
Sinopsis
En el año 1929 Gabrielle Roy, con solo 20 años, obtiene su primer destino como maestra en Cardinal, un pueblecito de Canadá, y después en un colegio masculino de la pequeña ciudad de Saint-Boniface, ambos en la provincia de Manitoba. De esas primeras experiencias vividas escribió más tarde Los niños de mi vida, una maravillosa recopilación de historias de vida de sus alumnos. Por sus páginas veremos desfilar a Vincento en su primer día de clase, aterrorizado y colgado de la pierna de su padre; a Clair, aplicado, tierno y demasiado pobre para poder ofrecerle un regalo de Navidad a su querida maestra; a Nil, el pequeño ucraniano cantor, o a Mederic, el preadolescente rebelde al que todos temen (y también el mejor buscador de riachuelos secretos de truchas). Niños humildes de padres y madres granjeros, curtidores, limpiadoras, venidos de todas partes a ese rincón del mundo de la campiña más remota o de los arrabales más denostados de la ciudad. Un lugar de la infancia en el que, pese a los duros trabajos del campo, la escasez extrema y las largas caminatas hasta la escuela bajo la ventisca, basta un ramo de flores de tela o un puñado de nueces para hacer sonreír a toda una clase.

Gabrielle Roy (Manitoba, 22 de marzo de 1909 – Quebec, 13 de julio de 1983), fue una escritora canadiense de habla francesa. Por su primera obra, Bonheur d’occasion, recibió el Premio Femina y el Premio del Gobernador General (1947). Entre otros galardones, ha recibido la Medalla de la Academia de las Letras de Quebec (1946), el título de Compagnon de la Orden de Canadá (1967) y los premios Duvernay (1956) y Athanase-David (1970) por el conjunto de su obra.
Reseña
“Cuando repaso, como me ocurre con frecuencia en estos tiempos, mis años de joven maestra en la ciudad en una escuela masculina, revivo, siempre igual de emocionada, la mañana del primer día de clase. Tenía el grupo de los párvulos. Era el primer paso que daban en un mundo desconocido. Al miedo que casi todos tenían se sumaba, en alguno de mis pequeños inmigrantes, el desarraigo, al llegar allí, de que les hablaran en una lengua que les resultaba extraña”.
Así comienza este libro lleno de historias entrañables que nos dejan ver cómo la maestra se preocupa por los alumnos, por sus familias, por el entorno. Se preocupa y va tratando de resolver los problemas que se le van presentando, a pesar de su juventud y su escasa experiencia en la docencia.
Gabrielle Roy nos deja ver que la educación es un todo y que si algo no funciona ese todo quedará cojo, no es solo preocuparse por la enseñanza, hay que dar un paso más para que aprendan, hay que ver el entorno, las familias, sus necesidades… porque es imposible que un niño aprenda todo lo que queremos si una vez que llega a casa la familia le tiene marcada otra tarea de la cual es imposible evadirse.
La historias de vida que nos cuenta son duras, en ellas hay dolor, pobreza, soledad, tristeza… pero también están llenas de éxito por las intervenciones de la maestra en cada uno de los casos. “Venga, Vincento, ven a dibujar la casa en la que vives con tu papá y tu mamá”.
La maestra se preocupa por las personas y trata de acercarse a ellas de forma que, una vez conocida la problemática que le preocupa al alumno, pueda intervenir y mejorar la relación con la educación. Podríamos decir que es una maestra de vocación, la que trata de enfrentarse a los problemas y buscar soluciones para mejorarlos. En la docencia es necesaria esta vocación porque te va a salvar de hundirte ante los problemas que se presentan a diario. Esta vocación te hace pensar, sin mirar horarios, y buscar caminos que puedan paliar esas cuestiones que preocupan al alumnado
“Se acercaba la Navidad… Mientras que algunos de los alumnos se enardecían, otros, cuyos padres eran muy pobres, se afligían por no tener nada que ofrecerme. Por mucho que yo les repitiera que ser amables conmigo y aplicarse bien en su trabajo eran para mí el mejor de los regalos, no conseguía consolarlos. Y menos aún a mi pequeño Clair, a quien ese año no lograba hacer entrar en razón”.
La lectura es amena, entrañable, emotiva, llena de vida y reflexión docente. Es una obra que puede leerla cualquier persona, especialmente, docentes, educadores y estudiantes de educación. En ella van a encontrar cariño, amabilidad en el trato, experiencia docente, reflexión pedagógica… Es muy recomendable su lectura y posterior reflexión.
Para saber más:
- Gabrielle Roy, escritora.. Mª Sol Antolín. Diario Feminista.
- Gabrielle Roy, escritora canadiense. Hortensia Hernández. Heroínas.
Los niños de mi vida. Gabrielle Roy. Los libros de mi blog.
