A 90 años del golpe de estado y alzamiento militar que devino en la Guerra Civil, hacer un ejercicio de memoria democrática es, todavía, algo necesario para curar y cerrar heridas abiertas que, por culpa de la Ley de Amnistía del 77, mantienen a miles de cadáveres en las cunetas.
Y hacer ese ejercicio es el trabajo de Nadia Gayoso, responsable de memoria democrática en la Fundación Internacional Baltasar Garzón (FIGBAR).
La Fundación lanzó hace 10 años el proyecto Memorízate. La lógica es similar a la de Wikipedia: personas anónimas pueden dejar información sobre quienes sufrieron la represión durante la guerra, el franquismo e, incluso, la transición.
«Cualquier persona puede registrar la huella digital, la suya propia o la de un familiar, que sepa que ha sufrido represión», explica Gayoso.
El objetivo es recoger información de personas particulares: nombre, apellidos, profesión, fotografías, información de lo que le ocurrió, dónde y cuándo. Una batalla contra el tiempo, casi un siglo después, de recogida de testimonios que se van diluyendo en el transcurrir de los años.
Jóvenes y memoria
La Fundación ha hecho varios intentos de colaboración intergeneracional en proyectos diversos. Uno de ellos, «Memorízate, activemos nuestra memoria democrática«, se abrió convocatoria a jóvenes de 18 a 30 años para que elaborasen trabajos de investigación asistidos por personal de organizaciones memorialistas.
El objetivo fue que elaborasen diferentes productos finales en los que pusieran el foco en temáticas diversas. Hay quien investigó la historia de un abuelo represaliado o quien elaboró de un mapa de la guerra en la Ciudad Universitaria de Madrid.
Además, Memorízate está en Twitter (X) e Instagram, en donde publican «píldoras informativas muy básicas sobre episodios de la guerra civil o del franquismo o personas que han luchado por la libertad, la democracia, los derechos humanos». «Queremos ir creando un archivo digital accesible para cualquier persona».
El lugar de la memoria y la represión franquista sigue siendo un debe importante del sistema educativo español, y eso a pesar del decreto de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática instando a las comunidades autónomas a hacer variaciones en los currículos escolares para que dé tiempo, en el curso escolara, a tratar esos años.
Han intentado en alguna ocasión acercarse a los institutos para hacer parte de su trabajo «pero es un tema muy peliagudo, independientemente de que lo enmarques en los derechos humanos». «No es ideológico, la memoria es un pilar fundamental».
Aunque han podido realizar talleres y unidades didácticas en un par de diputaciones Provinciales, las dificultades para acceder a públicos escolarizados son grandes. «España sigue estando muy polarizada», sostiene Gayoso.
Una cuestión de derechos
Para Gayoso, la clave está en dejar de ver la memoria democrática como una cuestión partidista. El enfoque ha de ser de derechos. Con la voluntad puesta en que toda la sociedad se beneficie de tener acceso a la verdad, la justicia, la reparación y la garantía de no repetición.
Estas son las cuatro claves que Gayoso señala como necesarias. Y las reivindica en un momento como el actual, a pocos días de que Miguel Tellado asegurase, durante los actos de memoria del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que en el primer Congreso de Ministros cuando gobiernen será la derogación de la Ley de Memoria Democrática.
La mirada desde los derechos humanos intenta que, cuando se han producido importantes violaciones de los derechos humanos, explica Gayoso, «se tienen que poner en marcha mecanismos que ayuden a la sociedad a gestionar lo ocurrido».
Esta visión se sostienen sobre cuatro pilares: justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Y estos cuatro pilares se sostienen, comenta la experta, en la existencia de memoria de lo ocurrido.
«Sin recordar lo que ha pasado, traerlo al presente, trabajarlo en el presente, no puede haber unas consecuencias futuras que de alguna forma prevengan que esto vuelva a pasar», comenta.
«Otro de los problemas es que se mira a la memoria como algo revanchista, cuando ni siquiera las víctimas quieren revancha o venganza», cuenta Gayoso. «Lo único que necesitan es que se les reconozca como víctimas y recibir esa reparación moral y simbólica que para ellas es tan importante».
Memoria y mujeres
«Intentamos generar un espacio de encuentro para mujeres que nos dedicamos a preservar la memoria», comenta Gayoso en relación al proyecto en el que trabajan bajo el título de
Red de Mujeres por la Memoria y la Democracia.
El objetivo, cuenta, es generar incidencia para poner en valor el papel clave de las mujeres en los trabajos de memoria. Para ejemplo, un botó. De los 11 trabajos de jóvenes del proyecto «Activemos nuestra memoria», 10 los elaboraron mujeres.
Gayoso explica que comenzaron con este enfoque tras comprobar que «las mujeres son las encargadas de articular que la memoria se siga difundiendo».
Históricamente, las mujeres han sido vistas como víctimas de los conflictos y, mientras quedaban en sus casas para que los hombres combatieses o trabajasen fuera del hogar, ellas «han sido las encargadas de transmitirle la memoria familiar a los hijos, a los nietos».
La red, además de visibilizar el trabajo de cada una e intercambiar experiencias, pretende generar sinergias entre mujeres para apoyar sus respectivas investigaciones y trabajos.
Casi un siglo después del inicio de la guerra civil, miles de heridas siguen abiertas en pueblos y ciudades de todo el país. Una parte de la sociedad intenta recuperar, al menos, los huesos y recuerdos de quienes les precedieron.
Mientras otra, como dijo Machado, «ha de helarte el corazón».

