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Este texto ha sido publicado en el Blog educa.Barcelona
En verano, después de terminar 4.º de ESO, Maria Cristina Alcalá, estudiante de bachillerato artístico en Salesianos de Sarrià, se preguntó si había mujeres pintoras en la Historia del Arte. Aparte de la popularísima Frida Kahlo, a quien generalmente todo el mundo conoce, no se le ocurrió ninguna otra mujer. «Quizá es que no las hay», pensó. Este fue el punto de partida que la llevó a investigar y a centrar su Trabajo de Investigación de bachillerato en este mundo invisibilizado. Lo tituló «¿Dónde está la otra mitad?» y le ha valido un reconocimiento: el segundo premio nacional en la categoría de Humanidades y Ciencias Sociales del certamen de innovación Premio Don Bosco.
Y es que, como reflexiona ella misma, la ausencia de mujeres en la historia en todos los campos, ya sea el científico, la filosofía, la literatura o el arte, siempre ha sido invisibilizada. «Cuando empecé a hacer mi trabajo me di cuenta de que sí había pintoras», pero que «los historiadores o las personas que estudiaban a las artistas las silenciaron». De hecho, recuerda que en la selectividad, de las 55 obras de autores que deben estudiarse en Historia del Arte, solo hay tres mujeres. Su trabajo de investigación le ha servido para denunciar esta discriminación de las mujeres en el mundo del arte.
Llevó a cabo su investigación visitando primero el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), donde, recorriendo las salas desde el románico hasta el barroco, con más de 1.200 obras, encontró que solo hay una mujer artista expuesta, la pintora Élisabeth Vigée Le Brun. A partir de ahí, se marcó como objetivo poner en el foco de la historia del arte a Artemisia, una de las artistas más representativas del barroco y considerada «la artista más importante de la historia del arte». Es la «propuesta artística» que hace al MNAC para que la incorpore a su exposición y así corregir una injusticia histórica hacia las pintoras menospreciadas.
De las dos artistas, explica que Élisabeth Vigée Le Brun representó más de cincuenta veces a María Antonieta. En cambio, Artemisia Gentileschi, que pertenece al barroco, realizó obras mitológicas y escenas bíblicas. Ambas fueron «muy reconocidas en su tiempo». De hecho, destaca que Élisabeth Vigée Le Brun «mantenía económicamente a su marido y era ella quien tenía un mayor reconocimiento». También Artemisia «ganó tres veces más dinero con sus obras que muchos hombres», pero el resultado es que «posteriormente, en la historia, sus nombres fueron anulados y borrados». «Esto ha hecho que en la actualidad sus nombres no sean reconocidos», insiste.

En la parte teórica del trabajo de investigación analizó el contexto social y el papel que ha tenido la mujer en la historia del arte, que ha sido bastante «pasivo» porque «siempre se las ha representado más de lo que ellas han realizado obras». Después, en la parte práctica, elaboró una encuesta entre el alumnado de 17 a 21 años de su escuela para poner de manifiesto el desconocimiento de la sociedad en general sobre la existencia de mujeres pintoras. De las 55 personas que respondieron, la gran mayoría conocía a Frida Kahlo, pero solo nueve personas pudieron mencionar a otra artista distinta de la popular pintora mexicana.
Además, Maria Cristina ha diseñado una serie de propuestas pedagógicas para que los docentes puedan trabajar en el aula los nombres de diferentes artistas fundamentales de la historia del arte, como Artemisia Gentileschi, Sofonisba Anguissola, Tamara de Lempicka o Remedios Varo. Se trata de un juego de mesa y de distintos talleres creativos para realizar tanto en centros educativos como en espacios culturales, por ejemplo bibliotecas. El juego de mesa incluye diversas cartas de mujeres artistas con el objetivo de que el alumnado «aprenda de una manera más lúdica y divertida» los nombres y los trabajos de las diferentes pintoras.
Para ella, el trabajo de investigación le ha ayudado a comprender que, aunque en la actualidad se ha avanzado mucho como sociedad y «poco a poco se está reconociendo a más mujeres en el arte, todavía queda mucho camino por recorrer». Sobre todo, considera que aún es necesario trabajar mucho para conseguir divulgar a las mujeres y sus obras en la escuela. «Hice el juego de mesa para que los niños más pequeños y también los más mayores puedan aprender cuál ha sido la presencia femenina en la historia del arte». Es una manera de romper con este silencio que se arrastra desde hace siglos.
El juego de mesa, que presentó en el certamen de innovación Premio Don Bosco, tuvo muy buena acogida entre el profesorado. De hecho, despertó tanto interés que dejó un juego de mesa a un docente, que ya ha empezado a utilizarlo en el aula con sus alumnos.
Su granito de arena para conseguir una justicia histórica y reivindicar a las mujeres artistas en la historia del arte parece que ya ha comenzado a dar sus frutos.

