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Aula

Las asignaturas relegadas se reivindican

Se acostaron como ‘marías’ y se levantaron como asignaturas “que distraen”, en expresión wertiana. Son aquellas materias más creativas, que han perdido carga horaria y entidad cortesía de la Lomce y que, sin embargo, advierte ahora la OCDE, no conviene ningunear. Algunos profesores de este campo nos cuentan cómo lo hacen ellos en clase

Hace unos días, durante su visita a Madrid, el director de Educación de la OCDE y responsable del informe PISA, Andreas Schleicher, advertía en una entrevista a Pilar Álvarez, de El País: “PISA puede ayudar a salir de ese currículo de contenidos memorizados y dar más énfasis al contenido creativo. Muchos de los mejores países -Finlandia en Europa, Singapur en Asia, Canadá en Norteamérica- ponen más énfasis en las destrezas creativas. Finlandia no enseña muchas matemáticas, ciencias o lectura, pero pone el énfasis en otras cuestiones. La respuesta para mejorar resultados es enseñar mejor a los alumnos. Una hora más de música o artes puede suponer mejores resultados que una hora de matemáticas”.

Plástica

“Vaya, es en lo primero en lo que estoy de acuerdo con PISA”, bromea Inma Contreras, profesora de educación plástica, visual y audiovisual, de imagen y sonido y de taller de artes plásticas en el IES Antonio Calvín de Almagro (Ciudad Real). Contreras, en la enseñanza de estas asignaturas, con distintos nombres, desde 1994, lamenta que “en cada cambio de Gobierno se haya metido mano a las artísticas, aunque siempre hemos sido de 3ª regional”. El arte es eso de lo que todo el mundo habla, aunque no tenga ni idea, y que, se piensa, sirve para crear “pequeños Picassos”.

Pero no para Contreras. Lo que ella aplica le servirá igual a un alumno que decida ser cocinero que a otra que se decante por la ingeniería y tenga que ajustar un presupuesto o buscar la solución óptima: “La creatividad también sirve para esto”, recalca una docente empeñada en “dignificar” su asignatura con su trabajo en el aula, al que desde hace cinco o seis años ha incorporado las nuevas tecnologías.

Hoy, sus alumnos al abandonar el instituto son capaces tanto de hacer una infografía como un vídeocurrículum y han trabajado en audio, vídeo y web. En sus clases no solo aprenden técnicas, como el autoretrato, sino que Contreras suele ir más allá: “Este trimestre, en 2º de ESO tomaban una foto de esos retratos, la recortaban, la editaban, la convertían en un GIF y tenían que acompañarla de un ‘Yo soy bueno en…’, porque es fundamental que a esas edades sientan que pueden”, explica la profesora, que asegura que más que despertar vocaciones artísticas aspira a que sus alumnos, tras ir a un museo, se queden con ganas de más.

Su colega Lucía Sánchez, profesora de plástica en ESO y de dibujo técnico en Bachillerato en el IES Castillo del Águila de Villaluenga de la Sagra (Toledo) reconoce que le falta una hora (Plástica ha pasado de tres a dos) para abordar todo lo que le gustaría, pero no renuncia a promover la “alfabetización visual” en sus alumnos adolescentes. Doctora en Bellas Artes, vinculada al colectivo Pedagogías Invisibles, que en realidad nació como un grupo de doctorado hace 10 años, sostiene que “arte y educación en realidad son una misma cosa, un acto programado para transformar la mentalidad del individuo. Del mismo modo que en una exposición de arte contemporánea late una crítica, en la selección del libro de literatura, del acontecimiento histórico en sociales o del contenido de naturales hay una carga ideológica”.

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En sus clases, el análisis de la proporción del cuerpo puede servir para que los alumnos y alumnas descubran el bombardeo de un determinado canon de belleza femenina al que nos someten los medios de comunicación de masas y cómo es la realidad, para conocer otros cuerpos que no se adaptan a la norma, ejemplos en artistas contemporáneos o, incluso, que la celulitis también es bella. No es raro que esta profesora, que reconoce que se presentó a las oposiciones de secundaria “sin vocación, para poder tener un trabajo por las mañanas y pintar por las tardes” y poco a poco fue descubriendo el sentido que le faltaba a lo que hacía en el departamento de Didáctica de la facultad de Bellas Artes de la Complutense, empiece hablando de geometría y termine abordando la identidad y cómo se supone que debemos ser en base a la cultura visual en la que estamos inmersos.

Utilizar las piezas de Lego para aprender música es una buena posibilidad.
Utilizar las piezas de Lego para aprender música es una buena posibilidad.

Música

El profesor de música y formador Adolf Murillo coincide con Lucía Sánchez en lo que para esta puede ser un punto a favor de asignaturas como las suyas: “Que un alumno no aprenda a dibujar es menos drama que si no logra usar el presente simple en 1º de la ESO. A los padres no les importa. Les molesta si suspenden plástica, pero no les preocupa que aprendan o no en clase. Esto te da cierta libertad, no hay tanto agobio para alcanzar determinados estándares y objetivos”, proclama el profesor.

De igual forma, Murillo recalca la distinta consideración social de las artes: “Si el niño no va bien en artes no pasa nada. Si no va bien en matemáticas, sí… Y creo que es un error, porque una música bien trabajada, que haga pensar, que no busque meros ejecutantes de flauta dulce que siguen órdenes, logra desarrollar destrezas que en otras áreas son difíciles de conseguir”. Es por esto que Murillo discrepa del planteamiento de la OCDE: “La música, el arte, vertebran el currículo muy bien, de física a matemáticas y a lengua, pero debe entenderse que son importantes por sí mismas, no porque favorezcan el rendimiento académico”.

Murillo, responsable pedagógico del proyecto Soundcool, acaba de vivir un momento dulce el 16 de diciembre, cuando el Palau de les Arts sirvió de escenario para la representación de la ópera La Mare dels Peixos en la que los músicos profesionales convivían en armonía con coros de escuelas públicas y alumnos que gestionaban la parte electrónica a través de sus dispositivos. De alguna manera, el cúlmen de un proyecto que pretende la fusión del mundo profesional y el amateur (lo próximo será una exposición de esculturas sonoras interactivas en el IVAM, en salas reservadas a artistas consagrados), y “ampliar las aulas, accediendo a otros territorios, a las calles, los museos, los auditorios”, al tiempo que busca convertir a los alumnos en “autores de lo que está sucediendo” y al profesor en “un facilitador, que cree entornos en que la creatividad fluya, que renuncia a estar continuamente bombeando información”.

En Soundcool, nacido en Valencia hace tres años (ahora ha llegado también a Portugal, Italia y Rumanía), y que comenzó en Secundaria pero ya está en Primaria, el aula de Música se transforma en un laboratorio en que los alumnos componen piezas musicales con sus móviles. Fue cuando Murillo, que lleva 18 años en la enseñanza musical y que nunca usó libro de texto, conoce al ingeniero en Telecomunicaciones Jorge Sastre cuando la innovación pedagógica aplicada a la música y la tecnología se unen para generar un proyecto que pretende desarrollar la capacidad creativa de los alumnos a través de las TIC.

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También Sandra Garrido, profesora de música del colegio concertado La compasión-San Gregorio de Aguilar de Campoo (Palencia) apuesta por nuevos acercamientos a la asignatura, desde infantil. Así, junto con su compañera Lidia Trespalacios crea el proyecto LEGOM (Learning education game original music) en que las distintas piezas de LEGO se corresponden con una figura (redondas, blancas, negras, corcheas, silencios…), mientras que los colores se vinculan a las diferentes notas. El resultado, una iniciación al lenguaje musical más atractiva y, sobre todo, más rápida, en un contexto en que su asignatura ha quedado reducida a una hora (o 50 minutos, según la franja horaria) a la semana.

Además, en la clase de música ya no solo hay flautas, sino otros instrumentos, como el ukelele (que permite a los alumnos de 5º y 6º de primaria cantar y tocar a la vez) o los tubos boomwhackers, que en infantil y hasta 3º de primaria pueden ofrecer las mismas posibilidades que un xilófono o un metalófono y son mucho más baratos.

Y no solo suenan autores clásicos, sino que se recurre también a los Beatles o a otros grupos que pueden resultar igualmente educativos.

Para Garrido, la música es una asignatura tremendamente integradora y que toca muchos palos: “Aprendes lenguas, con las letras en español o en inglés; matemáticas, con los compases y la duración de las notas; sociales, de la mano del folclore de las distintas culturas, y fomentas además el desarrollo físico motriz, la expresión corporal, la coordinación oculo-manual…”.

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Filosofía

Aunque no propiamente una maría, la filosofía también se ha resentido con la Lomce en los últimos cursos. Sin embargo, al tiempo, hay maestros que la introducen cada vez antes, desde los 2 años, de la mano del proyecto Filosofía para niños o Filosofía 3/18 que propugna el Grup Iref. Al frente, Irene de Puig, señala que en este movimiento de dimensión internacional (su precursor fue Mathew Lipman, en los ochenta, y está presente en 40 países) no se aspira a apoyar la asignatura con un mayor número de horas, sino a incluir la filosofía como forma natural de la enseñanza, como eje.

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El grupo, que se ha resentido con los recortes en formación del profesorado -de unos 60 cursos al año de la mano de la Generalitat se ha pasado a 15 o 20- ha convertido la resistencia en una victoria: “En un momento en que la enseñanza se está replanteando son muchos los centros que nos buscan, porque el hacer buenas preguntas, el dar razones, que está en nuestro ADN,  con una metodología clara sobre el diálogo, puede servir para otras cosas, como el trabajo por proyectos”, apunta De Puig, que señala cómo, aun hoy, forman a unos 500 docentes al año (en la época dorada llegaban a ser 2.000)

El IREF acredita a Filoscoles y Filomestres que trabajan de una determinada manera y tienen un claro sentimiento de pertenencia al grupo. Las primeras, que rondan las 25, deben pagar una cuota y justificar una determinada manera de hacer las cosas: “Cuando los niños son pequeños nos dan igual los autores que se estudian más tarde, pero las maestras sí han de saber si un niño tiene una visón más aristotélica o más platónica, y poder entrarle, por tanto, de una manera u otra”. A los filomestres no les da miedo la palabra filosofía ni “recorrer territorios que seguramente habían olvidado en su bachillerato”, prosigue De Puig: “Son capaces de seguir haciendo buenas preguntas y si un niño dice una genialidad en clase saben sacarle partido, no se quedan en la anécdota. Y si un niño muestra una actitud muy pesimista, determinista, fatalista, una buena pregunta de su maestra puede crearle un conflicto cognitivo útil, que le anime a no dejar las cosas como están”.

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