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La maquinaria que ha hecho crecer de manera constante la influencia de esta red de investigadoras e investigadores se basa en lo que varias personas, como lo dijera Mariano Fernández Enguita, han definido como un modelo de negocio. No basado en el dinero (o no solo), sino en el prestigio académico.
“CREA era bueno en la autopromoción y en obtener el respaldo de figuras destacadas en el campo”, explica un académico extranjero que prefiere mantener el anonimato. Visitó hace años el grupo en la Universidad de Barcelona y tuvo la ocasión de conocer algunas comunidades de aprendizaje.
Sus palabras toman cierta importancia cuando se repasan, por ejemplo, datos de las revistas editadas por Hipatia Press, la editorial que comenzara en la primera década de los 2000. En ellas aparecen cientos de nombres ligados a las revistas, no solo como revisoras y revisores de artículos, sino como miembros de los comités científicos.
Fuentes consultadas aseguran que es habitual en las revistas científicas que estos comités tengan un carácter más honorífico que real, pero que las personas que los componen están avisadas y aceptan esta suerte de colaboración, de algún modo, para apoyar y dar prestigio a la cabecera.
No sabía nada, no me pidieron nada
“Me cuesta recordar quién me invitó a formar parte del consejo de la revista; fue hace muchos años. Nunca he trabajado para la revista y asumí que me habían dado de baja porque no había recibido ninguna comunicación suya”, escribe Erynn Masi de Casanova, jefa del Departamento de Sociología en la Universidad de Cincinnati.
Es algo que le ocurre a parte de las personas que confirman saber de su pertenencia, al mismo tiempo que aseguran no haber hecho nada en absoluto. Algo, al parecer, relativamente común en otras publicaciones. “Les acabo de escribir para pedirles que me eliminen del foro”, cierra Masi de Casanova.
“Desconocía que yo estaba en el consejo asesor de esa revista”, escribe otro catedrático, en esta ocasión, español. Prefiere también conservar el anonimato, y asegura que “he repasado todos mis emails y no encuentro ninguno en el que me invitaran a ser miembro del consejo asesor de esa revista y yo nunca he reflejado en mi CV que lo fuera”.
Otro catedrático confirma dos cosas. La primera, que fue invitado a participar del comité asesor (“recuerdo que me lo propusieron (no recuerdo quién) hace unos quince años o así”) y que “como a veces sucede, esa condición no ha implicado apenas actividad”. “Hay otras varias revistas, continúa, en que me ha sucedido lo mismo, en las que acepté participar de modo similar hace años y no he tenido noticias posteriores (algunas de ellas de cierto renombre)”.
No tengo ni idea de por qué aparezco en ese comité
Otros docentes universitarios ajenos a esta editorial confirman lo habitual de crear comités científicos con los nombres de personas que pueden conferir soporte y dar prestigio a las publicaciones sin que se espere de ellos que hagan nada al respecto.
“No tengo ni idea de por qué aparezco en ese comité. Supongo que cuando se inició la revista alguien me puso y quedó ahí mi nombre puesto”, explica otro más que, también, prefiere mantener el anonimato. “Dado el tema de violencia-acoso sexual, laboral y sectario en el que está envuelto todo el CREA, prefiero mantener las distancias”.
La investigación llevada a cabo para elaborar esta información también ha dado otros frutos. Desde luego, hay quienes sí conocían de su participación.
“Hace algunos años editor de la Revista Masculinidad y Cambio Social me invitó, en mi calidad de Profesor Investigador del Programa Interdisciplinario de Estudios de Género – PIEGE, de la Universidad de Guadalajara, México, a participar como miembro del Comité Editorial de dicha revista”, asegura Juan Carlos Ramírez Rodríguez quien confirma desconocer lo sucedido en Barcelona con la denuncia de 16 personas el pasado julio.
¡Me sorprendió mucho encontrar mi cara en el sitio web!
En los últimos días, según ha podido saber este periódico, la presidenta de Hipatia Press, Ana Burgués, ha enviado correos electrónicos a las personas que aparecen en los comités científcos bajo el asunto: “Confirmación sobre su permanencia en el consejo asesor”, y el título correspondiente a la revista.
En él explican que la semana que entra “lanzaremos una nueva versión de la página web”. Tras explicar algunas de las bondades de la nueva versión continúa diciendo: “Aunque en su momento aceptaste formar parte del Comité Científico de manera generosa, queremos preguntarte si, en esta nueva etapa con el equipo editorial de la revista renovado, deseas continuar formando parte del Comité”.
El correo termina dando las gracias a la persona “por tu compromiso con el proyecto”. Dicha persona es una de las que ha confirmado no conocer de su participación en uno de los comités descritos.
Este periódico ha intentado ponerse en contacto con varias de las personas responsables de diferentes revistas de la editorial para recabar su versión descritos sin recibir respuesta sobre ello.
CIMIE
Tal vez, uno de los casos más sonados sea el de Linda Hargreaves, hoy catedrática emérita de la Universidad de Cambridge.
La académica asistió al CIMIE 2012. Desde entonces y hasta hace unos días, la profesora apareció como parte del comité científico del congreso a lo largo de sus diferentes citas. “¡Me sorprendió mucho encontrar mi cara en el sitio web!”, asegura Hargreaves. “No sabía que formaba parte de este comité ni que jamás había aportado ningún consejo”.
La académica ya no aparece en la web del CIMIE como parte del comité científico. “He solicitado que me eliminen del sitio web, sobre todo porque han pasado más de diez años desde que me retiré de la vida académica”, cierra.
Ese consejo asesor ahora lo forman cuatro personas. Una de ellas es Shirley Steinberg, profesora de la Universidad de Calgary. A preguntas de este periodista, asegura: “Sí, pertenezco a CREA, sí, conozco a Ramón; lo conozco desde aproximadamente 2003, conozco a todos los becarios originales de CREA; siguen siendo mis amigos”.
También está Martí Teixido en calidad de doctor de la Sociedad Catalana de Pedagogía, desde 2019, cuando la organización se incorporó como entidad colaboradora. Desde entonces, asegura haber colaborado más o menos, “según necesidades”.
Otro nombre ha desaparecido de ese comité científico después de una petición expresa para retirarlo. Ha solicitado, así mismo, que no se revele su nombre. “Ya no quiero que me asocien con ellos”.
Este periodista ha contactado con Esther Roca, como presidenta de la Junta de AMIE, asociación responsable del congreso, así como con Ana Burgués, secretaria de la asociación, para conocer sobre lo sucedido. Ninguna de las dos, al cierre de esta edición, ha contestado.


