voluntad política, no hablo de partidos porque la discriminación está en todos los ámbitos”.

Naciones Unidas, de hecho, ejemplifica esta segregación dentro de los centros ordinarios asegurando, por ejemplo,  que las estadísticas, en Cataluña dicen “el 88% de los alumnos con discapacidad pasaría el 100% del tiempo en un centro de educación especial; el 6% más de un 50%; el 4% menos del 50%; y tan solo el 2% pasaría el 100% del tiempo en un centro ordinario”.

Y a pesar de que se han detectado algunos centros con “proyectos muy alentadores” son “de frágil sostenibilidad”, “el sistema de exclusión discriminatoria se perpetúa”.

 

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Comentarios

  • Maite

    Me parece fenomenal la lucha de esta madre si así lo considera para su hijo…pero los que queremos que nuestros hijos sigan acudiendo al colegio de educación especial.. también deben respetarlo y dejarnos…yo quiero que mi hija siga yendo a su colegio de educación especial…

    10/07/2018
  • Sonia Ramos

    Sí a la inclusión pero hay que tener muy claro cómo y con cuántos contamos. Hace falta invertir en educación inclusiva para dotar a las escuelas de las herramientas necesarias para proporcionar esa inclusión real y garantizar la formación específica a todo el personal docente y no docente implicado en la escuela.

    08/07/2018
  • Elena Pilar Alonso Rodríguez

    “Prometí que buscaría un ratito tranquilo para intentar recoger mis sentimientos en torno al tema de los centros específicos de Educación Especial. Pues aquí estoy, debatiéndome entre la pena y la rabia por todo lo que voy leyendo al respecto.
    Me parece muy preocupante que se pretenda limitar de esta manera el derecho de nuestros niños a recibir la educación más adecuada a las capacidades y necesidades de cada uno de ellos.
    Como madre, voy a luchar para que mi hijo siga recibiendo una educación individualizada, dotada de los recursos que necesita, personal súper profesional y especializado, espacios adaptados, aulas con pocos alumnos en las que tienen la oportunidad de compartir intereses, juegos, relaciones sociales, aficiones y ritmos de aprendizaje similares sin ser permanentemente juzgados ni “medidos” en relación al nivel de otros niños, y, todo esto, si somos realistas, sólo puede ofrecerse en centros específicos. Es su derecho!
    Yo no quiero que a Nacho le tengan que ofrecer todo esto en otro tipo de centro, porque sé que no es viable. Quiero que le den la oportunidad de seguir creciendo en un centro específico donde tiene todo lo que él necesita para desarrollarse al máximo como persona lo más autónoma y competente posible, y, ante todo, como persona inmensamente FELIZ. Y por supuesto, sigo estando totalmente a favor de actividades inclusivas de carácter académico, de ocio, a nivel social… pero sin arrebatarle su derecho a recibir todos los apoyos que necesita en un entorno seguro y familiar como es este. Todo esto como madre.
    Pero también quiero expresar mi sentir como maestra de educación especial desde hace 17 años.
    A lo largo de este tiempo trabajando en centro específico he podido observar cómo muchos de nuestros alumnos llegan al cole “agotados” y “machacados” social y emocionalmente, después de tener que hacer un esfuerzo sobrehumano para sentirse “un igual entre la multitud”, entre compañeros que les quieren y apoyan muchísimo pero cuyos intereses sociales, afectivos y de aprendizaje son muy diferentes.
    Sinceramente, y sin generalizar, creo que en muchas ocasiones son los miedos que tenemos como padres los que nos mueven a querer escolarizar a toda costa a nuestros hijos en centros ordinarios, sin darnos cuenta de que no todos los niños se benefician del mismo sistema de enseñanza, ni de los mismos recursos, ni requieren el mismo nivel de especialización en los profesionales que les atienden. Algunos, tienen la suerte de “encajar” sin demasiadas dificultades en el sistema “ordinario” y eso es fantástico, pero hemos de ser conscientes de que para otros niños no resultan tan positivas ni tan fáciles las experiencias de inclusión en aulas con 28 alumnos en colegios con instalaciones enormes. Unido a que, cómo podéis imaginar, la labor del profesor para poder atender adecuadamente a cada uno de sus alumnos se dificulta exponencialmente.
    Os aseguro que no es falta de interés por parte de los profesionales, en absoluto, es que son humanos, no superhéroes, bueno, a pesar de todo muchas veces acaban siéndolo, jeje.
    ¿Por qué nos empeñamos en dar a todos lo mismo? Estamos perdiendo la riqueza infinita de la individualidad, de la atención cuidada y mimada a cada uno de nuestros tesoros, cuanto más a los que más lo necesitan.
    Creo que nuestra lucha tiene que ir encaminada a conseguir que cada uno de nuestros niños tenga los apoyos que necesita, en el entorno que necesita y con la atención especializada que necesita, por eso existen centros especificos, aulas estables en centro ordinario para alumnos con TEA y centros ordinarios de integración preferente o no.
    Cada tipo de centro debe atender al alumnado para el que está preparado. Y cada uno tiene derecho a recibir la educación que necesita.
    Entonces, Por qué nos empeñamos en destruir las estructuras educativas que ya existen y qué tan bien funcionan?
    Defiendo firmemente el derecho de cada niño a recibir una educación de máxima calidad y espero que no se olviden de que algunos de ellos sí se benefician y mucho de los centros específicos.
    Va por vosotros, Nacho y Pablo, razón de mi existir y de mi caminar, y por vuestros amiguitos y sus familias “.
    😘

    20/06/2018
  • Julio Loras

    Y hay que bajar las ratios.

    04/06/2018
  • Julio Loras

    Es cierto, pero no de cualquier manera: hay que poner medios económicos, materiales y humanos. Si no, es un desastre total.

    04/06/2018

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