Aula

Guadalupe Jover

Claustros enmudecidos Guadalupe Jover

¿En qué momento dejamos de mirarnos las caras y hablar entre nosotros para pasar a mirar y hablar tan solo a quienes presiden el claustro? ¿En qué momento pasamos de analizar, debatir y decidir, a ser meros receptores de información ya procesada?

Guadalupe Jover

6/6/2019

Enlarge

Imagen de archivo

Publicidad

Hace ya un buen puñado de años, cuando empecé a dar mis primeros pasos como profesora de instituto, los claustros se celebraban en la biblioteca, nos sentábamos en círculo y todo en la vida escolar era objeto de debate. Hoy día los claustros se celebran en las salas de usos múltiples, reproducimos la disposición tradicional de las aulas -con sus filas de a uno y su mesa presidencial -, y no se dialoga apenas.

El uso del espacio importa. De hecho, el modo en que los interlocutores se sitúan en él es un buen indicador del tipo de comunicación que entre ellos se establece: más jerárquica o más democrática, más unidireccional o más participativa, más predeterminada o más abierta a la iniciativa de los hablantes. Un claustro, como casi cualquier situación comunicativa -desde una liturgia religiosa a una comida familiar- tiene sus ritos y sus rutinas, y está bien que así sea. Pero, ¿en qué momento dejamos de mirarnos las caras y hablar entre nosotros para pasar a mirar y hablar tan solo a quienes presiden el acto? ¿En qué momento pasamos de analizar, debatir y decidir, a ser meros receptores de información ya procesada?

Publicidad

Me cuesta recordar los nombres y los rostros de quienes fueron mis primeros directores. No he olvidado, sin embargo, los de aquellos colegas cuyas intervenciones en los claustros ensanchaban mi mirada sobre la educación hasta proyectarla más allá de las aulas; colegas de quienes aprendí que la educación es política, que cualquier decisión tiene implicaciones sociales y políticas, y que quienes las niegan son siempre quienes tienen la sartén por el mango (o carecen del más mínimo sentido crítico). Cuántas cartas, comunicados o reivindicaciones se gestaron entonces. Cuántas transformaciones tan lentas como medulares en lo que aún ni siquiera llamábamos proyecto educativo de centro salieron de ahí. El director -la directora- era entonces un primus inter pares, y nadie hablaba de profesionalizar la función directiva como nadie pretende hacerlo hoy en día con los decanos, los rectores o los alcaldes.

Jamás escuché entonces que lo que allí se dirimiera fuera la imagen del centro ni jamás se pronunció un posesivo: nuestro instituto. El compromiso era con la escuela toda, y tan acendrado estaba el sentido de lo público que cualquier colegio público, cualquier instituto, eran también los nuestros. Con frecuencia colaborábamos con ellos -o nos manifestábamos con ellos-. En los centros de profesorado -hoy tristemente desaparecidos en muchos territorios- nos formábamos todos juntos y teníamos la sensación de abordar con herramientas análogas los problemas comunes.

Publicidad

Cuánto han cambiado las cosas. En la Comunidad de Madrid, donde trabajo, los claustros hace tiempo que dejaron de ser foros de deliberación y debate. Se transmite información, se proyectan estadísticas y se acalla cualquier intervención alegando que “no es competencia del claustro”… o mirando el reloj con impaciencia.

Tantas movilizaciones hace apenas cinco años en defensa de la escuela pública y, en este escaso lapso de tiempo, la escuela pública ha pasado a ser gestionada -este es ahora el verbo- como una escuela privada. En las estadísticas lo que importa es quedar una décima por encima de los resultados de los otros centros de la localidad o de la Comunidad entera. Vano es advertir que ni en uno ni en otros superamos el 75% de los estudiantes que, habiendo llegado a 4º ESO -¡cuántos se nos perdieron por el camino!-, logran sacar el título de Secundaria. Inútil sugerir que indaguemos en las causas y tratemos de ponerles remedio, exigiendo de la Administración educativa los recursos que faltan -desde ratios y tiempos hasta profesionales de los departamentos de Orientación, sin cuya intervención gran parte de nuestro alumnado permanece en una situación de vulnerabilidad absoluta- y disponiéndonos como equipos docentes, como departamentos didácticos, como claustro de profesores, a ver en qué estamos fallando y en qué podemos mejorar. Porque no, el objetivo es otro. Mejorar en los rankings. El ranking por el ranking mismo.

Se aprueban sin apenas debate alguno -o contra la voluntad del claustro- los programas de bilingüismo, fuente de sangrante segregación dentro y fuera del centro; se pide la adhesión del instituto a cualquier iniciativa de la Administración que suponga poner “un sello de calidad” en la fachada del centro, por más que las prácticas cotidianas sigan siendo las mismas; se acepta el desembarco de cualquier empresa, banco o fundación que dé visibilidad al colegio o instituto en este mercado de la educación en que, al parecer, todos estamos llamados a competir. Pretender manifestar una reserva implica “poner el cuerpo” contra el sentir mayoritario, y de ahí es difícil salir indemne.

Publicidad

Sé que afortunadamente hay excepciones a este triste panorama que dibujo. Que hay claustros donde se dialoga de cuestiones pedagógicamente relevantes, donde se toma la iniciativa, donde se habla y se escucha. Sé también que hay directores que, aunque la LOMCE no los obligue a ser democráticos, son conscientes de que tampoco se lo prohíbe y que, por tanto, pueden seguir sometiendo la Programación General Anual, por poner un ejemplo, a la discusión y votación del claustro de profesores y del consejo escolar. Pero mucho me temo que son los menos. Sea como sea, mirémonos en ellos para no perder los restos de dignidad profesional que nos queda.

Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria

Publicidad

Comentarios

  • Jubilada

    Después de más de 38 años de docencia, me he jubilado con un sabor amargo. Suscribo todo lo que escribes. El autoritarismo de los cargos directivos y el mirar para otro lado de las administraciones públicas, han convertido los centros en el lugar que usan algunas personas (me resulta difícil llamarlas compañeros) para su propio provecho, ninguneando a todo aquel que se les enfrenta, sabiendo que van a estar en el cargo por un largo periodo hagan lo que hagan.
    No veo en las nuevas generaciones el sentimiento de unidad, el sentimiento de que somos la escuela pública. Solo veo enchufes y favores, segregación llamado bilingüismo, actividades extra escolares prohibitivas para una gran mayoría de alumnos y un sin fin de despropósitos impensables para mí hace unos años.

    14/06/2019
  • Lucía

    Pero, vamos a ver: ¿qué podemos HACER en un claustro si la LOMCE y leyes anteriores (si no recuerdo mal…) no dejan al claustro casi ninguna toma de decisión???
    No podemos hacer NAAAADA. Ni siquiera elegimos a nuestro director/a, y de nada sirve la evaluación negativa de los miembros del Consejo Escolar para poder cambiarlo.
    Hay directores, ciertamente, que son democráticos. Pero… en muchos casos no es así. Y no podemos hacer nada, repito, nada. Ni siquiera tenemos el apoyo de inspección, que suele mirar para otro lado. Triste, muy triste… Y también es cierto que un gran número del mismo son profesores en Comisión de Servicios que rinden pleitesía a quien sea con tal de seguir en el centro. Siento mucha impotencia, la verdad. Muchas veces las graves problemas de un centro son vox populi y…. aún así, nada de nada.

    12/06/2019
  • Fulgen

    Gracias Guadalupe por describir esta triste realidad de esa forma con la que tanto me siento identificada.Los que mostramos inconformidad y nos atrevemos a dar una opinión contraria a la mayoría a veces nos sentimos el bicho raro del rebaño.Ufff… cuanto me alegro …

    10/06/2019
  • Jesús Yarza

    ¿Para cuándo una verdadera transversalidad entre materias? . Además de recuperar la comunicación entre los profesores en los claustros, debemos plantear un verdadero trabajo en equipo, no solo de coordinación, sino de verdadera cooperación, acabando con la estanqueidad de las materias.
    El trabajo por proyectos es un avance, pero los currículos deberían ya incorporar esa transversalidad promoviendo y exigiendo esos espacios comunes de trabajo. Quizá así los claustros serían necesariamente espacios de comunicación y colaboración. Un saludo.

    10/06/2019
  • Susana R. Alemparte

    Pensaba que era la única que experimentaba estas percepciones de la vida del claustro, y me he sentido reconfortada al saber que no soy la única y que sucede en muchisimos mas centros de lo que me imaginaba.
    Todas las experiencias que comparten otros compañeros y compañeras son las mias.
    Qué tristeza a dónde ha llegado la educación….. Cuanto miedo hay y cuanto autoritarismo.

    09/06/2019
  • María

    Cabe añadir a todo lo expuesto que la forma de ingresar en el claustro de profesores determina en gran parte la falta de democracia en los centros: en mi área geográfica algunas vacantes se cubren tras una entrevista con el director, el claustro está formado, en un 70 % o más, por interinos a los que se les renueva o no el contrato según el grado de disidencia con el poder, a los más afines y menos críticos con la gestión de centro se les crean «plazas estructurales», es decir, una especie de contrato fijo a pesar de no haber aprobado una oposición. Resultado: la complicidad con el poder queda asegurada y los funcionarios que se atreven a debatir son automáticamente marginados. La ley del silencio se impone.

    09/06/2019
  • María

    Claustros, sala de profesores y pasillos totalmente enmudecidos.
    Nadie habla , nadie opina ¿ miedo ?
    Triste panorama el de la educación actual.
    Eso sí: adolescentes sin formación hablan , opinan , tienen derechos…
    Y los directores de los centros se dejan manipular por ellos

    08/06/2019
  • Arantxa

    Que triste si, y en ESO o en bachillerato, per cd se trata de educacion Primaria…mas triste aun…lo de mirar el reloj y querer correr…y achantarse, firmar y que decida el equipazo..triste, muy triste…

    08/06/2019
  • Mauro

    Gracias Guadalupe por tus palabras. Llevo 30 años en la enseñanza, y necesito compañeros de viaje que me hagan recordar otros tiempos. Cada vez son menos los que tienen la facultad de recordar. La continua y necesaria renovación del profesorado arrebata la memoria colectiva, por ello tus palabras hoy son aún más necesarias.

    07/06/2019
  • Mila

    Gracias por describir esta dura realidad.Totalmente de acuerdo.La educación pública en manos de borregos ,sin opinión crítica.

    07/06/2019
  • Ely

    Suscribo lo q dicen las compañeras.

    07/06/2019
  • MiM

    Es cierto, en estos momentos no está la educación en manos de los docentes solamente de la jerarquía de los centros.

    07/06/2019
  • FPL

    ¡¡Yo también comparto todo lo que manifiesta la compañera .Y además me da pena de pensar que cuando se haya ido el último profesor/a que haya conocido los claustros de debate, sólo quedarán borregos que acatarán las órdenes de la jerarquía, pero en esto ha habido mucha connivencia de los sindicatos. No sé porqué!!😕

    07/06/2019
  • Ana

    Gracies por exponer esta cruda realidad que nos afecta y nos duele.
    ¿Cuándo? En el momento que el departamento de educación apostó por otro modelo.

    07/06/2019
  • María G.

    Coincido totalmente. Cómo echo de menos esos Claustros y aquellos tiempos. Han pasado ya unos años..

    06/06/2019
  • Nuria

    Has descrito totalmente lo que estamos sufriendo en mi IES.
    Algunos lo llamamos la dictadura de la felicidad.
    No se regaña ni se les llama la atención al alumnado, pero a los docentes…eso ya es otra historia.
    Me he tirado 4 años allí y creo que ya tengo algo de tablas, al menos más que alguna recién llegada que nos quiere someter a estar felices aunque el alumnado nos humille constantemente y todo por que hay que entenderlo .
    Pero, quién nos entiende a nosotros….

    06/06/2019
  • María Elena

    En realidad, estoy impresionada. Me preguntó también en qué momento olvidamos que cambiar los derechos como pertenecientes a un claustro por favores personales en el despacho del director no iba a tener un precio. Tan alto precio! Gracias, Guadalupe!

    06/06/2019
  • María Elena

    Así tal cual lo vivo hace ya unos años largos. Y va en aumento. Despotismo iletrado lo denomino.

    06/06/2019
  • Elena H. G

    Comparto todo lo que manifiesta la Compañera!!

    06/06/2019

Escribe tu opinión