La extrema derecha que gobierna en la Comunidad Valenciana (mi querido País Valencià) continúa haciendo de las suyas.
En el ámbito de las políticas educativas vienen luciéndose con propuestas muy de su estilo: impedir la interdisciplinariedad y el trabajo por proyectos en secundaria, declarar la obligatoriedad del obsoleto libro de texto -cuestionando la profesionalidad docente y la autonomía del centro-, y ahora se descuelgan con la transformación de la inspección en una policía ideológica. No sé a qué miope se le ha ocurrido confiar en la inspección para el control ideológico.
La inspección y los sesgos ideológicos del currículum
En toda mi larga carrera profesional en la docencia todavía no he conocido una sola declaración de la inspección en la que denuncien los sesgos eurocéntricos, coloniales, androcéntricos o racistas que inundan el currículum escolar. ¿Saben cuántos años hace de la publicación de El arquetipo viril, protagonista de la historia? Aquella excelente investigación de Amparo Moreno, fue pionera en la denuncia de un discurso en los manuales para enseñanza de la Historia fundamentado en un modelo de varón adulto, integrado en las estructuras de poder de las sociedades dominantes.
Desde entonces se han sucedido las investigaciones sobre el análisis del discurso del libro de texto concluyendo preocupantes sesgos ideológicos sobre la reproducción del racismo estructural, el lenguaje androcéntrico, los estereotipos de género o el silenciamiento de la Memoria histórica.
Vean la exhaustiva investigación de Quique Díez sobre el tratamiento que la Memoria Histórica, la Guerra Civil española y la dictadura franquista reciben en los distintos libros de texto y manuales escolares.
Y recientemente se leyó en la Universitat de València una premiada tesis doctoral titulada “Identidad y saber en los libros de texto de música en educación primaria. Un análisis crítico del discurso desde las teorías poscoloniales y de género”, con relevantes aportaciones críticas sobre el discurso cultural en el currículum, prestando especial atención a la reproducción de determinadas identidades culturales y de género y el silenciamiento u ocultamiento de otras.
Recuerdo un libro de texto que iniciaba el tema de la ciudad, con un maravilloso dibujo de una plaza en el que se cruzaban ciudadanos sonrientes y ocupados en diferentes trabajos. El libro se había publicado en 2013 cuando la dramática tasa de paro en nuestro país ascendía al 26%. Las madres y los padres de ese 26% estaban silenciados y negados en el libro de texto que arrastraban sus hijos en la mochila.
Y no olvido, además, los miles de niños y niñas que se ven obligados a iniciar su cotidiana jornada escolar con un padrenuestro y un avemaría.
Con todo esto lo que vengo a concluir es que el cuerpo de inspección es absolutamente inútil para detectar sesgos ideológicos. Por mucho que el Diario Oficial les otorgue esa función, las evidencias muestran su incapacidad de supervisar la “neutralidad ideológica” en los centros escolares valencianos.
Otra cosa muy distinta es si ese colectivo de profesionales del sistema educativo se presta ahora a aceptar la modificación de sus competencias para convertirse en un cuerpo de persecución, denuncia y represión al servicio de la ideología conservadora y las tácticas del fascismo para el control de la población. Porque esa es la cuestión: en el Gobierno valenciano gobierna la extrema derecha y necesita convertir el sistema educativo en un miserable escenario en el que la vigilancia y el miedo regulen las prácticas docentes. Un escenario en el que, según las disposiciones de la Consejería de Educación, ‘cualquier miembro’ de la comunidad educativa puede convertirse en chivato del profesorado “no neutral”.
Amenaza a la libertad y el pensamiento crítico en las aulas
Esto es preocupante porque para el aprendiz de fascista que hoy redacta las disposiciones que publica el Diario Oficial de la Comunidad Valenciana, la denuncia que busca es sobre aquel educador o educadora que fomente el pensamiento crítico y ayude a que los niños y niñas puedan ir aprendiendo la lectura crítica de la realidad.
A estos forofos del totalitarismo les asusta que las aulas puedan convertirse en laboratorios de ciudadanía y formación democrática y les aterra la creación libre, el crecimiento en libertad del ser humano aprendiendo a vivir la libertad. Por eso han suprimido del articulado anterior sobre el currículum conceptos como diversidad o inclusión social. Si las Matemáticas se ocupan de ese tren que sale de Barcelona para encontrarse con otro que sale de Madrid, no sé a qué hora, pues no habrá problema. Pero si una maestra que ha estudiado a Paulo Freire se le ocurre proponer a los chavales que traigan un día la nómina de los padres porque la vamos a analizar, entonces aparecerá la Stasi y podemos imaginar los inicios del proceso.
Bueno, todo esto está por ver. Las maestras y los maestros valencianos han dado reciente prueba de su indocilidad. Lo que sí está muy claro es que la inspección es un cuerpo absolutamente inútil para detectar sesgos ideológicos en el currículum escolar.

