Este año Barcelona ha sido Capital Mundial de la Arquitectura y, en el marco de esta celebración, a lo largo de este curso se ha llevado a cabo el proyecto «La ciudad que queremos», que invita a imaginar la Barcelona de 2036 desde la mirada crítica y creativa de la infancia.
Durante todo el curso se ha desarrollado una actividad extraescolar de arquitectura en la que han participado niños y niñas de entre ocho y doce años. Se han realizado talleres gratuitos en los diez distritos de la ciudad, así como salidas de observación con las familias. El proyecto culminó este mes de junio con la inauguración de una exposición colectiva de todas las maquetas construidas por los participantes, que reflejan sus propuestas para mejorar la ciudad.
Por este motivo, en nuestra serie «Alumnos con mucho que decir» hemos entrevistado a una de sus participantes, Chiara Baruzzi Trull, una niña de 9 años que vive en Les Corts y que ha participado en la actividad extraescolar del distrito del Eixample junto a su primo.
¿Recuerdas cuándo os propusieron participar en este proyecto? ¿Cómo fue la decisión de apuntarte?
Mi madre me habló del proyecto y me convenció para ir porque así podría conocer a otros niños y niñas de mi edad. Yo me animé porque también participaba mi primo. Me explicaron que era una actividad extraescolar sobre arquitectura y enseguida pensé que me lo pasaría muy bien, porque me gusta mucho todo lo relacionado con la creatividad.
Habéis pasado todo un curso trabajando en torno a la arquitectura. Cuéntame un poco cómo ha sido. Habéis hecho actividades de juego, diseño y construcción. ¿Cómo eran?
En nuestro caso, en el Eixample, hacíamos los talleres los jueves por la tarde durante aproximadamente una hora y media. La consigna era analizar juntos el barrio, salir al exterior para observar bien los edificios, los espacios y las calles. Se trataba de analizar qué tiene y qué le falta a nuestro barrio y, sobre todo, centrarnos en aquello que necesitamos los niños y niñas y en todo lo que no nos beneficia. Detectamos muchas cosas que podían mejorar la vida de las personas, tanto de los mayores como de los pequeños.

Después hicimos actividades y propuestas de juego relacionadas con la arquitectura. A partir de ahí desarrollamos ideas en forma de maquetas para mejorar nuestro barrio y nuestro entorno. Además, cada trimestre realizamos salidas para experimentar con la arquitectura, tanto los niños y niñas como las familias. Todos juntos fuimos a la Fábrica de Creación Fabra i Coats y al Tibidabo.
¿Has aprendido cosas nuevas sobre arquitectura? ¿Cómo definirías ahora este concepto? ¿Y por qué influye tanto en la vida de las personas?
Después de participar en esta actividad he entendido que la arquitectura es mucho más que construir casas y edificios: ayuda a las personas a vivir. Es mucho más que un lugar donde habitar. Si la arquitectura no existiera y no se tuviera en cuenta a las personas, estas se verían realmente afectadas, porque influye en su hogar y en su forma de vivir. Tanto en todo lo que hay dentro de la vivienda —como los muebles o la decoración— como en lo que hay fuera: jardines y parques, espacios comunitarios de ocio y también los lugares donde trabajamos o estudiamos.
He aprendido a mirar la ciudad con otros ojos cuando camino por la calle. Ahora suelo llevar conmigo una cámara para fotografiar edificios, ventanas y espacios que me gustan.
¿Crees que la arquitectura de las grandes ciudades, como Barcelona, piensa en la infancia?
En este proyecto me he sentido escuchada, y eso es muy importante. Sí siento que faltan más oportunidades para poder participar como ciudadana. Me ha gustado hacer esta actividad extraescolar porque he podido observar el barrio y pensar cómo mejorarlo, y también porque he conocido a nuevos niños y niñas de mi edad.
He aprendido a mirar la ciudad con otros ojos cuando voy por la calle.
Además, el día de la inauguración de la exposición vino el alcalde y me hizo mucha ilusión. También estuvo presente en la salida familiar que hicimos a Fabra i Coats, y creo que participar en este tipo de actividades es una forma de sentirse escuchado y de sentirse importante.
¿Qué mejoras habéis planteado en este taller? He visto propuestas muy centradas en combatir la contaminación, crear más espacios de juego y deporte, o fomentar la inclusión…
Antes no me fijaba tanto en todas estas cosas. Sabía lo que era la contaminación, pero no era consciente de hasta qué punto afecta a nuestras vidas. Desde entonces me fijo mucho más. En las colonias que hice este año con el colegio vimos que en la montaña hay realmente mucha basura, y eso no puede ser porque estamos estropeando algo tan importante como la naturaleza. Son cosas que me preocupan y me hacen sufrir.
¿Cuál fue la propuesta que hiciste tú con tu grupo?
En el Eixample cada uno hizo su maqueta de forma individual. Cuando fuimos a observar el barrio me di cuenta de que no hay muchos parques, así que propuse uno. En concreto, un jardín donde descansar, jugar y divertirse, que es lo que necesitamos los niños y niñas. También añadí árboles y plantas, porque es verdad que en el Eixample faltan zonas verdes: hay muchas calles y edificios, pero faltan jardines más allá de los patios interiores de manzana.
De la exposición, que todavía puede visitarse, ¿qué maquetas y propuestas te han gustado más? ¿Sigues haciendo maquetas?
¡Uy! Hay muchísimas propuestas interesantes y originales. Mi primo hizo una propuesta parecida a la mía: diseñó un parque para jugar al fútbol. Muchos niños y niñas hicieron maquetas de espacios pensados para llevar una vida más sana y saludable, y también para ayudar a las familias en su día a día.
En casa sigo haciendo maquetas y sigo pensando en la arquitectura. Ahora he construido una casa pequeña, pero con todo lo necesario para vivir. Creo que es importante que en el futuro las viviendas no sean tan grandes, porque ocupan espacio que podría destinarse a lugares donde encontrarnos y vivir en comunidad.
¿Llegasteis a presentar vuestro trabajo al alcalde y a su equipo de gobierno? ¿Se comprometieron a estudiar vuestras propuestas?
Vinieron a la inauguración y pudimos explicar al alcalde todas las maquetas que habíamos hecho. Creo que le gustaron. En el colegio hemos aprendido que un buen alcalde es aquel que siempre escucha lo que dicen y piden sus ciudadanos, las personas que viven en la ciudad o el pueblo que gobierna.

Yo sí sentí que prestó atención a lo que proponíamos y que escuchó nuestras demandas. Quizá iba un poco deprisa, pero vino, y eso ya es importante. Esperamos que se comprometan a estudiar nuestras propuestas, más allá del Año de la Arquitectura 2026.
¿Qué crees que preocupa realmente a los niños y niñas hoy en día?
Nos preocupan muchas de las decisiones que toman los adultos y que afectan directamente a nuestro bienestar. Deberíamos poder reunir todas las buenas ideas, escucharnos unos a otros y crear algo nuevo, grande y diferente que cuidara mucho mejor de todos.
¿Has conocido a otros niños y niñas de entre 8 y 12 años de diferentes colegios? ¿Habéis hecho amistad?
Hicimos actividades conjuntas con las familias y poco a poco nos fuimos conociendo todos. Espero mantener el contacto; me encantaría que el proyecto tuviera una segunda parte el año que viene. Los padres y las madres también están contentos porque gracias a esta actividad extraescolar hemos podido hablar en casa de temas interesantes que también les preocupan. Las familias también quieren sentirse escuchadas.
¿Cómo imaginas tu futuro? ¿Qué lugar ocupará entonces la infancia? ¿Tendrá más peso?
Me encantaría que este tipo de actividades, en las que los niños y niñas pueden expresar su opinión, se hicieran cada vez más.

