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ApS: Así transformamos (y nos transformamos) desde nuestro centro

Aprovechando la convocatoria del Premio Aprendizaje-Servicio 2017 nos acercamos a algunos proyectos que han quedado finalistas o han resultado ganadores, o que destacan por su carácter pionero o su potencial para cambiar inercias.

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La Red Española de Aprendizaje-Servicio, con Fundación Educo y Editorial Edebé, acaba de abrir, hasta el 30 de septiembre, el Premio Aprendizaje-Servicio 2017, al que se pueden presentar todos los centros de Infantil/ Primaria, ESO, Bachillerato y Formación Profesional que estén llevando a cabo prácticas en esta línea, que compagina la adquisición de conocimientos, habilidades, actitudes y valores con un servicio a la comunidad.

La pedagoga Roser Batlle, embajadora de esta metodología en España, asegura cómo “desde el minuto cero ha sido muy bien recibida, pues entronca con la tradición pedagógica de muchos centros de abrirse a la comunidad, a los que quizá les faltaba vincular esa acción solidaria de forma explícita con los aprendizajes”. Surgida en EEUU, para Batlle es más natural fijarnos en América Latina, donde se ha extendido de forma increíble, “con Argentina como referente en calidad académica e impacto social”.

De Buenos Aires proceden dos buenos ejemplos que Batlle reseña: chicos y chicas de la facultad de Veterinaria trabajando en barrios marginales con un consultorio semanal para evitar la transmisión de enfermedades zoonóticas; o alumnos y alumnas de FP de Óptica elaborando lentes de bajo coste recetadas por el oftalmólogo médico del barrio. A veces, en ApS, lo que destaca no es lo sofisticado, sino lo sencillo y lógico, el “¿Cómo no se nos ha ocurrido antes?”.

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En nuestro país, hay contagio (así se tituló, en 2013, el libro de Batlle: El Aprendizaje-Servicio en España: el contagio de una revolución pedagógica necesaria). Sobre todo con el inicio de esta década, en que han proliferado diversos proyectos que, como han demostrado investigadores como el estadounidense Andrew Furco, revelan el impacto del ApS en lo académico y la convivencia.

Los servicios a la comunidad ya no sirven solo para reinsertar, ya no son solo una alternativa a una pena, lo que priva al resto de la población de sus beneficios. Cada vez son más los que le ponen nombre a lo que llevan tiempo haciendo.

“Un criterio de calidad de un proyecto de ApS -dice Batlle- es la voz que se les da a los estudiantes: cuanto antes y cuanto más participen en el diseño, ejecución y evaluación de la experiencia, más positivo será el impacto en ellos mismos, el clima del aula, de la escuela, en el aprendizaje y en la comunidad”. Otro, es la reflexión que acompaña a lo que están haciendo, cómo logran ponerse en el lugar del otro, tratar de entender su situación, desarrollar su sentido crítico… Aquí, algunos ejemplos:

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‘Safalud’: Pioneros en salud escolar

La promoción de hábitos de vida saludables se ha convertido en una preocupación en los últimos tiempos para el Ministerio, que incluso ultima un plan estratégico con las comunidades autónomas. En el colegio Sagrada Familia-Grial de Valladolid llevan desde el curso 2009-10 con su proyecto Safalud (del acrónimo del nombre del centro y salud) en marcha. El centro, concertado, escolariza desde 2 años a Bachillerato y FP, y precisamente en el Ciclo Superior de Dietética surgió la idea de aprovechar sinergias: los alumnos y alumnas del último curso podían aplicar la teoría que aprendían, justo antes de hacer las prácticas, con los niños y niñas de Infantil.

“Se trata de iniciarles en buenos hábitos centrándonos cada curso en un tema (desayuno saludable, consumo de fruta y verdura…)”, explica Mabel Pérez. Profesora de FP (y enfermera), sin saber si estaba haciendo ApS convirtió a su alumnado en educadores sanitarios, definiendo los objetivos, documentándose, diseñando las actividades, y llevando a la práctica su plan escolar con 150 niños en los tres últimos cursos de Infantil.

Este proyecto surgió de una necesidad: “Este ciclo no se ha reformado y en 2º tenemos solo tres asignaturas con bastante carga horaria, es una forma de hacer la materia más atractiva para un alumnado que viene de trabajar de una forma diferente, por proyectos, en aprendizaje cooperativo, y que es lo que demanda”.

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En este caso, el proyecto cuenta para nota, y los protagonistas se encargan de la rúbrica en que definen cómo se evaluará el portfolio que resultará de la experiencia.

La primera duda al plantear la actividad es la edad de los destinatarios: “¿Los de tres años cómo son?”, preguntan chicos y chicas de 20… Pero, ya metidos en harina, les suele enganchar tanto el trabajo con los niños que no quieren oír hablar de un cambio de grupo. Incluso se han dado casos de alumnos que eligieron el ciclo para luego cursar una carrera sanitaria y, tras esta experiencia, se han decantado por Magisterio.

¿Y el impacto en los pequeños? Pérez reconoce que es difícil de medir: “Es como plantar una semilla, hay que esperar”. A veces sienten que luchan contra los elementos, contra la falta de tiempo de las familias, que han de ir a lo fácil, que no siempre es lo mejor… Contra esto, poco pueden hacer sus marionetas, actividades manipulativas, catas de fruta y verdura… O no: “Les mostramos fotos de sus niños comiendo distintos alimentos y suele surgir la sorpresa: ‘¡Pero si en casa no lo come!’. Pretendemos ese cambio, que sea el niño el que te diga que eso es malo, que es bueno comer más legumbres, o hacer más ejercicio”.

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El paradigma del programa de donación de sangre

El programa ‘Aprèn, particia i dóna’, promovido por los bancos de sangre y la Generalitat, es toda una institución en Cataluña. Uno de sus abanderados es la escuela Maristes Champagnat de Badalona. Su orientadora, Maria Rosa Esteban, explica cómo el ApS llegó al centro en 2008, dentro de dos asignaturas hoy desaparecidas, Ciudadanía de 3º de ESO y Ética de 4º. De entonces surge su colaboración con el banco de sangre: “Los chicos se forman, se organizan en función de sus habilidades, deciden sus objetivos, el modo de evaluar…”. Aunque son casi 10 años, cada curso surgen ideas nuevas para promover la donación, y las campañas de difusión con flyers y cartas a distintas instituciones, obras de teatro, programas radiofónicos o vídeos se completan con la acción en redes sociales, con el apoyo de distintas personalidades.

El objetivo es cubrir las donaciones que faltan. Los alumnos ven día a día qué necesidad hay de cada tipo de sangre y trabajan con eso. Se montan espacios de donación en el centro, se preparan detalles para regalar al donante… El proyecto se va profesionalizando, y el impacto se nota. Si en 2008 lograron 30 donaciones, este año han sido casi 100. “En este tiempo, calculamos que hemos podido salvar alrededor de 1.000 vidas”, señala Esteban.

El proyecto se está trabajando en las horas de tutoría, en 4º de ESO, y el profesorado cada vez se vincula más: si dos docentes donaron en 2008, ahora rondan la veintena.

Proyecto ‘CREECE’: No es coincidencia, es contagio

Ganador del primer premio 2015, este proyecto del CEIP Atalaya de Atarfe (Granada) implicó a más de 1.000 personas de la localidad (incluidos los otros siete centros educativos) para restaurar el mayor estanque del municipio. La maestra Esther Diánez explica cómo su escuela “siempre ha tenido la idea de actuar no solo con el entorno, sino sobre el entorno”. Hace cinco años decidieron no actuar solos: “Teníamos una feria científica y decidimos sacarla del centro, cooperar con otros colegios. Hasta entonces parecía como si compitiéramos, cada uno miraba lo que hacía el vecino, lo que era un poco ridículo (en nuestro caso, estamos a un muro del colegio de al lado). Pasamos de competir a cooperar, gracias al pegamento que supuso el equipo de orientación educativa, común a todos los centros”.

La prueba de fuego de este cambio de filosofía fue el proyecto CREECE (Comunidad para la Restauración Ecológica del Estanque del Corredor verde), un proyecto “de la escuela hacia afuera y transformadora del entorno”. “No queríamos ser receptores de iniciativas de otros, del Ayuntamiento, la Universidad, la Diputación… y fuimos nosotros quienes tuvimos que ir por las instituciones. El truco fue no pedir lo que sabes que no te pueden dar, sino lo que sabes que tienen pero no saben que te puede venir bien”, señala Diánez. Así, gracias a distintas aportaciones (instalaciones municipales, expertos universitarios trabajando desinteresadamente…) lograron restaurar un estanque muy degradado de la localidad.

De eso hace tres años. Hoy han vuelto ciertas especies invasoras, se ha roto aquel equilibrio, y cuando desde el Ayuntamiento han tratado de solucionarlo han ido a buscarles, a pedir asesoramiento de aquellos alumnos, profesores y expertos que participaron en el proyecto.

“Lo fundamental es entender el ApS como aprendizaje, no centrarse solo en el servicio”, aconseja Diánez. “Este es el producto final, pero detrás debe haber toda una secuencia didáctica de aprendizaje”. Otro error es pensar que en tu colegio no se puede hacer: “Nuestro entorno no estimula, pero precisamente aquí es donde más falta hace, donde más impacto va a tener un proyecto que va más allá del ‘hay que ver cómo está el pueblo’”.

Como muestra, dos padres de su colegio y profesores en otro centro cercano, el CEPR San Pascual Bailón de Pinos Puente, han logrado acabar con el ‘Ya, pero eso en nuestro centro es imposible’. Son Enedina Escobar y José Fuentes, primer premio ApS 2016 con Cuídate, cuídalo para prevenir la preocupante tasa de obesidad infantil en la localidad, en colaboración con el Ayuntamiento y el centro de salud.

‘Musicavis’: Melodía intergeneracional

Siete años llevan desde el Institut Mediterrània de El Vendrell (Tarragona) colaborando con un centro cívico local para conjugar música y abuelos en Musicavis. “Entonces lo del ApS estaba empezando, y yo tenía ganas de desarrollar un proyecto con cierto componente social en el que salieran los aprendizajes del instituto… Vi cómo esta metodología me podía ayudar y me decidí por esta iniciativa intergeneracional, porque en donde vivimos existen muy pocas actividades lúdico culturales para adolescentes y abuelos”, explica Josep Anton Marcé, profesor de música.

Unos y otros se juntan, comparten fotografías de su vida, leen poemas… También se preparan un repertorio de obras musicales. “A partir de lo que van a hacer con los abuelos se desarrolla todo el currículo: se desarrolla la competencia digital, con programas informáticos de música, el análisis musical, la introducción a la historia de le música… Además, es transversal, pues estamos coordinados con Literatura catalana y castellana para la lectura poética, desde la que se trabaja la lectura en voz alta, la dicción, la expresividad…”, explica Marcé.

Hay sesiones en el aula de Informática del centro cívico en que jóvenes y abuelos buscan poemas para leer y sesiones en que se representan los poemas mientras se va mostrando un montaje con fotografías en una especie de fiesta de fin de curso. “El objetivo es crear puentes de comunicación entre dos mundos muy distintos, hay abuelos que no cuentan nada y otros que lo han hecho al tercer año de Musicavis”, señala el profesor, que explica que el proyecto les viene bien para romper su rutina diaria, y que se crea bastante armonía entre ellos. “Para los abuelos es un soplo de aire joven. Para los chicos implica poner más acento en lo emocional, que en el instituto, con todo muy intelectualizado, suele estar en un segundo plano”, prosigue Marcé, que asegura que a él le facilita el trabajo como docente, al aumentar la motivación del alumnado: “Incluso con alumnado disruptivo ves cómo el tener un sentimiento de utilidad, les da fuerza. Lo que aprendes no solo te interesa a ti, implica a otros, y a corto plazo, no dentro de tres años. No es una curación de todos los males, pero genera una cierta ilusión por el aprendizaje”.

IES Marqués de Santillana: Retomar sanas costumbres

El ACE de Colmenar Viejo (Madrid) está vinculado al IES Marqués de Santillana. Finalistas el año pasado con el proyecto Servir para servir, este ha llegado el turno de Contar para contar. En él participan los 16 matriculados en esta Aula de Compensación Educativa a la que, como explica su profesor, Enrique Gómez, cada vez llegan chicos más jóvenes, desde 14 años. Algunos, con medidas judiciales. La mayoría, con problemas de absentismo y fracaso escolar que se remonta a Primaria, muchas veces acompañados de consumo de sustancias o situaciones muy complejas en casa.

Son adolescentes complicados, “los chungos del instituto”, como se ven ellos, y, con este perfil, el papel transformador del ApS es doble: “Mejora la asistencia, vinculamos a los chicos con una de las pocas experiencias de la que guardan buen recuerdo, Infantil, y les ayuda a superar miedos y vergüenzas”, relata Gómez.

Los “chungos del instituto” haciendo reír a niños de tres años, elaborando teatros japoneses (kamishibai) en el taller de carpintería, o mesas de luz en carpintería y electricidad, o jabones con sorpresa para promover el lavado de manos; leyendo poemas de Gloria Fuertes, haciendo una exhibición de beat box ante dos centenares de ojos expectantes que dan palmas al compás y al acabar les suplican “¿Me enseñas?”… “Al principio no quieren, pero luego ven que es un subidón, y se esconden detrás de una nariz de payaso para sacar muchas cosas… Se sienten hermanos mayores ayudando a los pequeños”, ilustra Gómez.

Son chicos que siempre están queriendo salir a fumar. La semana pasada en un colegio donde actuaron también le pidieron a Enrique salir: “Me sorprendió que no fuera para lo de siempre, sino para jugar en el patio con los niños”.

“Muchos son hijos del sistema bilingüe, en el que no han encajado, desde Primaria se han sentido apartados, por eso volver a Infantil es reconciliarse con el aprendizaje. Algunos incluso vuelven a ver a sus antiguas maestras. Esto sirve también para que los adultos se quiten los prejuicios en torno a este colectivo, para suavizar el modo en que se acercan a ellos”, prosigue Gómez.

Un compañero del instituto, profesor asociado de la UAM, Javier Nevado, les dio el empujón: “Para mí el ApS es una herramienta de futuro. No es nada vanguardista, bebe de la Institución Libre de Enseñanza, que ya vinculaba el aprendizaje al contexto, logrando que los chicos se sientan capaces de hacer cosas con sentido. Es algo, por otra parte, que en el Marqués de Santillana hicieron otros antes, cuando no se llamaba ApS, como Pedro Uruñuela [hoy presidente honorífico de la Fundación Convives], que fue profesor del centro y hace 30, 35 años, sacaba a los chavales del entorno escolar, a estudiar la fauna y la flora de los arroyos, a limpiar los cauces, a tomar conciencia de la conservación: No sabía lo que era, pero era una forma de enseñar que les valía a ellos y al entorno”.

 

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