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Para hablar de ciertos programas que emiten en televisión, únicamente sería necesario decir que “todo mal”, como se suele poner en redes. No hay por dónde cogerlos, bromas sexistas, preguntas sobre novios adultos a niñas de menos de diez años, contertulios que hablan de cualquier cosa, sea medicina o ciencia y, por supuesto, invitados negacionistas de la salud con gafas amarillas, que van a hablar de conspiraciones y a decirte que te pongas al sol sin protección solar, entre otras barbaridades.
Los problemas son muchos, obviamente, pero, para mí, uno de los más significativos, y que trasciende el propio programa, es quién sigue a estos “referentes”. Un futbolista famoso. Juega en la selección. ¿Cuántos niños y niñas le admiran? ¿Cuántos tienen su camiseta? ¿Cuántos van a hacer caso a todo lo que este señor diga?
En ese sentido, me pregunto hasta qué punto es adecuado que estos discursos tengan cabida en la televisión. Más aún en un programa de máxima audiencia. Un programa, por cierto, por el que creo que han pasado políticos que quizás no deberían haber pasado, ya que no han hecho más que validarlo, tanto este como otros espacios.
Pero, ¿debe estar la televisión regulada? ¿Y sus contenidos? ¿Se puede decir qué puede aparecer en un programa de una cadena privada y qué no? ¿Es censura? ¿La libertad de expresión debería tener límites? ¿El único “castigo” válido será el que quiera imponer la audiencia “soberana”? ¿Podrían otros invitados e invitadas negarse a ir a determinados programas? ¿Es su responsabilidad marcar la diferencia?
De nuevo, como pasa en tantas otras ocasiones, hablo desde la ignorancia más absoluta de cómo se regulan estas cuestiones, hablo desde fuera, como ciudadana y como educadora.
Además, soy consciente de que quizás el mayor problema no está en que este tipo de personas tengan espacio en estos programas, que también, quizás el mayor problema está en cómo estos discursos tienen vía libre absoluta en redes sociales. ¿Y qué hacemos con eso?
Por mi parte, en primer lugar, en referencia a la televisión, creo que la solución sería fácil si la ética profesional estuviese por encima de cualquier otro criterio: estas personas no serían invitadas ni se les daría un micrófono. Y mucho menos se les llevaría a debatir con un experto o experta sobre temas de los que no tienen ni idea ni la formación necesaria para hablar de ellos. Una cosa es una tertulia del corazón o sobre un reality. Otra cosa muy diferente es hablar de temas médicos o de carácter científico. Sin embargo, vemos a las mismas personas opinando de todo (lo que técnicamente se denomina como “todólogos”).
No los lleves. No hables de esos temas si no cuentas con profesionales. No queremos opiniones. Ni alarmismo. Queremos evidencias fundamentadas en la investigación. Repito, ética profesional.
No va a pasar, lo sé, mandan la audiencias.
Y lo segundo, los discursos de ese tipo en redes sociales, pues todavía peor. Mayor alcance. Control cero. Viralizados tanto por partidarios como por detractores. ¿Cómo poner puertas al campo? Parece que esa opción muy bien no se nos está dando.
Me surgen muchas más preguntas, ¿qué papel juegan las familias aquí? ¿Y los centros educativos? ¿Y nuestros dirigentes políticos? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos con vehemencia que se trata de un problema social? A mí ya me suena todo a discursos vacíos de contenido, hechos cara a la galería, pero que no resuelven nada.
La verdad es que no puedo dejar de ver este escenario de una manera muy negativa. La solución, sin duda, pasa por la educación y por el desarrollo del pensamiento crítico. Aun así, sinceramente, sigo siendo muy pesimista en referencia a estos temas. No se contrasta la información. Se consume contenido y se siguen cuentas que nos hacen llegar la información completamente sesgada, servida a la carta.
Yo ya no veo objetividad. En nada en general. No sé si alguna vez habrá existido. ¿Qué es la objetividad?
Mientras divago filosóficamente con tanta pregunta retórica, seguimos divirtiéndonos, ensimismados, mirando en una pantalla, o en tres o en cuatro, lo que quieren que veamos, viviendo con la ilusión de que podemos elegir.
Sea como sea, debo terminar ya, tengo que ir a cerrar la ventana que han empezado a fumigarnos otra vez. Esto es un no parar. Luego veré a ver si dicen algo en las noticias al respecto o silencian la verdad, como siempre.

