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El nuevo concepto emergente denominado “The IQ Era” (la Era del Cociente Intelectual) ha estado de actualidad estos últimos días en Barcelona y ha tenido el efecto de ser un nuevo descubrimiento para muchos visitantes en general y también en los entornos educativos en particular.
El Mobile World Congress (MWC) lo ha situado en primer plano porque fue el lema de su edición de 2026 (entre el 2 y el 5 de marzo). El concepto apunta a la transición desde la era digital hacia “un escenario en el que la inteligencia se integra de forma masiva en el entorno físico, combinando inteligencia artificial (IA), robótica e internet”. Según la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), esto da lugar a sistemas capaces de comprender situaciones y tomar decisiones operativas en tiempo real, integrados en redes, dispositivos e infraestructuras”.
Escenarios
Los grandes acontecimientos internacionales y la actualidad inmediata impactan inevitablemente en la sociedad y también deberían servir para estimular aprendizajes en los centros educativos, en un mundo cada vez más global y abierto. Es el caso de los avances y novedades de la tecnología, que aparecen rodeados por un cierto glamour y con el fuerte atractivo mediático que deslumbra en ferias, congresos, escaparates de tiendas físicas o virtuales, redes sociales y otros medios de comunicación.
La vigésima edición del MWC celebrada en Barcelona ha sido un buen ejemplo. Bajo el lema “The IQ Era”, el congreso ha puesto el foco en una IA omnipresente. En este contexto, el concepto de cociente intelectual se aplica simbólicamente a las máquinas creadas por las personas.
No obstante, el congreso de 2026 también se ha celebrado bajo el paraguas de una actualidad internacional convulsa. Han estado presentes el clima bélico, con los recientes y terribles ataques en países del Golfo Pérsico, la persistente situación en Ucrania, Palestina y otros focos de tensión mundial. En algunos de los territorios en cocnflicto se encuentran las materias primas imprescindibles para que la tecnología funcione. En otros, miles de trabajadores gestionan datos que alimentan los sistemas de inteligencia artificial a cambio de salarios mínimos.
A las puertas del congreso, diversos colectivos de activistas denunciaban precisamente esta cara menos visible del progreso tecnológico: la sangre humana derramada en la extracción de metales y minerales en países empobrecidos, la explotación laboral continuada e incluso las muertes asociadas a estos procesos.
Todo ello evidencia que la geopolítica y la geoeconomía forman parte inseparable del ecosistema tecnológico. Por ello, la mirada educativa debería ser transversal y amplia, implicando a distintas disciplinas y fomentando una perspectiva crítica que permita comprender los efectos —muchos positivos y algunos negativos— de los constantes avances tecnológicos.
Entornos
Quizá sea una coincidencia, pero días antes de la celebración de algunos congresos comenzaron a aparecer noticias educativas de carácter prohibitivo en relación con la tecnología. Si en años anteriores el debate giraba en torno a la prohibición de los teléfonos móviles en las aulas, este año se ha planteado una nueva medida ya aplicada en Australia: la prohibición del uso de redes sociales para menores de 16 años.
Estas decisiones conviven con una realidad paradójica. Por un lado, restricciones educativas periódicas; por otro, el Estado Español (con Cataluña en primera línea) proyectándose como uno de los grandes referentes mundiales en tecnologías de la información y la comunicación, y Barcelona exhibiendo la consolidación de su ecosistema tecnológico. Paz en las aulas sin dispositivos que distraigan.
Mientras tanto, se espera que los centros educativos formen al alumnado en TIC sin poder utilizar en clase herramientas como el teléfono móvil —incluidas las redes sociales—, a pesar de que forman parte del entorno cotidiano de los jóvenes.
Al mismo tiempo, Europa intenta avanzar hacia marcos de regulación cada vez más necesarios, en un continente que a menudo queda rezagado en el desarrollo de la inteligencia artificial. El debate es complejo: mientras las grandes empresas tecnológicas ofrecen productos altamente adictivos con total libertad, muchas familias regalan dispositivos digitales a sus hijos y después piden soluciones a escuelas o instituciones para evitar adicciones.
Con frecuencia, todo ello ocurre sin una formación mínima sobre lo que implican realmente conceptos como la extracción de datos, los algoritmos, las aplicaciones gratuitas, la economía de la atención, la esclavitud detrás de un clic o el valor de la información e intimidad personal.
En este contexto, el MWC ofreció pistas interesantes para aproximarse a los entornos tecnológicos. Uno de los ámbitos más destacados ha sido el de las comunicaciones por satélite, orientadas a garantizar cobertura del teléfono móvil habitual en cualquier punto del planeta. Una necesidad global que, al mismo tiempo, abre nuevas oportunidades de negocio.
Paralelamente, diversas organizaciones sociales reclamaban dispositivos y conectividad para personas migrantes, refugiadas o en situación de pobreza en numerosos países.
Mientras tanto, la industria de la defensa también estaba presente —de forma más o menos visible— a través de empresas tecnológicas de renombre que comparten proyectos y desarrollos complementarios.
A pesar de las protestas de activistas en la entrada del congreso, Israel continuaba presente en el MWC. Y en uno de los espacios 4YFN, dedicado al impulso de startups tecnológicas —con una gran presencia de jóvenes emprendedores—, también había una pequeña representación de iniciativas vinculadas al Ministerio de Telecomunicaciones y Economía Digital de Palestina.
Realidades
Las cifras del congreso continuaron siendo impresionantes: cerca de 105.000 asistentes de 207 países y territorios, 2.900 expositores y patrocinadores —más de la mitad vinculados a sectores relacionados con la telefonía móvil— y 1.700 ponentes. El impacto económico también ha sido notable, con cifras millonarias y unos 13.000 nuevos puestos de trabajo generados.
Solo el 27% de los asistentes eran mujeres, un dato que sigue reflejando el desafío de la igualdad en el sector tecnológico.
Uno de los espacios más destacados ha sido el Talent Arena, con unos 25.000 participantes, dirigido a jóvenes programadores y desarrolladores, muchos de ellos estudiantes con ganas de aprender y abrirse camino en el sector tecnológico.
Allí se abordaron temas con claras implicaciones educativas, como la ética tecnológica, la robótica o la computación cuántica.
Entre los ponentes destacó Tim Berners-Lee, creador de la World Wide Web, quien defendió la necesidad de alejar a los menores de redes sociales altamente adictivas como TikTok, aunque también insistió en que la soberanía digital debería seguir estando en manos de cada persona.
El mundo educativo debería prestar atención a muchas de las innovaciones presentadas en el congreso: el futuro 6G, la robótica aplicada a múltiples ámbitos, aplicaciones para la medicina y la salud, drones de última generación, inteligencia artificial en todo tipo de sectores, exoesqueletos robóticos para la rehabilitación humana, sistemas de IA para la prevención de incendios o tecnologías capaces de monitorizar cultivos —como el olivo— mediante sensores y análisis de datos en tiempo real.
También se abordaron cuestiones como la carrera por la producción de chips y memorias, el uso militar de la inteligencia artificial o el debate sobre la privacidad digital. En este último ámbito, empresas como Anthropic han rechazado algunas peticiones del gobierno de Estados Unidos que podrían afectar al derecho a la privacidad de los usuarios de su sistema Claude.
En paralelo, otros espacios de la ciudad acogían iniciativas críticas como el Mobile Social Congress, con el lema: “Descolonicemos la tecnología”.
mSchools
El último día del congreso se celebra tradicionalmente el encuentro educativo de la organización público-privada, dentro del MWC, llamada mSchools, bajo el lema “Changing Education Together”, dirigida por Albert Forn.
La edición de este año se centró en el tema “La tecnología con propósito: educar para el bien común en la era de los algoritmos”.
Las intervenciones ofrecieron diversas reflexiones sobre el papel de la inteligencia artificial en la educación. El CEO de la organización del MWC (GSMA), John Hoffman, lo resumió con una frase clara: “Todo empieza en las manos de los docentes”.
Entre las aportaciones de Albert Forn y de especialistas como Cristóbal Cobo, Helen Crompton, Mark West, Rafa González, Núria Ferré, Montserrat Jiménez, Miquel Àngel Prats o Carlos Magro, destacaron varias ideas:
- La IA ya no es una promesa, sino una infraestructura.
- La integración de la IA debe formar parte de un ecosistema educativo sostenible, no como una herramienta aislada.
- La tecnología solo tiene sentido si refuerza la dimensión humana en educación.
- ¿Cómo damos sentido a un cambio tecnológico que va más rápido que nosotros los docentes?
- Es necesario implicar al alumnado en los protocolos y usos de la inteligencia artificial.
- La IA ya está presente en los centros; más que normas o protocolos, hacen falta conversaciones y responsabilidades compartidaa. Prohibir no es educar.
- Atención a los imaginarios tecnológicos: no nacen en la educación, sino en las empresas tecnológicas.
- La tecnología promete liberar tiempo para liberarlo hacia aquello importante en los centros educativos, pero a menudo aumenta la carga burocrática del profesorado, con el empeoramiento de su bienestar docente.
- Hay procesos que no requieren IA, otros que son exclusivamente humanos y otros en los que la colaboración con las máquinas resulta útil.
- Los cambios, en definitiva, deberán ser cooperativos si quieren ser realmente transformadores.
- En este contexto, Miquel Àngel Prats, coordinador del grupo de expertos en el ámbito digital de la Federació d’Escoles Cristianes de Catalunya (FECC) y Montserrat Jiménez explicaron y compartieron los resultados de su trabajo en el documento en abierto (original en catalán) “Recomendaciones de uso responsable de la IA”, elaborado como guía para el sector educativo.
Proyecciones
En un mundo cada vez más tecnificado, con sociedades muy vigiladas —por ejemplo, en China existen ya cerca de 700 millones de cámaras de videovigilancia para una población de 1.414 millones de habitantes— y con un control creciente a través de los dispositivos móviles personales, resulta imprescindible fomentar una reflexión crítica de estas realidades desde el ámbito educativo.
La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana y cada vez se presenta más como un asistente y agente personal que nos conoce casi mejor que nosotros mismos, con capacidad para decidir.
Mientras tanto, las empresas tecnológicas continúan proyectando futuros inmediatos que conviene observar con atención y hasta leer entre líneas.
Por ejemplo, un alto ejecutivo lo resumía así durante la presentación de un nuevo teléfono móvil con robot e inteligencia artificial en el MWC:
“Creemos que la esencia de la IA debe seguir centrada en el ser humano. Nuestro objetivo es dotar a la inteligencia tanto de cociente intelectual como de inteligencia emocional: con el poder de resolver, pero también con el alma para comprender”.
La Era IQ es todo esto y mucho más. Junto a los numerosos avances presentados en el MWC, disponemos de muchas pistas para incorporarlas al ámbito educativo dentro del mundo tecnológico en el que ya vivimos.
Porque, en tecnología, el mañana ya es hoy.


