Somos una Fundación que ejercemos el periodismo en abierto, sin muros de pago. Pero no podemos hacerlo solos, como explicamos en este editorial.
¡Clica aquí y ayúdanos!
Educación en la sombra es el concepto que se utiliza para hablar de todas esas clases de refuerzo y complementarias que las familias pagan. Puede ser para que sus hijas e hijos refuercen en materias como matemáticas; que practiquen algún instrumento; aprendan o refuercen un idioma.
EsadeEcPol acaba de publicar su nuevo informe en el que vuelve a echar un vistazo a un mercado educativo que mueve 2.600 millones de euros anualmente y en el que participan el 47 % de las familias con niñas y niños escolarizados.
Han utilizado datos del INE y han constatado diferencias con respecto al anterior informe sobre la educación en la sombra, elaborado en 2023 con datos del curso 2019-2020. El primero es que, para sorpresa de nadie, en aquel año las familias invirtieron 1.000 millones menos que en esta edición, principalmente, por el cierre de centros educativos de 2020.
Esos tres meses de confinamiento y una inflación del 19 % han aumentado la cifra que se gastan la mitad de los hogares con niñas, niños y adolescentes en el sistema educativo.
Cambios
Más allá de la variación de cifras, no tanta controlada la inflación y el confinamiento, se mantiene el porcentaje de familias usuarias, aunque ha habido cambios.
El principal es que las familias están adelantando la inversión. Mientras antes se gastaba más en secundaria y bachillerato, ahora es en primaria donde se están haciendo los esfuerzos más importantes. De la misma manera, incluso el segundo ciclo de infantil ha sufrido un incremento importante. Los idiomas parecen tener la culpa.
Idiomas
Según los autores, Lucas Gortázar y Juan Manuel Moreno, el perfeccionamiento de los idiomas explica en buena medida el aumento del gasto familiar en clases de refuerzo. Aunque advierte Gortázar sobre la dificultad de conocer a fondo este mercado, «la partida de idiomas es una incógnita».
«El consumidor es el alumno que aprueba pero cuyos padres quieren que llegue más lejos. Este es el promedio. Pero hemos visto cosas que no se corresponden exactamente», explica.
Durante su investigación con los microdatos del Instituto Nacional de Estadística, se han encontrado con algunos indicios que apuntan a otras posibles explicaciones. Una de ellas sería que en las comunidades con lengua propia o que tienen programas bilingües el aumento puede deberse a la necesidad del estudiantado de mejorar su manejo de la lengua vehicular.
Ponen el foco en País Vasco y Cataluña. En la primera, por el salto a la universalización del modelo D, fundamentalmente en euskera, que habría llevado a muchas familias a buscar refuerzo. En Cataluña el cambio podría deberse al aumento de las familias migrantes que desconocen tanto el castellano como el catalán.
Aunque como admite este investigador, con los datos que tenían es muy complicado dar una explicación 100 % fiable. Por eso plantean la hipótesis.
Migración
Aquí está otro de los cambios importantes detectados, dado que el gasto total y medio por familia y su variación en los últimos años puede explicarse por la inflación y el confinamiento de la pandemia.
Las familias de origen migrante están haciendo un esfuerzo enorme para que sus hijas e hijos puedan tener acceso a experiencias de estudio similares a las de sus compañeras y compañeros.
Los idiomas son el punto más importante, como en el resto de familias. Para Gortázar se trata de una señal clara de que estas familias «se toman en serio el sistema educativo». Y dado que están sobrerrepresentados en las zonas más bajas de la distribución económica, «deberíamos apoyarlas más para que tuvieran que invertir menos» en estas clases.
Desigualdad
Sobre todo el tema flota un mensaje también claro. Desde las primeras investigaciones sobre la educación en la sombra, se estipula que esta se hace para recuperar aprendizajes, sobre todo, en materias instrumentales como matemáticas.
Pero también se hace para conseguir cierto nivel de perfeccionamiento en otras, como el inglés. Es habitual que se apruebe la materia, pero las familias consideren importante o necesario que ese nivel sea superior.
Gortázar y Moreno plantean un tercer escenario, y es el de la distinción. Fundamentalmente se da en las familias de altos ingresos y tiene que ver con la necesidad de que chicas y chicos destaquen en un mundo cada vez más competititvo.
Gortázar explica que una de las fuentes que utilizan es un estudio en Estados Unidos que refleja cómo en las universidades más importantes del país, las conocidas como la Ivy League, además de la capacidad económica y de las notas, destaca que las y los matriculados desarrollaron una miríada de actividades no relacionadas con lo académico.
Podríamos pensar en cosas como las clases de música o artes, la pertenencia a grupos scout o la robótica. Gortázar ve claramente que estas actividades y su posible influencia en etapas posteriores de la vida pueden ser un elemento de desigualdad. Y que resulta extremadamente complejo regularlas.
En el informe apuntan a la posibilidad de que el sistema educativo, aunque no puede luchar contra ciertas lógicas, sí puede realizar un esfuerzo para ofrecer algunas de estas actividades dentro de su lógica de gratuidad. Para que estudiantes de menor nivel económico pudieran beneficiarse.
En cualquier caso, parece claro que el mercado de las particulares o las extraescolares es todo un filón económico. Decenas y decenas de empresas prestan servicios de perfeccionamiento de idiomas, de recuperación, de tiempo libre.
En algunos casos parecen estar supliendo el trabajo que las administraciones educativas no hacen (enseñanza más personalizada, mayor atención a la diversidad), y en otros, claramente, son las familias intentando destacar en un mundo cada vez más competitivo y globalizado.

