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Carmelo Marcén

Viajes sin salir del aula. Destino la Antártida Carmelo Marcén

Un hipotético viaje a la Antártida puede ser una buena herramienta de aprendizaje para que la vida más allá de la escuela entre en el aula.

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Fotografía de Unplash CC0 / Pixabay

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Mark Twain nos animó una y otra vez a explorar, a soñar y descubrir. En la escuela del pasado se solía viajar leyendo -a veces en una escucha colectiva-, de la mano de autores tan reconocidos como Marco Polo, Stevenson, Kipling o Saint-Exupéry; también Herodoto, Estrabón e Ibn Battuta que nos pincelaron el mundo antiguo.

Desgraciadamente, en nuestras clases ha desaparecido el carácter nómada de las viejas historias de Livingstone vs Stanley o Cook, o las que se inventó Julio Verne. Sin embargo, las nuevas tecnologías nos acercan documentales de calidad -un buen reportaje puede ser tan fascinante como una visita real- que permiten organizar una aventura colectiva.

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Nos apasionan más los que exploran mundos lejanos, por ejemplo la Antártida. Una lectura imaginativa de esa película se convierte en un cuento novelado que nos ayuda a contraponer invierno y verano -lo que significan temperaturas extremas allí y en nuestra ciudad-; desierto por falta de precipitaciones con capas de cielo de centenares de metros; posibilidades de colonización turística con preservación de enclaves singulares que son tesoros de la humanidad; mediciones en un mapa para entender lejanía en hemisferios y también día y noche.

El simple hecho de imaginar un viaje hasta allí, donde poca gente va e irá, permite conjeturar sobre qué haríamos en el continente helado; incluso antes cómo llegaríamos, o qué vestimentas nos llevaríamos. Estos asuntos de logística sirven como excusa para el diálogo, para fomentar el trabajo en equipo y la búsqueda de información.

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Además se puede hablar de que los científicos viajan a la Antártida -donde se marcan todavía los límites de la vida porque los humanos no los han hecho suyos- para investigar. Scott y Amudsen buscaban otras cosas hace 106 años; también sería conveniente conocer su historia y escuchar la canción “Héroes de la Antártida” que les dedicó Mecano. Ahora los científicos se preguntan, absortos en su silencio admirativo y menos literario, cómo está afectando allí el cambio climático, si el hecho de que el agujero en la capa de ozono se abra o se cierre nos anuncia otros cataclismos.

Al mismo tiempo, allí donde compiten los blancos del suelo con negros nubarrones que exhibe el cielo sin avisar; se pueden observar adaptaciones de los seres vivos a situaciones límite de temperatura o aislamiento. En este inmenso territorio, casi 30 veces el tamaño de España, laboratorio de nuestros científicos y nuestro destino imaginado, el desierto es hermoso en su aparente sencillez y monotonía, pero los científicos aseguran que están ocurriendo cambios profundos en unos pocos años por el aumento de la temperatura global; una aventura diferente e inquietante que necesitamos conocer en directo.

Ya no caben en la escuela interpretaciones lineales del tipo de las lecciones escolares -estáticas y descriptivas- que definen el bioma antártico en lo supuestamente establecido para aprender. La vida diversa, grandiosa o pequeña, segura o impredecible, próxima o lejana, llama constantemente a la puerta de la escuela para configurar currículos abiertos. Dejémosla entrar.

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Carmelo Marcén Albero (www.ecosdeceltiberia.es)

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