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La expectativa sobre el poder de la Inteligencia Artificial (IA) está presente en la práctica y la narrativa educativa (Popenici, 2022). No es la primera vez que, como sociedad, estamos a la expectativa de la promesa de un cambio revolucionario de orden tecnológico como la Web 2.0, que prometía impactar de manera radical los cimientos y las dinámicas de interacción social. Otro ejemplo elocuente es el de los Massive Online Open Courses (MOOC), que también prometía sacudir los cimientos de la universidad, e incluso extinguirla, al menos eso nos hicieron creer. Sin duda, la IA dotada de otros atributos mucho más complejos y con potencial (sin perder de vista que ese potencial es político), forma parte de una nueva promesa tecnológica con la que seguir apostando por el proyecto humano llamado educación. Conscientes de la amplia literatura existente para entender y atender la IA en educación, lo que nos proponemos con este texto es llamar la atención sobre un aspecto poco trabajado: además de comprender o valorar con qué herramientas basadas en IA es posible educar, hace falta abrir el debate sobre qué metáforas nos presta la IA para reinterpretar la educación. Las metáforas sobre la IA también forman parte fundamental de las creencias y expectativas pedagógicas que sostienen e informan el quehacer educativo (Cheng et al., 2020; Ferreira et al., 2025).
¿Cuáles son los futuros educativos que se pueden ver desde la IA? Desde el lanzamiento de ChatGPT (Chat Generative Pre-Trained Transformer), el 30 noviembre de 2022, la IA forma, cada vez más, parte de los recursos educativos, pero también de nuestro imaginario socio-técnico (Jasanoff y Kim 2015) operando como filtro para mirar el presente y el futuro de nuestra sociedad, y en particular su educación. Además de entender las tecnologías basadas en IA como herramienta didáctica útil para enseñar y aprender de una forma diferente, es clave pensar sobre el poder de representación simbólica que ofrece la IA para entender el proyecto humano que encara actualmente la educación. Para ello proponemos ahondar en las metáforas como recurso de comprensión a través de la pregunta ¿Qué metáforas nos presta la IA para re-inventar, o quizá re-interpretar el proyecto humano que se inspira en la educación? Sostenemos que debatir e investigar sobre el poder simbólico de la IA en educación es parte fundamental de la tarea pedagógica sobre la tecnología (Meirieu, 2022).
La IA (entendiendo que cuando hablamos de IA nos referimos a los últimos avances logrados con los Large Language Models, LLM) hoy forma parte del imaginario social con que se interpreta y proyecta la educación. Estos imaginarios suponen visiones, discursos, símbolos, actitudes, afectos, valores y conocimientos socialmente legitimados y hegemónicos que, además de ser históricamente elaborados y modificables, sirven de matriz de cohesión e identidad a los grupos y proyectos sociales (Cegarra, 2012). Por ello argumentamos que la tecnología no es solo un artefacto técnico sino también social y representacional que incluye una dimensión simbólica. Este mundo simbólico, incluida la narrativa popular sobre la IA (que es un producto de la actual política económica de orden neoliberal, ver por ejemplo el trabajo de Dan McQuillan (2022) y Helen Beetham) tiene efectos sobre la educación (Cave et al., 2020) que se hacen visible en los discursos sobre el supuesto ‘poder’ de la IA en los procesos educativos, particularmente en el aprendizaje ‘personalizado’ y, de manera más general, en la promesa del efecto ‘transformador’ y ‘revolucionario’ de la IA en la educación.
Según Lakoff y Johnson (1981) el pensamiento en sí mismo es una metáfora de la realidad. Así, cuando intentamos entender una idea compleja, es muy común utilizar metáforas ya que nos ayudan a encontrar una idea más afín, a veces más sencilla y fácil de comprender. Las metáforas dan forma a ideas complejas y son puntos de re-encuadre de la realidad. Utilizamos una palabra para explicar otra y, en ese ‘juego’ del lenguaje se emplean varias metáforas como recursos. Por ejemplo, expresiones como: este proyecto está en “pañales”, su voz es “música” para mis oídos, la escuela es el “templo del saber”, o entender la felicidad como “camino” o “meta”, implican el uso de metáforas con connotaciones diversas. La esencia de la metáfora, según Lakoff y Johnson (1981), es entender una clase de cosas en términos de otras con implicaciones prácticas.
Pues bien, la tecnología es una gran fuente de metáforas: entender la mente como un procesador de información, un ordenador, o entender a la mente como algo inexpugnable, como una “caja negra” tiene ciertas connotaciones. Más aún, son un indicativo de unos valores e ideas que forman parte fundamental de quienes escogen esas metáforas. Desde la visión sociocultural de la construcción de la mente, las herramientas no solo son artefactos que permiten hacer algo, sino que además permiten pensar cómo esa forma de hacer (Suárez-Guerrero, 2010). Antes de la masificación de internet, Salomon (1992) ya advertía del papel de la tecnología en la generación de metáforas al señalar que la relación persona-herramienta no es unidireccional sino más bien bidireccional ya que la tecnología, a través de la creación de metáforas, tiene efectos de carácter estratégico -no estructural- en el desarrollo de la mente. Salomon llamó a ello, efectos de tecnología. La metáfora vista así, es un residuo cognitivo de una transacción mente-herramienta con la que el sujeto logra pensar el hecho de nuevo, está vez, desde otra estrategia, una que aporta la función tecnológica. Esto es, cada herramienta presta un punto de apoyo -nuevo- para entender y reconfigurar la realidad. Por ello consideramos que la IA pensada de esa forma, es también una herramienta de pensamiento, una invitación simbólica a pensar metafóricamente sobre la educación.
En el campo de la educación se emplean una serie de conceptos prestados de la tecnología. En la sociedad digital, de las Heras (2015), propuso una serie de ‘imágenes’ metafóricas sobre la educación desde las funciones que añaden diversas tecnologías como la radio o la TV, destacando su valor para perfilar educativamente el futuro. Weller (2022), por su parte sostiene que las metáforas del mundo EdTech son de gran importancia para la educación, y merecen ser estudiadas ya que aportan un punto de apoyo útil para entender la complejidad educativa mediada a través de la tecnología. Por ello, sostiene Weller, es importante examinar críticamente los sesgos implicados en las metáforas ya que dan forma a la práctica, pero además representan una herramienta -simbólica- que pueden ayudar a romper con la rutina y embarcarnos en procesos educativos más imaginativos.
Así, la IA no solo debe ser entendida desde la materialidad del software y los dispositivos (hardware), es decir desde la dimensión meramente técnica, sino también también desde la dimensión social como una invitación simbólica a pensar metafóricamente la educación. Los propios creadores y desarrolladores de la IA se valen de metáforas para ‘iluminar’ u ‘ocultar’ hechos confusos en sus respectivas creaciones (Murray-Rust el al., 2022), guiados por diferentes intereses de orden político, económico, social, o ético, o la permutación de algunos de estos intereses. Es por ello que argumentamos enfáticamente que utilizar diferentes metáforas para explicar la IA no es un acto neutral, sino que implica una decisión política. Al utilizar estas metáforas y las tecnologías a las que estas metáforas se refieren, también se accede a las bases éticas de su concepción, los valores sobre los cuales se basan los sistemas de producción de conocimiento y concepciones sobre el aprendizaje y la enseñanza, las economías de mercado y los modelos de negocio que sustentan la producción y comercialización de estas tecnologías, formas de gobernanza, instituciones, normas, valores, marcos regulatorios, prácticas culturales, comunidades, relaciones sociales y la producción de subjetividades (Kitchin, 2014). Por tanto, somos de la idea que no se puede ver la tecnología desnuda de sus complejidades estructurales (Suárez-Guerrero, 2025, Winner, 1980).
Por todo lo anterior, pensamos que es crítico reflexionar sobre qué metáforas ofrece la IA a la educación. Sugerimos que esta reflexión puede ser guiada por preguntas como: ¿Qué nuevos puntos de apoyo ofrece la IA para pensar el aprendizaje, la enseñanza, pero también la educabilidad, la educación y las instituciones educativas?, ¿Cómo las metáforas contribuyen a esclarecer y/u ocultar elementos políticos inherentes a los sistemas socio-técnicos? ¿Cómo influye en nuestra percepción educativa la metáfora ‘Inteligencia’ y ‘artificial’ de la IA? ¿Qué nos aporta, positiva o/y negativamente entender el proceso de aprendizaje desde una racionalidad algorítmica, la cuantificación y con ella la objetividad?, ¿Cómo los procesos de ‘pensar’ e investigar/generar conocimiento se transforman desde la automatización estadística y lo cuantitativo de la IA?
No se trata de negar los avances de las herramientas basadas en IA, sino hacerlas visibles, entenderlas desde su dimensión simbólica como herramientas del pensamiento que tiene poder causal al momento de ser utilizadas en el ámbito educativo. Sin duda es casi imposible, y más aún, tremendamente ilógico, pensar que la IA y sus nuevas aplicaciones en diferentes ámbitos de nuestras vidas no sea un avance increíble de la ciencia, pero sugerimos que además del encantamiento que ocurre por lo novedoso y poderoso, hay que escudriñar e interrogar las metáforas que forman una parte crítica de nuestro imaginario educativo actual. La idea de ‘inteligencia’ es la metáfora más visible que nos presta la IA y nos invita a debatir sobre las connotaciones que hay detrás del uso de esa palabra ‘inteligencia’, así como evaluar su impacto real en procesos de aprendizaje y memoria humana (Suzuki, 2024). Igualmente, Hicks et al., (2024) señalan que adjudicar la metáfora de ‘alucinaciones’ como ‘mentira’ a los errores de la IA no es inofensivo ni neutro, ya que se presta a la confusión de pensar que las máquinas (y vale la pena aclarar que no son las máquinas como tal sino el software) están de alguna manera ‘percibiendo mal’ o ‘comprendiendo’ y, en realidad lo que sucede es que las máquinas y sus softwares son objetos que operan estadísticamente, de manera compleja ciertamente, pero en definitiva no mienten ni alucinan, sino más bien calculan/operan con cierto margen de error. Es claro cómo adicionalmente utilizar las metáforas de ‘alucinar’ y ‘comprender’ para describir procesos algorítmicos/mecánicos y no humanos, expone la antropomorfización en la cual caemos. Esta antropomorfización da para escribir otro artículo muy relevante tambien.
Otros temas a atender son el uso de la IA como metáfora de creatividad, de innovación y de novedad que nos invita a evaluar algo nuevo, pero sin novedad (Aibar, 2023), como noción de justicia desde los datos (Kuhn y Serale, 2021), como búsqueda de personalización (Bhutoria, 2022) o como algoritmización del aprendizaje con IA (Fritts y Cabrera, 2021); también están las metáforas sobre la IA prestadas del bombo publicitario (Ferreira et al., 2025). Las metáforas en los discursos políticos también llaman la atención. Por ejemplo, el presidente del directorio de educación y competencias de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) señala que, «Aunque la tecnología es éticamente neutral, siempre estará en manos de educadores que no son neutrales. Los verdaderos riesgos no provienen de la IA, sino de las consecuencias de su aplicación» (OCDE, 2021, p. 433). Esta proyección educativa se hace desde una visión estilizada de la tecnología que las concibe únicamente como artefactos técnicos, olvidando que las herramientas tecnológicas deben ser entendidas como un sistema socio-técnico, que como la palabra indica, tiene dos dimensiones una técnica y una social (esta última incluye las estructuras sociales), ambas de fundamental importancia. La idea de que ‘la tecnología es éticamente neutra’, que bien puede considerarse como un mito EdTech (Suárez-Guerrero et al., 2023), ha sido extensamente debatida demostrándose todo lo contrario (Buolamwini, 2023; O’Neil, 2016, Benjamin 2019; Nobel 2018).
Por ello cabe debatir e investigar, investigar y debatir, sobre ¿qué metáforas nos presta la IA para entender y actuar educativamente y cuáles son las implicaciones de orden socio-político que cada de esas metáforas conlleva? No hay una sola metáfora, son varias y de naturaleza diferente ya que los sistemas socio-técnicos son complejos, por ello es preciso desvelarlas y cuidar la manera en que las empleamos ya que existen diversos como para sostener solo la visión técnica de su funcionamiento (Hickes, et al. 2024). Sostenemos que debemos estar atentos a cómo pensamos las metáforas de la IA y cómo ellas influyen en la concepción del proyecto educativo ya que forman parte de la narrativa pedagógica actual delineando formas particulares de pensar, hacer y sentir el proyecto pedagógico. Cabe pensar pues, cómo pensamos la educación desde la propuesta de la IA y sus metáforas.
Referencias
Aibar, E. (2023). El culto a la innovación. Estragos de una visión sesgada de la tecnología. Ned Ediciones.
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