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En el ámbito de la biología marina, las proliferaciones masivas y la introducción de especies invasoras de medusas en nuevos ecosistemas comparten características muy específicas: a menudo, su aparición inicial pasa desapercibida, prosperan en condiciones donde otras especies perecen y, finalmente, cuando las condiciones les son favorables, se multiplican exponencialmente y suelen ser imparables mediante métodos convencionales. En el artículo Anthropogenic causes of jellyfish blooms and their direct consequences for humans: a review ([Causas antropogénicas de las proliferaciones de medusas y sus consecuencias directas para los humanos: una revisión], 2007), Purcell, Uye y Lo enumeran las consecuencias directas de estas invasiones para los sistemas humanos, como el bloqueo de los sistemas de refrigeración de las centrales eléctricas o la destrucción de redes de pesca.
Este comportamiento biológico de «bloqueo físico» es exactamente el motivo por el cual la autora canadiense Boum decidió escoger a estas masas gelatinosas para referirse, con simpatía, a los problemas de visión que padecía en su ojo derecho, y que la acompañaron durante tres lustros desde 2007 hasta la pérdida completa de la visión en 2021. En realidad, lo que ella veía eran escotomas, es decir, puntos ciegos o zonas de visión borrosa u oscura dentro del campo visual, como moscas volantes, que están rodeados por un área de visión normal. La palabra viene del griego skotos, que significa literalmente «oscuridad». Existen diferentes tipos de escotomas, y son un síntoma característico de la degeneración macular, en la que las células de la mácula se van deteriorando progresivamente, la mayoría de las veces asociada a la edad, y que puede llevar a la pérdida total de visión, con mayor o menor velocidad, pero gradualmente.

En las entrevistas promocionales, Boum explica que esas moscas volantes y la ceguera parcial afectaron gravemente a su percepción de la profundidad y a su capacidad para dibujar en papel, causándole dolores de cabeza y visión doble. Quiso explicar su experiencia personal para mostrar el proceso de duelo anticipado que atraviesan las personas que viven una cuenta atrás inexorable ante una discapacidad visual inminente que, en el caso de una persona joven, irrumpe inesperadamente, rompiendo los planes de vida y obligándola a readaptarse a esa nueva identidad personal, aceptando que se puede ser alguien independiente sin el sentido de la vista.
El resultado es la novela gráfica La medusa (La méduse, 2022), con guion y dibujo de Boum, publicada en castellano en enero de 2026 por Ediciones La Cúpula, con traducción del francés de Sara Díez Santidrián. La historia está protagonizada por Odette y su devenir a lo largo de las cuatro estaciones de un año completo; una joven de veintipocos años, con un trabajo estable en una librería, que vive en un pequeño apartamento en la ciudad de Quebec. Un personaje ficticio que resultó liberador para la autora, como ella misma reconoce, al representar el proceso que experimentó en primera persona, pero en piel ajena, a modo de catarsis que le permitía mostrar a los lectores y a los profesionales médicos el calvario que vive un paciente que sufre estos síntomas. Y el recurso gráfico no podía ser otro: la medusa a la que ella se refería coloquialmente es representada en las viñetas como una molestia perenne que acompaña a la protagonista a lo largo de todo el día, incordiándola en primera instancia, limitándola al final del relato.

La novela gráfica se enmarca en el concepto de «medicina gráfica», y destaca especialmente por el recurso escogido de integrar la discapacidad en el propio formato del cómic: la mancha negra con tentáculos no solo tapa la visión de Odette, sino que bloquea físicamente las viñetas, impidiendo al lector ver la historia completa, de un modo similar a lo que le ocurre realmente a ella misma. Esta decisión creativa se convirtió en una herramienta pedagógica para mostrar a sus seres queridos la ansiedad constante con la que vivía y el miedo a no saber qué pasaría con su vista, ante unos síntomas que resultan invisibles para el resto. Curiosamente, escribió la historia antes de perder la visión por completo, como una forma de canalizar ese miedo. Ahora, esa medusa dibujada a modo de mancha en las viñetas obliga al lector a empatizar con la protagonista ante la pérdida sensorial, visualizando su efecto sobre el día a día, en acciones cotidianas y ante una profesional que trabaja en una librería.
Utilizar esta metáfora visual de manera extendida (y expansiva, puesto que va empeorando conforme cambian las estaciones) a lo largo de la obra implica que esta no solo se narra con palabras, sino que altera la arquitectura de la página y modifica la percepción del lector, obligándolo a esforzarse por descifrar las viñetas oscurecidas. En ese sentido, tal y como explora el seminal ensayo Graphic Medicine Manifesto (2015), de Czerwiec et al., el cómic elimina la distancia entre el paciente y el observador, convirtiendo la lectura en un acto de empatía somática (sentir la dificultad y la asfixia en el propio acto de leer). Esta es una publicación fundamental para comprender la importancia de la intersección de los cómics y la atención médica, escrita a modo de invitación a repensar las formas en que nos involucramos con la medicina, la enfermedad, la discapacidad y el cuidado a través del poder de la narración visual.

Ese recurso que Boum utiliza en la novela gráfica, donde los tentáculos de la medusa bloquean las viñetas y los bocadillos de texto, es lo que el historiador belga Thierry Groensteen llamaría «una disrupción del equilibrio espacio-tópico de la página». Su ensayo Sistema de la historieta (Système de la bande dessinée, 1999) está considerado «una de las obras fundamentales para los estudios teóricos sobre cómic, impulsando nuevas formas de analizar este medio y comprender su especificidad frente a otros lenguajes artísticos», según indica Ediciones Marmotilla en su página promocional. Groensteen sostiene que el cómic no se lee viñeta a viñeta aisladamente, sino a través de la arquitectura de la página entera: el equilibrio «espacio-tópico» es la relación de tamaño, posición y espacio en blanco que organiza la lectura. Aplicando esta teoría a la obra, cuando un elemento (como la medusa de Boum o una mancha negra) rompe esos bordes e invade otras viñetas o el espacio en blanco, la autora está destruyendo la sintaxis habitual de la página. Esta disrupción arquitectónica genera en el lector una sensación inmediata de caos, pérdida de control y ruptura de la normalidad, reflejando el estado clínico del personaje.
Boum toma también otra decisión estética crucial: la obra está dibujada principalmente con tonos grises de lápiz, suaves y texturizados, que representan el mundo cotidiano y frágil de Odette. Sin embargo, la medusa está dibujada con un negro sólido, plano y opaco. Este contraste refuerza la sensación de asfixia de tres maneras: el espacio en blanco (el fondo de la página, los márgenes entre viñetas) es devorado paulatinamente por la oscuridad, provocando que, visualmente, la página se vuelva más oscura, pesada y claustrofóbica; la vida de Odette tiene matices (los grises de las viñetas), lo que implica esperanza, dudas y vida; en cambio, la medusa, al ser un negro digital sin textura ni gradación, representa lo irreversible de la ceguera, sin matices en esa oscuridad; por último, al final de la obra, el negro inunda páginas enteras, lo que lleva al lector a experimentar una «ceguera» temporal al no poder distinguir los límites de los dibujos ni leer los textos, sintiendo la misma desesperación y asfixia sensorial que la protagonista.

Todas estas elecciones artísticas sin duda han contribuido a las numerosas nominaciones y premios obtenidos en diferentes eventos nacionales e internacionales. De todos ellos, destaca especialmente el Will Eisner Comics Industry Award conseguido en 2025, uno de los premios más prestigiosos de la industria del cómic otorgados en Estados Unidos desde 1988, con una variada propuesta de categorías que permiten considerar las diferentes especialidades del sector. En concreto, ganó el premio a la Mejor Edición Estadounidense de Material Internacional, el mismo año que obtuvo el Graphic Medicine Award por esa misma edición en inglés.
Estos reconocimientos ponen en valor, una vez más, la importancia del lenguaje del cómic como herramienta pedagógica, en este caso para mostrar una historia profundamente humana, universal y aterradora por momentos, que captura perfectamente la ansiedad de enfrentarse a una crisis de salud en la juventud mientras se intenta mantener la independencia. La autora se alegra de haberse decidido a realizar una novela gráfica, puesto que la idea original era un cortometraje de animación tradicional. Llegó a presentar el guion gráfico al National Film Board de Canadá y quedó entre los tres finalistas. Boum valora en las entrevistas no haber ganado, «ya que la película habría durado solo cinco minutos y habría sido una versión muy superficial de la historia que finalmente pude contar en el cómic».

Boum venía de publicar Boumeries (2011-2020) durante casi una década, unas tiras cómicas autobiográficas ligeras y episódicas. Al final de esa década, publicó la novela gráfica Nausées matinales et autres petits bonheurs ([Náuseas matutinas y otras pequeñas alegrías], 2019), que, aunque trataba de responder a las preguntas asociadas al embarazo a través de su propia experiencia, también utilizaba tiras cómicas autoconclusivas de una página. Una novela gráfica de la extensión de La medusa, y con un arco dramático tan profundo, supuso un reto creativo que ha superado satisfactoriamente a tenor de las críticas y galardones. Pero, a pesar de la dureza de la trama, hay que reconocer que las páginas transpiran un optimismo reconfortante.
En el año en que se desarrolla la historia, desde el invierno inicial al otoño final, la familia, los amigos y su incipiente pareja son una palanca fundamental para sobreponerse ante lo que se conoce como un «duelo anticipado», el proceso psicológico que comienza en el mismo momento en que se recibe el diagnóstico de una pérdida irreversible que ocurrirá en el futuro. A diferencia del duelo tradicional (que empieza después de la pérdida), aquí la persona llora y procesa la ceguera mientras aún puede ver. Como señalan los expertos, «más que ofrecer simple consuelo, un entorno afectivo sólido y bien informado actúa como un anclaje vital: evita la trampa de la sobreprotección incapacitante, valida los miedos inherentes a los constantes deterioros visuales y ayuda a reconstruir la identidad del afectado». Es precisamente este acompañamiento el que permite a la persona comprender que, aunque el paisaje visual se desvanezca, su capacidad para llevar una vida plena, independiente y conectada con su entorno permanece absolutamente intacta. Y, como siempre, habrá que darle la razón a su madre, cuando esta aparece cargada de táperes con comida y recoge la ropa de Odette para lavarla, ante lo cual la joven exclama gritando que no necesita su ayuda. Su madre, mientras abre la puerta de la vivienda cargada con el fardo de ropa, le contesta con serenidad: «Cariño, deberías aceptar la ayuda cuando se te ofrece».



