Familia e infancia

La mitad de las personas de 13 a 15 años sufre algún tipo de violencia en la escuela, según Unicef

Bullying, peleas, violencia sexual e incluso que las escuelas sean objetivo en conflictos armados. Estas son algunas de las violencias que sufre la adolescencia en todo el mundo.

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Un niño espera que militares ucranianos revisen su documentación. Fotografía: Unicef

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Unicef publica un informe hoy en el que radiografía las situaciones de violencia cotidiana que las y los jóvenes entre 13 y 15 años viven de manera cotidiana en los centros educativos o en su entorno. La mitad de todas estas personas aseguran habre sufrido algún tipo de violencia alrededor de su colegio o instituto.

Peleas, acoso escolar, ciberacoso, violencia sexual. Cosas que pueden leerse en los periódicos o verse en los telediarios con cierta regularidad. Estas son algunas de las formas de violencia con la que los medios de comunicación nos informan cada determinado tiempo. Pero hay otras formas: que el centro educativo al que acudes se convierta, durante un conflicto armado, en uno de los objetivos de los bandos en contienda.

La organización de Naciones Unidas para la infancia señala algunos países en los que se ha atacado escuelas. El más complicado, la República Democrática del Congo, en donde Unicef cifra en 396 los ataques registrados en centros educativos. Por detrás, Siria (67), Sudán del Sur (26) y Yemen (20). Son los principales focos de ataques.

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Pero, otras son, aún así, las violencias más cotidianas. Según Unicef, el acoso escolar y las peleas afectan, respectivamente, a un tercio de los y las jóvenes en el mundo que sufren algún tipo de maltrato. Y todo ello siendo la escuela y el entorno escolar un lugar en el que se construye, junto con la familia, la vida de cada persona.

Este tipo de situaciones afectan, por supuesto, a los resultados académicos de quienes las sufren, también en los índices de abandono y fracaso escolar.

Algunos elementos actúan como facilitadores estructurales de estas situaciones: la pobreza, la inseguridad o la vulnerabilidad de las personas asociada a la migración. Pero hay más piezas en este puzle que pueden hacer que seas más vulnerable todavía. Como la discapacidad, la extrema pobreza, el origen migrante o, por ejemplo, los casos de VIH. A esto se suman los y las migrantes que son menores no acompañados. Por supuesto, el género y la tendencia sexual son otros dos factores que aumentan el grado de violencia que se sufre en el colegio.

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En muchos casos, son los chicos los que más sufren la violencia, en líneas generales.Aunque Unicef distingue entre, por ejemplo, la violencia psicológica y las amenazas como las cosas que les afectan más a ellos, mientras que en el caso de las chicas, son el acoso psicológico y relacional (extender rumores sobre ellas o hacerlas el vacío) los ataques que sufren en mayor medida.

Y aunque en el informe se mezclen diferentes tipologías de violencias, desde el bullying hasta los conflictos armados, la organización de la ONU destaca que en 39 países indurstrializados, al menos 17 millones de jóvenes admiten haber acosado a otras personas de sus centros educativos. Las cifras hablan por si solas.

Consecuencias

Daños psíquicos, enfermedades de transmisón sexual, ansiedad, depresión, pensamientos suicidas o embarazos no deseados son algunos de los problemas que pueden desarrollarse cuando hay una exposición constante al acoso o al abuso.

Pero no los únicos. Las y los niños en zonas de conflicto se están jugando la vida en no pocos casos para poder recibir educación y también puede haber consecuencias que afecten al desarrollo emocional y de comportamiento de estas personas. Efectos que pueden acabar probocando conductas agresivas o antisociales en estos jóvenes, o consumos abusivos, comportamiento sexual arriesgado o acabar en el crimen.

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Por todos estos motivos, Unicef reclama a los gobiernos que tomen medidas relacionadas con la protección de la infancia, como otras organizaciones como Save the Children. Eliminar el castigo corporal (720 millones de escolares viven en países en los que la violencia sobre la infancia no está perseguida), dar más formación al personal de los centros educativos, establecer formas efectivas de respuesta en casos de violencia contra niñas y niños son algunas de las herramientas que la organización pone sobre la mesa para mejorar los datos globales.

 

 

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