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Hoy, 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, queremos ofrecer unas propuestas generales que consideramos clave para abordar desde las aulas las brechas existentes:
- Erradicar los roles y estereotipos sexistas: La principal causa de la desigualdad en la participación de las mujeres en los diferentes ámbitos de conocimiento y de la actividad profesional son los roles y estereotipos sexistas asociados. También son la causa de la jerarquización del prestigio académico y profesional. No hay campos del conocimiento que sean en sí mismos masculinos o femeninos. El camino hacia la igualdad pasa inevitablemente por trabajar en su erradicación.
- Analizar los datos: Es necesario analizar los datos existentes, actuales y de evolución histórica, pues se están transmitiendo mensajes alejados de la realidad no sostenidos en la evidencia, como, por ejemplo, que las mujeres no están interesadas en la ciencia, cuando hace tres décadas que hay más mujeres que hombres en el conjunto de las disciplinas científicas.
- Desagregar los datos: Es importante no abordar conjuntamente todas las especialidades, sea con el término STEM (Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) o utilizando el genérico “ciencia” para referirnos al conjunto. El análisis desglosado de los datos nos ofrece una gran diferencia entre unas especialidades y otras, procesos de masculinización y de feminización crecientes en diversas disciplinas y una brecha acuciante en la tecnología e ingeniería, que muchas veces ni siquiera se nombra, cuando es precisamente donde se encuentra la mayor desigualdad.
- No es un problema de las mujeres, es de toda la sociedad: Las campañas de fomento de las vocaciones se basan especialmente y mayoritariamente en actuar sobre la motivación y estado emocional de las mujeres, responsabilizándolas de la desigualdad y de su corrección, y apenas inciden en la percepción y actitud de sus compañeros varones o es raro que aborden las causas estructurales de la desigualdad. Una correcta práctica coeducativa debe trabajar con mujeres y con varones, no puede recaer toda la carga sobre las chicas.
- Abordar el efecto tijera en la universidad: Las barreras que se encuentran las mujeres en su carrera académica e investigadora es un problema estructural de desigualdad en la Universidad. No es un problema de vocaciones y, por lo tanto, no se corrige fomentándolas. Las estrategias correctoras deben diseñarse e implementarse donde se producen, no trasladar el problema a las etapas anteriores.
- Mostrar mujeres actuales: Es necesario, para una correcta imagen de la realidad no estereotipada, mostrar los campos de actividad actuales y situaciones reales de mujeres trabajando con naturalidad, con mujeres imitables en las que las chicas se vean representadas. El trabajo de las mujeres en ciencia y especialmente en tecnología e ingeniería debe mostrarse como algo normal, no especial ni excepcional.
- Mostrar las mujeres históricas en su contexto: Es necesario el reconocimiento del trabajo de las mujeres que han sido ninguneadas, suplantadas y despreciadas a lo largo de la historia, pero esa tarea no debe disfrazarse de fomento de vocaciones, pues no sirve para tal cometido. El reconocimiento de las aportaciones a la ciencia y a la tecnología que han realizado mujeres a lo largo de la historia debe abordarse siempre en relación con el contexto social, político y cultural en el que vivían, destacando la opresión patriarcal en la que vivían y que condicionaron su actividad. Incluirlas a la fuerza sin ese contexto histórico y social puede provocar la percepción de continuidad de la desigualdad en lugar de superarla y ofrecer una visión anacrónica de la actividad en ciencia y tecnología.
- Utilizar estrategias didácticas que incluyan a las mujeres: En la actividad docente diaria debemos mostrar, por ejemplo, un especial cuidado en el lenguaje utilizado, evitando el genérico masculino o el lenguaje neutro que oculta igualmente a las mujeres, debemos seleccionar cuidadosamente las imágenes y vídeos utilizados, en los que no sólo deben estar las mujeres presentes, sino también evitar que se muestren posando en lugar de trabajando, infantilizadas o sexualizadas, o debemos corregir roles en los trabajos en grupo haciendo partícipes a chicos y chicas de todas las tareas.
El trabajo diario, curso a curso, con pequeñas acciones, pero con los objetivos feministas claros, logrará muchísimo más por la igualdad que cualquier campaña que repite los mismos eslóganes que escuchamos año tras año y que reproducimos sin reflexión. Debemos diagnosticar bien las causas de la desigualdad, abordar la asimilación de roles en la infancia y adolescencia y actuar mirando al futuro, con ánimo crítico y transformador, rompiendo barreras, y eso solo es posible a través de la práctica coeducativa.


