El decano del Colegio de Docentes y Profesionales de la Cultura defiende que la profesión vive un momento complejo, pero también lleno de oportunidades. Hablamos con Àlex Rocas Jordi sobre recursos, reconocimiento, formación permanente, inclusión, liderazgo educativo y el papel del Colegio en un sistema que cada vez exige más a sus profesionales.
Uno de los objetivos del sector educativo y del Colegio de Docentes es la calidad educativa, dos palabras fáciles de decir, pero ¿cuáles son los ingredientes básicos para que haya calidad educativa? ¿Es suficiente la dedicación y los conocimientos del docente y del centro?
La calidad educativa debe situar siempre al alumnado en el centro. Lo comentaba en un artículo escrito hace unas semanas; eso exige disponer de buenos docentes, pero también que puedan dedicarse plenamente a la tarea de enseñar. El aumento de la complejidad social ha dificultado esta misión, de modo que mejorar la calidad educativa pasa necesariamente por dotar a los centros de los recursos y las condiciones adecuadas.
¿Cuáles serían las prioridades de esos recursos?
Hablamos no solo en términos de recursos propiamente docentes, sino de recursos que lo que hacen es dar apoyo a la tarea docente, y aquí hay trabajadores sociales, educadores sociales, psicólogos, etc. Por tanto, es una red.

Hablabas de un artículo reciente, en el que poníais el foco en el reconocimiento, la dignidad y el compromiso docente. ¿Está suficientemente reconocido el papel del docente?
Hay que distinguir entre el reconocimiento material de la profesión, vinculado a las condiciones laborales, y el reconocimiento social de la tarea docente. Este último se ha debilitado con los años y es necesario recuperar la autoridad, la autoritas. Y la autoridad implica dar lo mejor de uno mismo y que se reconozca esa autoridad moral respecto de, en este caso, la educación. Aquí hay mucho trabajo por hacer porque se ha perdido. Y este es un tema no solo de la escuela, sino de la sociedad.
¿Por qué crees que se ha perdido ese reconocimiento en el sentido de autoritas?
Creo que hay muchos factores. A veces se ha producido un cierto empoderamiento de algunas familias, necesario, por otra parte, porque las familias son corresponsables de la educación de sus hijos e hijas. Pero el empoderamiento no debe traducirse en invadir los espacios propios de la escuela, en el sentido, por ejemplo, de la pedagogía de una escuela o del proyecto educativo de una escuela.
Hay que saber poner los límites de lo que corresponde a la escuela y de lo que corresponde a las familias.
Las jornadas de reflexión educativa que celebramos cada año en La Seu d’Urgell y Andorra, en octubre del año pasado, se titularon «Familias y escuelas: entre la colaboración y la intromisión». Pusimos sobre la mesa la necesaria cooperación entre escuela y familias, pero hay límites que no se pueden traspasar. Insisto en que eso no significa cortar las alas a las familias, porque existe una corresponsabilidad en la educación, pero hay que saber poner los límites de lo que corresponde a la escuela y de lo que corresponde a las familias.
También comentas la necesidad de recursos. Con la aprobación de los presupuestos de la Generalitat, ¿contemplas que haya mejoras reales en educación?
El sistema educativo necesita más recursos y hay que avanzar hacia el cumplimiento del objetivo del 6 % del PIB que establece la Ley de Educación de Cataluña. Sin embargo, no basta con invertir más: hay que hacerlo de manera eficiente, priorizando los recursos que llegan a las aulas y hacen posible una educación inclusiva y equitativa.

Parte de las demandas de las movilizaciones actuales tienen que ver con que hacen falta más recursos para poder llevar a cabo una inclusión real. La diversidad en el aula es mayor ahora que hace 10 años… En este sentido, ¿entiendes parte de las movilizaciones y de este malestar docente?
Entiendo el malestar del profesorado, especialmente cuando muchos docentes sienten que no pueden ejercer su profesión con la calidad para la que han sido formados. Ahora bien, creo que las movilizaciones no siempre han respondido a las necesidades reales del sistema y que el principal perjudicado ha sido el alumnado. El derecho de huelga es legítimo, pero hay que equilibrarlo con el derecho a la educación y con el compromiso ético que la profesión docente tiene con los alumnos y con la sociedad.
¿Puede el sistema educativo sostener tantos días de huelga, especialmente al final del curso?
Creo que ha habido un exceso de días de huelga; si los sumamos todos, estaremos alrededor del 10 % de los días lectivos. Quizá se podrían haber explorado otras vías de presión. La mejora del sistema educativo requiere tiempo, recursos bien orientados y el compromiso compartido de todas las partes. Cataluña dispone de grandes profesionales y de una sólida tradición pedagógica que permiten afrontar este reto con confianza. Personalmente, pienso que existe una voluntad expresa del Gobierno, del Departamento de Educación y Formación Profesional y de la propia consejera de mejorar la educación, de revertir los resultados educativos. Como existe esa voluntad, estoy seguro de que los recursos que se apliquen con los nuevos presupuestos irán en la línea de mejorar la educación. Pero eso requiere tiempo. No se puede pensar que en uno o dos años se puede revertir una situación que, como mínimo, lleva 15 años de descenso, y todos los partidos que han gobernado tienen alguna responsabilidad.
El derecho de huelga es legítimo, pero hay que equilibrarlo con el derecho a la educación y con el compromiso ético que la profesión docente tiene con los alumnos y con la sociedad.
¿Hay que revisar la formación docente para adaptarla a la diversidad actual en las aulas? ¿Qué papel puede desempeñar el Colegio de Docentes?
Es uno de nuestros grandes compromisos. La formación permanente no es una actividad complementaria: es una de las razones de ser del Colegio desde hace más de 126 años. Vivimos un momento en el que la profesión evoluciona muy rápidamente; nuevos retos pedagógicos, inteligencia artificial, inclusión, salud emocional, liderazgo, competencia digital… Todo ello obliga a los docentes a seguir aprendiendo a lo largo de toda su carrera. Por eso apostamos por una formación útil, rigurosa y conectada con la realidad de las aulas.
¿Es necesario reformular algunos aspectos de la formación inicial?
Como decía, hay que reforzar la formación inicial del profesorado para que responda mejor a las necesidades reales de las aulas. Es un debate que se está abordando conjuntamente con las facultades de educación y a escala estatal. Al mismo tiempo, la formación permanente es imprescindible; por ello, desde el Colegio apostamos decididamente por ofrecer a los colegiados 30 horas de formación gratuita y seguimos impulsando una Escuela de Verano de referencia, aunque también hay que reflexionar sobre la disminución de la participación con respecto a décadas anteriores.
Quizá no sea comparable; antes no existía la formación en línea…
Hay que priorizar la calidad por encima de la cantidad en la formación del profesorado. Hoy se ofrece mucha formación, también en línea, pero no toda tiene el mismo valor. El objetivo no debe ser acumular horas de formación, sino garantizar propuestas rigurosas que tengan un impacto real en la práctica docente.

¿Apuestan por la formación presencial?
Como decía, apostamos por una formación de calidad, ya sea presencial o en línea. Ahora bien, la formación presencial aporta un valor añadido difícilmente sustituible: facilita el intercambio de experiencias, el diálogo entre docentes de diferentes etapas y centros, y la creación de redes profesionales que enriquecen la práctica educativa y abren nuevas perspectivas.
La Escuela de Verano del CDL de este año tiene como lema «Leer para comprender y comprender para aprender». ¿Es una apuesta del Colegio en un momento en el que pruebas como PISA alertan de que los niveles de lectoescritura y comprensión lectora están descendiendo, tanto en catalán como en castellano?
La lectoescritura y la oralidad son los fundamentos del aprendizaje. Más allá de los conocimientos específicos, la educación debe formar personas con pensamiento humanístico, capaces de analizar, comprender y ejercer un espíritu crítico. Por ello es importante preservar una formación generalista que establezca unas bases sólidas antes de la especialización.
El objetivo no debe ser acumular horas de formación, sino garantizar propuestas rigurosas que tengan un impacto real en la práctica docente.
Otro de los ejes del Colegio es la defensa del uso social del catalán. ¿Cómo puede fomentarse, dentro y fuera de clase, no como una imposición sino como un uso normalizado en el aula, en las actividades extraescolares, en el recreo…?
La escuela tiene un papel fundamental en la promoción del catalán, pero no puede asumir toda la responsabilidad de su uso social, que depende de muchos otros factores. Desde el Colegio defendemos el catalán como lengua vehicular del sistema educativo y consideramos que preservarlo es una responsabilidad colectiva, tanto por su valor educativo como por el patrimonio cultural que representa.
Ahora que hablamos del tiempo libre y que llegan las vacaciones, ¿están en peligro las colonias escolares con la oposición de diferentes docentes y centros?
Las salidas escolares forman parte del proyecto educativo de los centros y, por tanto, son una herramienta educativa esencial a la que no se puede renunciar. En un sistema educativo inclusivo, estos espacios de convivencia fuera del aula favorecen especialmente la equidad y la igualdad de oportunidades. Lo que hace falta es reforzarlos con más recursos y apoyo para garantizar la seguridad de los docentes y profesionales que los acompañan. Renunciar a ellos sería contrario a los principios de la educación y a la ética profesional, igual que lo sería dejar de evaluar al alumnado.
Están a favor del liderazgo pedagógico del equipo directivo. ¿Lo consideran uno de los ejes de la calidad educativa?
Defendemos lo que prevé la LEC, que es la autonomía de los centros y un decreto de plantillas que pueda mejorarse, pero no debilitarse. En este marco, los equipos directivos son clave. Es necesario reforzar el liderazgo de los equipos directivos y corregir las posibles malas prácticas sin cuestionar un modelo que es útil para el funcionamiento de los centros.

