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Entrevista a Inger Enkvist. Hispanista y pedagoga de la Universidad de Lund:

Entrevistas

“Los alumnos son, en última instancia, los responsables de su educación”

Esfuerzo y responsabilidad del alumnado y las familias, además de un profesorado más y mejor preparado con algunas claves para Inger Enkvist. Así como más exámenes en toda la obligatoria y marcar itinerarios diferentes.

Pablo Gutiérrez del Álamo 7/12/2017

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Fotografía: Jonas Andersson/ Universidad de Lund

Inger Enkvist, hispanista y profesora sueca, defiende la profesión docente como una labor de intelectuales, cultos y bien preparados. Un sistema educativo con itinerarios que dé a cada alumno todo lo posible para que desarrolle sus capacidades. Defiende el conocimiento frente al aprendizaje por competencias.
A finales de octubre participó en el XVII Encuentro Nacional de Inspectores de Educación en donde habló del papel de los diferentes agentes de la comunidad educativa en el aprendizaje.

Hablaste del papel de las familias en el sistema educativo…

Hablé de los diferentes grupos que intervienen en educación; del Estado, de los profesores, de los padres y de los propios alumnos. Para decir que si las cosas van bien o mal no solo depende de un grupo, y es fácil que la culpa la tiene el Estado, que tienen un mal sistema; o que la tienen los profesores… pero destaca la importancia del apoyo familiar, y que esto es una responsabilidad, no es una estadística. Los propios alumnos son, en última instancia, los responsables de su educación. Y si no hacen un esfuerzo, que tampoco pidan que haya un buen resultado. Esto no es solo una opinión, se ha comprobado y es de sentido común.

¿Las familias deben preocuparse más?

Sí. Hay una investigación británica de los años 50-60 en la que miraron niños de 7 años en los que había diferencias. Estas se debían no a un déficit de su lenguaje normal, social, si no a que algunos habían empezado más tarde su desarrollo intelectual, y otros habían avanzado mucho.

Hay también una investigación norteamericana, de Kansas en los 60, en una idea de acabar con las desigualdades, con bebés de 6 meses. Hicieron una grabación de una hora durante dos años y medio. Con 42 niños de diferentes grupos sociales. El resultado es que a los 3 años algunos tenían vocabulario activo de 700 palabras, mientras que otros de 2.100 palabras.

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Lo verdaderamente interesante es que encontraron un dato que no buscaban: los que que tenían un vocabulario de 700 palabras, habían oído algo así como 10 millones de palabras. El otro grupo, 30 millones. Además de lo genético, tenemos que algunos niños simplemente no han tenido acceso a más material que este. Si tus padres no te dirigen 20 millones de palabras extra antes de los 3 años esto no es culpa de la sociedad; pero es un dato que debemos tener en cuenta y debería hacernos cuidar mucho la calidad del profesorado en todos los niveles, también en primaria.

Si la familia no respeta a sus hijos tanto como para hablar con ellos, estar con ellos, porque por quererlos… ¿cómo lo compensas con medidas sociales? Otras investigaciones del mismo tipo vienen a decir que la atención de los padres, tanto de cariño como intelectual, y el esfuerzo del propio alumno para leer y aprender cosas intelectuales, son muy importantes para el desarrollo del alumno.

El concepto socioeconómico, que se utiliza muchísimo, es un concepto político porque se quiere evitar la idea de la responsabilidad personal.

Se dice en investigaciones como PISA que si se cuenta el índice socioeconómico los resultados se igualarían más, pero los niños no viven en una burbuja en la que esto pueda sustraerse…

Por eso hablo de un psicólogo norteamericano que se llama Laurence Steinberg que escribió hace algunos años Beyong de classroom: Why School Reform Has Failed and What Parents Need to Do (Más allá de la clase: Por qué las reforma escolar ha fallado y qué deben hacer las familias). Estudió cuántas horas dedicaban los alumnos a sus tareas. Adolescentes de 13 y 14 años, unos 20.000 jóvenes. Llega a la conclusión de que los que llama anglos, de origen étnico europeo, trabajan mucho pero no con los estudios. Participan en cosas de arte, deporte, trabajan, hacen mil cosas y se dedican a estar con los amigos… están muy ocupados. Pero dedican muy poco tiempo al estudio y, aunque no les sale mal, sí regular. Están muy por debajo de su capacidad de aprender. Los contribuyentes les pagan los estudios, y a ellos no les apetece aprovechar esa posibilidad.

Mientras, los alumnos asiáticos recién llegados a Estados Unidos sí se dedican a los estudios. Una escuela que es muchas veces pública, obligatoria, gratuita, necesaria para conseguir una plaza en la universidad, para tener un puesto fijo… las personas autóctonas lo toman como algo evidente, sin valor, sin importancia. Y los recién llegados ven el enorme valor de todo eso y lo aprovechan a fondo. Esto demuestra que es el puro esfuerzo la gran diferencia entre los anglos y los vietnamitas, los coreanos, los chinos. Es el esfuerzo. Y también quizás el apoyo de los padres. Diría que las familias anglo queremos a nuestros hijos pero no les exigimos tanto.

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¿Cómo cambiamos la mentalidad de unos jóvenes?

La solución está en la educación. Con algo tan sencillo como tener unos exámenes exigentes, restringir un poco la entrada a la universidad en vez de abrir las puertas a quien se acerque por ahí… esto no cuesta dinero.

El ministro Wert decía que si la PAU la pasaba tanta gente es que no funcionaba bien…

Claro, claro… es obvio. Cuando alguien oye que el 95% pasa y puede seguir, uno no piensa en el nivel de estímulo que tiene un examen; no es solo comprobar que a una edad los alumnos de un país tienen ciertos conocimientos. La idea es que con el examen trabajen más, que se esfuercen más y que aprendan buenas costumbres de trabajo. Lo que veo en la universidad.

No es solo que tengan menos conocimientos, es que no tienen esta costumbre automática de trabajar, de ponerse una meta. Esto es una técnica y si aprendes a hacer esto en la ESO, no te cuesta luego nada..

Hay quien critica ciertos exámenes porque segregan o dejan fuera a ciertos alumnos…

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Sí, esto se dice, por todas partes, lo repiten y lo repiten, pero esto es una falacia, a mi modo de ver. Hay miedo a la desigualdad. Esto es hipocresía. Si tienes miedo a una posible desigualdad es que sabes que ahí está, pero no quieres hablar de ella. Además, si sigues como si no fuera un problema, no vas a hacer nada para disminuir la desigualdad.
En Singapur, un país poco popular porque allí se esfuerzan, tienen un lema: cada alumno debe tener la posibilidad de llegar a su nivel óptimo. Tener un lema así quiere decir que tú aceptas la idea de que los alumnos son diferentes, pero al mismo tiempo dices que lo que podemos ofrecerles es llegar hasta donde puedan, no sin esfuerzo. Cada uno tendrá que esforzarse.

Si aceptamos ese lema, aceptamos itinerarios, usando una palabra maldita: proponer diferentes caminos para que puedan llegar a su nivel óptimo, porque lo que es inaceptable, despreciable, es que sabemos que los alumnos con dificultades para estudiar se quedan estancados en su aprendizaje, quizá a los 10 años de edad: sin saber leer de manera fluida, sin tener las cuatro reglas de cálculo… aunque les des más horas no se enganchan al grupo, al revés. El resto la escolarización es un puro esperar, un intentar que no te vean, pasar desapercibido. No un regalo por parte de la sociedad, sino algo horrible. Hemos introducido en los países occidentales la idea de una talla para todos.

¿Cómo ha sido esto?

Yo creo que eso se basa en parte en un pensamiento mágico, porque vemos el cociente intelectual, el número 100 y de alguna manera sabemos que los que tienen 130 se aburrirán; y se dice de manera cínica que de todos modos ellos se arreglarán. Pero también los hay de 70, 75 y 80 y tienen mucho más difícil defenderse, sus familias lo tienen más difícil para encontrar un centro adecuado para ellos y las opciones para su vida profesional son menores. Y se dice que la escuela única es para ellos, pero no es para ellos, porque no se ha comprobado que esto les favorezca, es una suposición, una afirmación de unos ideólogos que dicen que esto es lo bueno. Esto es cínico, es no tener conmiseración, no querer ayudarles.

¿Cuál sería la solución, tener tres sistemas diferentes?

Sí. Yo diría que a los 11 o 12 años hay que ofrecer esas tres ramas. Vamos a exigir a todos un poco más de lo que les viene fácil, para que todos hagan lo mejor posible y sientan el placer de aprender y salir adelante. Y siempre tener abierta la puerta para pasar a otro camino. Porque nadie quiere mantener a nadie en un camino, en una elección que después de un tiempo no es la mejor.

Se dice de esto que es condenar a los del camino más lento a no ir a la universidad. Pero si la cuestión es saber leer de manera fluida y entender información social, comercial, política. Debemos darles eso para que sean ciudadanos y personas competentes.

Se dice que además, de las metodologías, hay un problema con los contenidos. Los alumnos con ellos…

Dicen eso, sí, lo sé. Creo que están equivocados. Es cierto que muchos alumnos se desconectan y no se interesan por el contenido, pero eso es porque no han empezado a aprender. Si empiezas a aprender algo, el profesor puede conectar con lo que ya sabes y, además, te acostumbras a sentir un placer aprendiendo. Tanto por el aprendizaje en sí como porque te acuerdas de lo que has aprendido antes. También por tener un 9 sobre 10 (risas).  Pero claro, un niño que no ha sentido eso con una profesora, que le dice: “Es aburrido pero lo tenemos que hacer”… claro, ¿cómo se va a interesar el niño por eso?

Una maestra o un profesor que lleva a su grupo con una sonrisa y dice el viernes: “¿Os acordáis de que el lunes no sabía algo y hoy casi todo el grupo lo sabe? Y la semana próxima podremos dejarlo y dar un paso más”.
Hay que construir un entorno social afectivo e intelectual alrededor del niño e incluirlo en el grupo de niños que aprenden bien con su maestra. Van a vivir felices.

Parece que hay un choque entre quienes habláis más de contenido, más intelectual si se quiere, y el aprendizaje por competencias.

Es una diferencia tanto intelectual como ideológica. La moda de las competencias vino de la OCDE, una organización económica. PISA mide competencias y, en parte, estas se basan en los conocimientos, pero en parte es algo práctico, como algo que se hace con las manos, que se entiende trabajando. Es un tipo de mistificación: decir que hay algo diferente del aprendizaje intelectual es disminuir la importancia de este. Y ahí hay una relación con una idea política de que todo el mundo es igual, todos son iguales y todos pueden tener competencias, habilidades… Creo que esto es un engaño.

Lo que necesitan todos es desarrollar al máximo su inteligencia y sus conocimientos y después de esto, pueden hacer diferentes cosas con lo aprendido. Pero no quiere decir que haya un atajo: que puedes ir a las competencias sin pasar por el conocimiento. Da un poco la idea de que hay algo al lado de la inteligencia y los conocimientos, las competencias. Esto es puro engaño, no puedes tener una competencia que no se base en la comprensión y la inteligencia.

Los socialistas que están detrás de PISA y la OCDE no entienden bien lo que es realmente. Están tan ideologizados que se engañan a sí mismos porque no entienden bien cuáles son los mecanismos.

Insistes mucho en la necesidad de que los profesores sean una figura intelectual. Hablas sobre la formación en Finlandia.

Hay ejemplos en varios países. Me han dicho que en Corea, la parte mejor del sistema es la primaria, porque para sus docentes hay una cuota: todos los que entran tendrán un trabajo después y un salario muy bueno. Es atractivo entrar porque tienes la vida arreglada. Mientras, para la secundaria, estudian muchos pero sin saber si entrarán en la profesión. Hay más inseguridad y un nivel un poco menor.

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Según Diane Ratvich, historiadora de la educación, dice que la década de oro de la educación en EEUU fueron los años 30, porque con la crisis muchas empresas cerraron y gente muy inteligente de otras áreas, de pronto, quiso ser profesor. Durante estos años y antes de la guerra, intelectualmente tuvieron excelentes profesores. Y, además, se dio algo menos de inmigración. Se dio a la vez, una población estudiantil más estable y un nivel claramente más cualificado en el profesorado. El resultado fue muy bueno,

Esto concuerda con Finlandia. Elegir a los profesores entre los mejores del bachillerato es exactamente esto. Elegir a los mejores antes de la formación. Lo mismo hacen en Singapur, que ofrecen una paga durante los años de formación, pueden reclutar a algunos muy buenos. Y después de formarlos y dejar que trabajen unos cuantos años, pueden seguir como empleados del Ministerio de Educación, escribir manuales o ser formadores de profesores. Cuando empiezas con una base muy fuerte intelectualmente, todo lo demás prácrticamente se arregla solo. Porque es gente de confianza, gente inteligente.

¿Es mejor valorar el expediente frente a la experiencia?

Yo diría que sí. Si les hacen una prueba de conocimientos se podrían presentar tanto los que han trabajado muchos años como los nuevos. Un buen profesor, con muchos años de experiencia, debería saber mucho; y algunos jóvenes, aunque hayan pasado recientemente por la universidad, quizá no sepan tanto. Así que es muy justo hacerles una prueba de conocimiento…

Los profesores se siente siempre criticados: por las familias, por las administraciones…

Es así. No creo que la percepción de los docentes sea equivocada. Para corregirlo se necesitan, por ejemplo, exámenes escritos al final de la escuela obligatoria, de la ESO, a los 11 años también, y al final del Bachillerato, para que se viera al profesorado como una ayuda necesaria para que el hijo obtenga un buen conocimiento y pueda defenderse en los exámenes. Si no hay exámenes, si los resultados a penas importan, solo para algunas pocas carreras, y si ve que un alumno puede quedarse en el grupo a pesar de que trabaje poco… esto es como burlarse de los profesores.

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Y aquí estamos de vuelta con los itinerarios. Es bastante cruel eso de repetir curso. Ayuda a veces, pero quizá es un signo de que el chico está en un programa que no le conviene. Si no hay una opción entre diferentes itinerarios, quizá un chico que no trabaja bien en un itinerario, pudiera trabajar mejor cambiando la dirección, más que repetir. Con la repetición quizá algo más aprenderá, pero será mejor empezar con algo ligeramente distinto.

Últimamente hay mucha apuesta por la innovación educativa, como metodologías activas…

Esto no está probado. Si no, estaríamos en la cumbre de la educación internacional. Con tanta innovación como tenemos.

Hay un estudio de John Hattie que dice que no es la inversión en tecnología, sino la clase magistral, la atención y el estudio cuidadoso lo que da buenos resultados. Otro estudio de Hanusek y Bosman, economistas especializados en educación, y dicen que no es más inversión en un sistema que no funciona, o en tecnología, ni en los sueldos, sino hacer otros cambios. Son los exámenes externos rigurosos, esto es lo más importante.

Eso de la innovación educativa es una manera de intentar ganar dinero chantajeando o seduciendo a personas que representan al sector público que pagan con el dinero de los contribuyentes.Es lamentable…

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