Francisco Javier Vera Manzanares es un joven de dieciséis años que desde muy pequeño se reivindica como activista climático y defensor de los derechos humanos. Nació en Colombia, donde su voz reivindicativa le llevó a recibir amenazas. Finalmente, con nueve años, abandonó el país con su familia y vinieron a España. Y hace cuatro que vive en Girona.
Ahora está haciendo su trabajo de investigación precisamente sobre la importancia de tener en cuenta la voz de los niños. En un futuro le gustaría estudiar Derecho o Ciencias Políticas. Pero más allá del activismo, también le gusta leer y el mar, donde a menudo va a nadar o a bucear.
Ahora que han comenzado las vacaciones escolares de verano y no tiene su agenda tan llena como de costumbre aprovechamos para entrevistarlo para nuestra sección de Alumnos con mucho que decir.
¿Cómo nació tu interés por el medio ambiente y los derechos humanos? ¿De pequeño ya mostrabas interés por estos temas?
Yo soy de Colombia y desde muy pequeño nací en un entorno rodeado de una naturaleza maravillosa, y eso me hacía ser más sensible y consciente de su vulnerabilidad.
Por otro lado, mi madre es trabajadora social y mi padre abogado y en casa de alguna manera he estado expuesto a luchas sociales, feministas y de derechos humanos. Mis padres siempre me han tratado como una persona-ciudadano del mundo y he sentido que mis derechos son respetados en todo momento. Tenían en cuenta mi voz y yo me he sentido escuchado. Eso te empodera en otros espacios fuera de casa como la escuela, el barrio, etc.
De hecho, fue así como lideré Guardianes por la Vida, un movimiento de niños, adolescentes y jóvenes que luchamos por el medio ambiente para poder tener un mundo más saludable y sostenible. Donde actuamos desde la reivindicación pero también desde la educación medioambiental en centros educativos, especialmente en escuelas de América Latina.
Desde entonces he ido moviéndome para incidir en otros espacios de decisión política. Por eso, me he ido incorporando en esta línea de reivindicar nuestros derechos como ciudadanos del mundo.
La base de tu discurso es la ecoesperanza. ¿Qué valores representa?
Es una postura ética y política que busca organizarnos de forma colectiva y actuar para poder cambiar las cosas. Para definirlo siempre digo que no es ni lo contrario de la ecoansiedad que a menudo vivimos, ahora especialmente los jóvenes, ni tampoco un ecoptimismo.
Ahora vivimos una situación caótica en términos políticos, sociales y ecológicos. Hay una crisis planetaria y una degradación de nuestra sociedad en términos generales. Hay altos niveles de violencia y discursos de odio, y parece que el mundo tiende a ir hacia la guerra. Además, vemos cómo por primera vez la democracia y sus valores se ven afectados.
La ecoesperanza, pues, no niega el caos, sino que lo reconoce y lo utiliza para organizarnos, actuar y poder revertir la complicada situación que vivimos.
¿Cómo definirías la situación actual?
El hecho de que se vaya perdiendo el consenso social, especialmente entre las sociedades ya desarrolladas (norte global), y también entre los propios Estados, provoca que haya una militarización en todas partes, no solo en Europa. Todo ello provoca que se pierda el foco en el verdadero problema que tenemos como civilización y este es ni más ni menos que el cambio climático.
Curiosamente, estamos dirigiendo todo el dinero y los esfuerzos a las armas cuando deberíamos invertirlos en combatir el cambio climático. Y eso no se está haciendo, todo el mundo sabe cuál es el problema real, pero miramos hacia otro lado… Seguramente hay intereses económicos que potencian esta situación absurda, la carrera armamentística siempre ha estado ligada al consumo de combustible fósil (el peor enemigo del cambio climático).
La hegemonía global está cambiando, China tiene cada vez más poder y vemos una digitalización hiperacelerada. No entiendo demasiado sobre IA, pero de la misma manera que aparecen nuevos avances es necesario que la regulación de estos también vaya a su ritmo y no llegue tarde. De hecho, toda esta digitalización tiene mucho que ver con la degradación del medio ambiente, ya que se necesitan grandes cantidades de agua para refrigerarse y también tienen un impacto sobre la tierra que ocupan.
¿Y los valores democráticos y los derechos humanos, dirías que están en peligro?
Durante años hemos visto un auténtico avance en el tema de los derechos, pero estamos en un momento complicado en el que pueden peligrar. Especialmente para todos aquellos colectivos que siempre han estado más reprimidos. De ninguna manera podemos perder derechos, los tenemos que conservar y adquirir nuevos.
Ahora bien, si la humanidad vive un momento de cambio también es el momento de poder crear otros derechos. Precisamente con un amigo estamos trabajando en una idea que es poder crear un nuevo artículo dentro de la Convención sobre los Derechos del Niño en el que se preserve la posibilidad de crear otros derechos.
¿Cómo es tu día a día como activista? ¿Cómo combinas el activismo con tus estudios?
Mi día a día es como el de un niño de mi edad. Básicamente, voy al instituto, cada día paso por la biblioteca a leer el periódico, también trabajo en el movimiento de Guardianes por la Vida para organizarnos, y también intento ir al mar a nadar y a relajarme.
Además, dinamizo mis redes sociales para comunicar y hacer seguimiento de todos los proyectos que tenemos en marcha. Pero hay que encontrar siempre un equilibrio con todas las cosas.
¿Dirías que eres un alumno excepcional?
Es cierto que tengo unas condiciones particulares y diferentes. El hecho de viajar tanto hace que pierda clases, pero, aun así, haciendo un gran esfuerzo, intento recuperar temario y no perder el hilo.
Es una vida agitada, piensa que el año pasado hice los exámenes trimestrales en dos días, entre dos viajes de agenda. A mí me gusta la adrenalina, pero mientras haya equilibrio y disfrútalo. En este sentido, mi madre es una pieza clave para encontrar este equilibrio.
Tú que te has movido por ambientes de política, activismo, etc., ¿cómo es? ¿Es un mundo falso o realmente se toman decisiones importantes?
Es un mundo muy burocrático pero apasionante a la vez. Hay que poder ocupar estos espacios, porque es una oportunidad para que la ciudadanía se sienta escuchada. Los niños tenemos pocos espacios desde donde poder hacernos oír, ¡así que hay que aprovecharlos!
Si no los ocupamos dejamos que se queden en grandes manos de grupos económicos y hay que ir con cuidado porque son los que acaban bloqueando algunas decisiones importantes.
Los parlamentos han de ser diversos para poder llegar a consensos, porque en el ámbito europeo no se funciona por votación sino por consenso. Eso lo complica todo, pero, a pesar de ello, hay avances. Aunque es cierto que hay carencias en el sistema.
Te han nombrado asesor del Comité de los Derechos del Niño de la ONU y Defensor del Medio Ambiente y Acción Climática para América Latina y el Caribe por UNICEF. Esto te ha llevado a asistir a acontecimientos importantes por todo el mundo. ¿Dónde has estado?
En muchos países, pero hay muchos rincones que todavía no conozco, sobre todo me gustaría conocer más Cataluña, especialmente Lleida y Tarragona. Para mí viajar es una manera de aprender porque vives nuevas experiencias, tienes acceso a nuevos conocimientos y culturas y eso es un aprendizaje muy interesante.
¿Y en Cataluña cómo te sientes?
Por suerte, aquí hay una escucha activa de la infancia. Pero esto no ocurre en todas partes. Con UNICEF estamos intentando llevar la voz de los niños a otros países. Porque la participación de los niños y niñas a menudo queda reducida, se menosprecia o acaba infantilizándose, porque no se trabajan temas importantes sino secundarios.
Hay que reformular las políticas públicas y la toma de decisiones políticas vinculantes donde se deciden temas que afectan a los niños, pero sobre los que ahora mismo no se les está preguntando su opinión.
¿Quién te inspira en tu día a día? ¿Quiénes son tus referentes?
Mis compañeros de lucha y todas las injusticias que quiero combatir. Cuando veo todo lo que ocurre, las carencias y los derechos vulnerados que hay… me da fuerza para seguir adelante.
¿Alguna anécdota? ¿Un momento complicado o tenso que hayas vivido?
Recuerdo especialmente la convención sobre el cambio climático que hubo hace dos años en el Congo. ¡Se vetó la palabra niño en la redacción final! Había un niño en la negociación, espero que poco a poco haya más representación y participación de la infancia de los países que participan.
¿Cómo ves actualmente a los niños y adolescentes?
Nuestra generación será la primera que vivirá peor que sus padres. Y esto ya empieza a verse, nuestros padres tuvieron muchas más oportunidades de vida que nosotros en muchos aspectos: vivienda, educación, servicios sociales, transporte público, etc. Son toda una serie de ventajas que se están precarizando muchísimo. Pero también la primera que vive rodeada de pantallas, fake news y otros discursos que los empoderan con informaciones vacías.
En mi trabajo de investigación estoy analizando precisamente esta idea que existe sobre la desafección entre los adolescentes y jóvenes. El análisis que hago se puede enmarcar en una situación temporal, ya que ahora hay corrientes alternativas que defienden ideas más tradicionales. Pero también se podría analizar desde otra perspectiva como la del adultocentrismo creciente.
Las palabras que se dirigen hacia los niños tienen un efecto. Si les vamos diciendo continuamente que no pueden participar, que molestan, que tienen que crecer para ser útiles, etc., lo que provoca este discurso es la acumulación de esta desafección que finalmente estalla alrededor de los dieciséis a los dieciocho años cuando acaban votando ideas de contrapoder que se plantean como renovadas y con soluciones populistas. Buscar soluciones fáciles a situaciones complejas.
¿Cómo crees que se puede motivar a las nuevas generaciones a cambiar las cosas? ¿Por qué todavía se pueden cambiar, no?
Yo creo que la situación es muy complicada. Hay que reconocer los errores que ha habido, la gente que está en el poder no es suficientemente consciente del malestar de muchos ciudadanos. No se dan cuenta, y eso es un problema muy grande.
Y sí que hay tiempo para poder dar la vuelta a esta situación porque si no lo hacemos retrocederemos mucho hacia atrás en lo que respecta a derechos… Hace falta una oposición fuerte, sobre todo en términos sociales. Pero hay muchas contradicciones políticas también, se promueven macroeventos, la ampliación del aeropuerto, y a la vez dicen que trabajan contra el cambio climático. El discurso es uno y la acción es otra, hace falta coherencia, más sinceridad y aproximación a la población general.
Hay que revisar la democracia actual y potenciar sistemas más participativos, inclusivos, y sobre todo, más descentralizados donde realmente se trabajen los intereses de la ciudadanía. Y hay que recordar siempre que cuando vamos juntos, no tenemos miedo.

