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Uno de los mantras del CREA es que las actuaciones educativas de éxito, aquellas que dieron carta de naturaleza a su proyecto pedagógico de comunidades de aprendizaje, es que tienen el aval de la comunidad científica internacional. Que son las únicas que han demostrado funcionar en cualquier contexto en el que se implementen.
En este texto analizamos dos productos de sus investigadoras e investigadores, con Ramón Flecha a la cabeza, para ver hasta qué punto pueden sostener lo que afirman.
Proyecto INCLUD-ED del CREA
El primero de ellos es el informe final del proyecto INCLUD-ED, aquel que se desarrolló entre 2006 y 2011, con un importa de 3,5 millones de euros que se repartieron entre 15 universidades europeas diferentes.
Otro es uno de los últimos que han publicado, uno de los pocos, por no decir el único, paper en el que las y los investigadores hacen un intento de investigación cuantitativa en la que utilizan estadísticas de resultados, en este caso, catalanes, para comparar los datos de algunas comunidades de aprendizaje. Se trata de un artículo titulado “It is Very Clear what Improves Educational Results and What Does Not” (Está muy claro qué mejora los resultados educativos y qué no, en castellano).
Aunque no fue el primero de los proyectos europeos que han sacado adelante desde el CREA y la UB, sí ha sido el más importante. Les ha valido, valga la redundancia, para validar todo lo que han dicho investigar posteriormente, una especie de sustento científico que dio carta de naturaleza a todo lo que siguió.
El proyecto comenzó en 2006 y se extendió, durante cinco años, por 15 universidades europeas. Participaron decenas de investigadoras e investigadores, la mayor parte, del CREA.
El objetivo era identificar buenas prácticas en centros educativas que garantizasen de alguna manera su impacto en los resultados y en la convivencia en los centros, que fueran replicables en cualquier centro educativo y contexto socioeconómico.
“Da la impresión de que se trata de un proyecto de investigación orquestado para validar un modelo teórico “precocinado”, explica Antonio, un académico que ha preferido conservar el anonimato. Opina que las comunidades de aprendizaje, apoyadas en las actuaciones educativas de éxito que se desprendieron de este informe, aunque venían de más lejos, “han sido una de las proyecciones e incidencias, no sé muy bien cómo calificarlo, más visibles de la ‘academia’ en la educación”.
Desde el punto de vista de este docente, el proyecto esquiva la revisión previa de referencias sobre la que construir la investigación y adopta “los presupuestos CREA como modelo pedagógico y sus características” como marco de referencia y sobre él, construir la investigación del INCLUD-ED “dirigida a validarlo”.
Rafael García, profesor de Métodos de investigación y diagnóstico en Educación de la Universidad de Sevilla ve fallos en el texto que, considera, más un informe administrativo que da cuenta de que se ha hecho la investigación, que uno académico que dé resultados utilizables.
Los textos que se pueden consultar sobre los resultados de investigación son un documento editado por Springer o bien, otro, PDF que se encuentra en la web y con el que han trabajado ambos docentes.
En ellos se analizan, como explica García, seis propuestas: Grupos interactivos, tertulias dialógicas, formación de familiares, participación educativa de la comunidad, modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos y formación dialógica del profesorado. Son los seis pilares de las comunidades de aprendizaje, con unos u otros matices.
Críticas al diseño metodológico
Para Antonio, con la metodología utilizada en el Summary Includ-ed Report no se pueden establecer las conclusiones que se derivan de dicho documento. “La respuesta más sencilla es no. Pero no solo por la metodología empleada, sino por la investigación en conjunto”.
Un problema que va de la metodología, al diseño de la investigación, el marco teórico y los propios objetivos, insiste.
Según este profesor, la utilización de la metodología comunicativa, de la forma en la que se usa en el informe y “sin aducir otras evidencias” ayuda a llegar a las conclusiones “tan alejadas de informaciones empíricas que las sostengan que” bien podrían haberse escrito otras completamente diferentes.
Asegura el académico, además, que en el texto se pone la metodología por encima del marco teórico, cuando deberían ir de la mano. De esta manera, “las conclusiones son auto justificadoras de los presupuestos de partida”. Además, “las recomendaciones, que también se indican y subrayan, no son sino algunas de las más socorridas en el ámbito de estudio y que podrían haberse escrito sin la investigación llevada a cabo”.
El investigador insiste en que el modelo pedagógico del CREA ha resultado inspirador para muchos docentes y centros y eso debería tenerse en consideración. No así, o no tanto, el “proyecto de investigación orquestado supuestamente para validarlo, cuando en realidad podría y debería haberse hecho con otras referencias (su pleitesía a las evidencias me parece tan desencaminada como la investigación que pretender justificarla)”.
Este experto califica duramente sus “presupuestos (sin evidencias)”, como “desafortunados” al asegurar que el sistema educativo “no necesita de más medios, ni recursos financieros, materiales y humanos, sino la racionalización de los existentes”.
A esto se sumaría “el dogma que establecen de que las SEAs (actuaciones educativas de éxito en sus siglas en inglés) descubiertas son tan “científicas, transversales y a prueba de contextos” que pueden replicarse en cualquier tiempo y lugar”. Para este docente universitario, esto último va en contra de dos elementos clave para cualquier reforma o innovación: “Nada está por encima y al margen de los contextos y nada está por encima de los actores involucrados, docentes y otros”.
A esto, Rafael García afirma que “no es válido sin algún estudio o evaluación de transferencia”. Demostrar que estas actuaciones o cualquier otra innovación, puede utilizarse en cualquiera otro contexto, “supondría en sí un estudio empírico para demostrar tal transferencia”.
“Solo encuentro conclusiones muy generales, escribe Rafael García, de las que no se sabe muy bien su trazabilidad”.
García asegura que se usa un método mixto, cuantitativo y cualitativo, pero no se demuestra una buena integración entre ambos. Tampoco se informa suficientemente sobre temas como la validación por pares o los resultados de técnicas de validación.
Para este experto en metodología, la falta de integración entre los resultados cuantitativos y cualitativos impide que puedan inferirse realmente los resultados que se infieren y, además, “no hay evidencias de que sin estas actividades educativas ‘exitosas’ no se hubiera logrado el mismo resultado.
García añade en su análisis de las descripciones de las seis acciones observadas da a entender que se hicieron seis investigaciones independientes, “en todos los casos con graves deficiencias en cuanto a lo que supone demostrar que una innovación, esa y no otra, esto es, cada una de las seis, suponen una aportación en el plano de la calidad educativa”.
“Dicho de otra forma, si tuviéramos que replicar una investigación sobre la base de lo que aporta este documento, no podríamos hacerlo, no tiene ninguna trazabilidad en cuanto a bibliografía de apoyo que discuta las conclusiones, no sabemos cómo aplicar cada estudio ni las técnicas concretas aplicadas”.
Problemas de validez científica
“Este documento no es citable como fuente de validación de ideas y conceptos”, zanja García.
El académico señala, además, que, al hecho de todos estos problemas con el diseño que cuestionan la validez de lo que dice el informe, se suma el hecho de que no se ha intentado buscar validez “ecológica ni externa”.
“De hecho, en las limitaciones reconocen que el estudio carece de validez externa alguna. ¿Cómo se puede, entonces, concluir que se ha transferido a otros contextos si eso es precisamente lo que indica la validez externa?”.
García se muestra tajante, “si toda la referencialidad científica de los trabajos se basa en proyectos como éste, toda la línea científica podría ser la consecuencia de una impostura científica mantenida académicamente por sus propios correligionarios (en la rueda constante de nuevos proyectos, nuevas publicaciones, autocitas y citas cruzadas, premios, medallas y otras publicidades…)”.


