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La Fundación Bofill nació en el año 1969 con el objetivo de promover la transformación y el cambio social, y desde 2009 apostó por la mejora educativa como palanca para la mejora social. ¿Cuál es el motivo y qué representa el cambio de nombre a equitat.org?
El motivo nace del espíritu fundacional. Los fundadores, en el año 69, dijeron: hace falta una sociedad más próspera y más democrática y esta no se hará sin más oportunidades; es decir, sin más igualdad y equidad para todos. Dijeron que no sería una fundación asistencial, sino que ayudaría a hacer un cambio de estructuras, aportando ideas, conocimiento e iniciativas que ayudasen a otros a hacer estos cambios.
Cada época ha leído cómo se debe hacer esto y en 2009 hubo una reflexión. Hasta entonces teníamos cuatro ejes: inmigración, pobreza, gobernanza y participación democrática, y un pequeño eje de educación. Pero en 2009 se dijo que para hacer este cambio hacia la sociedad del conocimiento y garantizar la lucha contra la pobreza, sobre todo se debían garantizar oportunidades educativas, no solo ayudas sociales a las personas. No era el único camino, pero quizá era el más fiable para conseguir la equidad y la prosperidad para todos.
En estos años hemos vivido una revolución silenciosa: cada vez hay más niños que estudian y durante más años y cada vez hay más expectativas sociales sobre la educación. Esperamos no solo que se formen ciudadanos que sepan lengua y matemáticas y que tengan conciencia, sino que tengan valores, capacidad de cooperación, espíritu crítico, cultura democrática, y esperamos que la educación sea para todos, sin excepción. La diversidad antes era una anomalía y ahora la diversidad es la normalidad. La fundación está centrada aquí y el primer salto fue adoptar el símbolo de igual como logo.
¿De esto hace…?
Seis años. Adoptar el símbolo de igual en el logo es muy explícito, porque reivindicar la igualdad nos recuerda que todas las personas merecemos los mismos derechos, la misma consideración, la misma dignidad y el mismo respeto. La igualdad nos recuerda que nadie es menos y, a partir de ahora, lo que hacemos es acompañar este símbolo con el concepto de equidad. Es como decir que la igualdad garantiza derechos y la equidad garantiza las oportunidades reales. La equidad reconoce que las personas tienen puntos de partida desiguales y que a menudo necesitan apoyos diferentes. La igualdad sin equidad, de hecho, es una ilusión.
En la fundación siempre hemos hecho mucha investigación, capacitación de profesionales, propuestas, y hemos hablado a las personas más expertas, más comprometidas y más informadas. Tenemos centenares de investigadores que colaboran con nosotros, técnicas de municipios… Hemos generado conocimiento, hemos aprendido con ellos y hemos hecho propuestas. La reflexión de estos últimos años ha sido que, ahora que la equidad está tan cuestionada y tan atacada, pero ahora que la equidad es más necesaria que nunca, necesitamos aprender a hablar a la ciudadanía, a sensibilizar, a explicar de forma didáctica a todo el mundo, no solo a los convencidos o a los expertos, estos valores que compartimos como sociedad, porque la gente es consciente de que hemos llegado al mundo civilizado gracias a conquistas que tienen mucho que ver con la equidad. Con el nombre de Fundación Bofill es más difícil, porque es un nombre que no explica la cosa; en cambio, un nombre que sea deliberada y explícitamente aquello que hacemos, que es equidad, es más fácil de identificar.

Nosotros no podemos renunciar a la experticia; lo que tenemos que aprender es a traducir lo que hacemos al lenguaje que hablan las familias, otros profesionales y toda aquella gente que sabe que la equidad es imprescindible. Podemos ayudar a explicar qué debería hacer nuestro país para que la equidad fuese real para todos y para que estuviera en el día a día, para que no fuese un sueño. Hay que explicar que la gran mayoría de personas estamos donde estamos porque las generaciones anteriores a nosotros consiguieron subir los peldaños en términos de equidad, y la equidad es necesaria, no es un lujo, no es un buen deseo, no es una falacia. Y es muy concreta.
¿Por ejemplo?
Hemos conseguido reducir el abandono educativo prematuro, que era de más del 30% en los años 2000, antes había llegado a un 50%, y ahora estamos en el 14%. Un 14% es mucho, pero es mucho mejor que un 30%. Y tenemos que pasar de un 14 a un 4 y quizá a un 0. Tenemos 97.000 jóvenes al año que dejan de estudiar y tienen que seguir estudiando, y esto tiene que ver con becas, apoyo precoz, orientación…
No cambiaremos lo que hacemos, lo haremos con más intención
Una gran parte del éxito escolar no está en la escuela, en la escuela o en las matemáticas, está en el apoyo de tu familia. O depende del barrio en el que vivas, de las oportunidades educativas de tu comunidad. Aquí entra todo el tema de Educación 360. Por ejemplo, hacer que la lectura esté presente en tu comunidad y en tu familia, que significa capacitar a los padres, darles apoyo, enriquecer la oferta de los barrios. Esto es muy concreto: que vivas donde vivas tengas unas oportunidades culturales en tu familia y fuera de ella.
Dentro de los programas que tenéis, ¿la lucha contra el abandono escolar y el acompañamiento al alumnado y a las familias es y será uno de los ejes?
El país no ha cambiado, y los retos educativos no han cambiado. Cada año lo vemos con el Anuario. Por tanto, nuestras propuestas no cambian; al contrario, esto lo hacemos para hacer el doble de bien aquello que antes ya hacíamos, y lo hacemos para implicarnos mejor. Partimos del convencimiento de que hay mucha gente que sabe que esto es importante y necesario, y tenemos que saber explicárselo y tenemos que saber implicarla en algunas de estas cosas. Pero los cuatro ejes continúan siendo: reducir el abandono escolar, reducir la segregación escolar, enriquecer la educación familiar y comunitaria y la lectura, y luchar por la equidad digital. No cambiaremos lo que hacemos, lo haremos con más intención.
Dentro de los programas que hacéis, que son muy diversos, uno de los más conocidos es Lecxit, que apuesta por la mejora lectora ante el hecho de que uno de cada cuatro niños termina la primaria sin saber leer bien. ¿Qué balance hacéis de este programa?
La lectura es muy interesante para nosotros. Primero, porque la lectura es imprescindible; no solo es importante para ser un adulto funcional o para tener una cultura o un enriquecimiento, sino porque es imposible tener un éxito escolar sin comprensión lectora. No saldrás adelante, ni en matemáticas, ni en historia, ni en ciencias, si no entiendes lo que lees. Una parte de la solución viene del Departamento de Educación, y hemos pedido un plan sistemático de lectura en primaria para que esto no pase, pero otra parte de la comprensión lectora se desarrolla sobre todo en el apoyo de tu casa. Si tienes padres lectores que dedican cada día un rato a leer, que convierten la lectura en una actividad positiva familiar, es más fácil que adquieras el hábito lector, y el Lecxit partió de la idea de decir: ¿qué hacemos con todas las decenas de miles de niños y niñas que tienen una familia fantástica que les da todo lo que necesitan, pero que no les da una cultura lectora?
Es imposible tener un éxito escolar sin comprensión lectora
Hicimos una revisión de programas de todo el mundo, como hacemos siempre, e identificamos en el mundo anglosajón programas de acompañamiento de mentoría lectora. Pienso que es un ejemplo extraordinario de cómo la sociedad se implica en iniciativas positivas. Diseñamos el programa, lo probamos en 30 centros para ver cómo funcionaba y ahora se está haciendo en 300 lugares de Cataluña en 140 municipios. Cada semana, más de 3.000 voluntarios están haciendo una sesión con un niño o una niña con dificultades para leer de cuarto, quinto o sexto. Desde hace 12 años. Con la implicación de ayuntamientos y entidades de todas partes. Esto es extraordinario, ¿no? Lo digo porque estamos en un momento social en el que parece que nada funcione, que la gente mire solo por sí misma, que nos hayamos vuelto egoístas, y un programa como este es un ejemplo excelente.
Quizá hay familias que conocen más Lecxit que la Fundación Bofill.
Es posible. En realidad, programas como Lecxit o como Mentora nos dieron una pista en el cambio de nombre porque dijimos: si hacemos un estudio sobre la evolución de los datos de comprensión lectora y cómo trabajar la lectoescritura, nos lee muy poca gente, pero cuando no solo hacemos esto, sino que además generamos un programa sobre acompañar la comprensión y pedimos la implicación ciudadana, han sido 16.000 o 17.000 voluntarios a lo largo de todos estos años, y la gente se implica, lo hace cada semana, y en estas sesiones de lectura con los niños, la gente no solo comparte lectura, comparte valores, socialización, cuidado, de manera que los niños y las niñas de estas sesiones no solo entienden lo que leen, sino que hacen algo más importante: generan un hábito positivo, convierten la lectura en algo querido para ellos, un hábito autónomo. Programas como estos nos hicieron pensar que cuando sabemos traducir el informe experto en una propuesta en la que invitas a la gente, la gente se suma. ¿Y si hacemos lo mismo con la institución?
Hablabas de que una de las prioridades es la lucha contra la segregación. Un ejemplo es la campaña ‘Aquí empieza todo’ durante los periodos de puertas abiertas y preinscripción escolar, a favor de elegir una escuela sin prejuicios dentro del barrio. ¿Se debe hacer mucha pedagogía con algunas familias, que pueden decir que tienen derecho a decidir dónde quieren que estudie su hijo o su hija?
Es un buen ejemplo. Nosotros somos muy buenos analizando los datos de la segregación en Cataluña y haciendo propuestas políticas, pero nos dimos cuenta de que con una campaña en positivo, que dice que aquí empieza todo, que dice que si es la escuela de tu barrio aquí se aprende matemáticas y lengua, pero también democracia, diversidad, implicación, resulta que cuando hablábamos a las familias y cuando dábamos material a la escuela para hablar a las familias, las personas respondían. Las familias iban, se informaban, se concienciaban, incluso algunas familias han tomado la opción voluntaria de matricularse colectivamente en un centro que antes era considerado muy segregado o un gueto.

Una lección que hemos aprendido es que quizá la gente tiene confianza. Hay una crisis de confianza y cuando hablamos a la gente y la invitamos a hacer iniciativas positivas y la informamos, la gente confía y, además, somos valientes y coherentes. No es cierto que todo el mundo sea egoísta y que el racismo, el miedo y el recelo sean lo que domina. Quizá todos tenemos una semilla dentro de desconfianza, de racismo y de recelo, pero también tenemos ganas de confiar y de colaborar cuando nos hablan abiertamente y cuando nos dan la información.
Hoy en día la información es clave…
La historia de la segregación en Cataluña es un ejemplo. En pocos años, se ha reducido drásticamente la segregación. Había gente que nos decía que cuando se empezara a mezclar el alumnado en algunas escuelas donde había muy pocos alumnos pobres e inmigrantes, habría quejas de las familias, habría mal ambiente, y prácticamente no ha pasado. Tenemos una ciudadanía con muchos más valores democráticos y mucha más madurez de la que queremos creer o de la que nos quieren hacer creer. Cuando las cosas se hacen bien, se explican bien y se hacen de forma coherente, funcionan. Un ejemplo es la campaña ‘Aquí empieza todo’ y otro es el programa Mentora.
Con este programa acompañáis a adolescentes en su trayectoria para combatir el abandono escolar. Es relativamente reciente…
Ahora hará tres años. En Cataluña no se hablaba nunca de abandono, pero existía el fenómeno y había que cuantificarlo. Y lo cuantificamos. Después, nos dimos cuenta de que el otro problema que había era la idea generalizada de que los jóvenes que abandonan son perezosos, están en la plaza sin hacer nada y no merecen nada, cuando, en realidad, todas las historias de vida y análisis que habíamos hecho estaban llenas de jóvenes con una historia de luchas, de esfuerzo, muchas veces de falta de dinero o de problemas de salud mental… Detrás de cada abandono había antes unas historias de gente, de niños, que habían luchado por estudiar, por salir adelante, pero si no cambiábamos la idea social, el estereotipo del nini, no saldríamos adelante, y para eso hacía falta implicación. Además, entregamos cerca de 300 cartas al Parlamento donde los jóvenes explicaban qué problemas tenían para continuar estudiando.
En el programa Mentora hay unos 800 mentores voluntarios que acompañan a jóvenes y, entre ellos, hay maestros jubilados, alcaldesas de municipios, personas que están relacionadas con la educación y otros que son ciudadanos que quieren aportar. Ahora son 40 municipios. Es un programa que requiere mucho trabajo porque acompañar a jóvenes en momentos de ruptura requiere dedicación. Queremos transmitir el mensaje de que la fundación no puede renunciar, ni quiere renunciar, a aportar conocimiento, datos, experticia y evidencia científica, pero si sembramos sensibilización y didáctica y lo explicamos para todos, nos sorprendemos. Y detrás del cambio de nombre hay esta intención. Seamos más explícitos, aprendamos a hablar a todo el mundo y pasarán más cosas.
¿Por qué habéis escogido el dominio .org?
Nos ayuda a recordar algo muy propio de la fundación y muy propio de una entidad social, que es que necesitamos buenos gobiernos, pero las mejores sociedades tienen buenos gobiernos gracias a que tienen sociedad civil y prensa exigente, independiente, activa. Ahora que hay tanto individualismo y ultraderecha, hace falta más que nunca reforzar el ámbito de lo colectivo. No podemos solo quejarnos de lo que no hace el gobierno; tenemos que hacer propuestas, desarrollar, crear redes, crear alianzas, y .org es el símbolo de las entidades no gubernamentales.
Las mejores sociedades tienen buenos gobiernos gracias a que tienen sociedad civil y prensa exigente, independiente, activa
Nuestros fundadores centraron nuestra identidad en cuatro lemas: conocimiento, cooperación, innovación e independencia. Y el de independencia es muy clave porque tuvimos un patrimonio fundacional puesto por los fundadores que es lo que nos permite hacer investigaciones y aportar datos, incluso de aquellos temas en los que un gobierno no está interesado.
Hablabas de la extrema derecha. ¿Una de las maneras de combatir su discurso de odio es reivindicar la equidad?
Sí, la primera idea fue la de hablar a todo el mundo, y la segunda que surgió fue esta: cuanto más cuestionado está el tema de la equidad, nosotros, que tenemos independencia económica y política, tenemos más el deber de reivindicarla. Sabemos que con esto estaremos más en el punto de mira porque recibimos muchos ataques de la ultraderecha.

Somos conscientes de que el tema equidad y educación serán el centro de batalla cultural de los próximos años, porque va de oportunidades, de democracia, de lo público, porque va precisamente de todo lo que odia la ultraderecha u otras formas corporativistas, y sabemos que el debate actual va de simplificar, de “todo va mal”, “no vale la pena hacer nada”, va de hacer creer a la gente que tienes que elegir entre calidad y equidad… Va de unas tesis que en todos los países democráticos estaban muy superadas, y nosotros, que tenemos un altavoz, tenemos el deber de utilizarlo. Está todo el relato interesado de la bajada de nivel como excusa para decir que desmantelemos la equidad o reduzcamos los recursos o privaticemos. Todo esto lo veremos en los próximos años y aquí podemos contribuir.
A nivel institucional, ¿cuáles serían las primeras medidas que pediríais al Departamento de Educación o al Gobierno, porque a veces depende de más de un departamento?
Estamos en un momento muy interesante porque la educación se está abriendo a todos, a toda la diversidad. Nunca la educación había tenido tanta centralidad ni había captado tantas aspiraciones de las familias de todas las clases sociales. Esta centralidad educativa es muy buena, pero al mismo tiempo es lógico que nunca esto haya generado tanto malestar, porque se le pide tanto a la educación… Por tanto, lo primero es decirle al Gobierno que hay que convertir la educación en el centro, no ya de la competitividad del país, sino de la promesa de cohesión del país. En tiempos inciertos como los que vivimos ahora, a nivel profesional, laboral, económico, lo único que nos puede dar confianza es saber que nuestros hijos, o nosotros si nos estamos formando, tendremos una educación de calidad. Esto es construir confianza; por tanto, lo primero que le decimos al Gobierno es que venimos de una mala historia, con décadas de desinversión, del franquismo que lo desmanteló todo, y tenemos que ponernos al día. Una reinversión educativa, tanto económica como metodológica, es imprescindible y no se debe aplazar.
Lo que decimos es: reconstruyamos la educación como vehículo de cohesión, de oportunidades y, por tanto, garantizar no solo un aprendizaje de lectura y de matemáticas para todos, sin excusa, sino comedor escolar, becas… Todo aquello que permita que el mayor número de jóvenes estudien el mayor número de años. No perdamos estudiantes. Y, en concreto, las propuestas que presentamos son un resumen de las prioridades del Anuario, teniendo en cuenta lo que hemos aprendido de otros países que han salido mejor: extensión del 0-3; recuperar los aprendizajes en clave de equidad, es decir, lectura y matemáticas en el momento en que tienen las primeras dificultades; acabar con el abandono escolar, que significa orientación y becas; invertir más en los centros socialmente más desfavorecidos; una financiación más justa, transparente y sostenible en los centros; equidad educativa también más allá de la escuela, combatir la segregación, y una educación digital crítica, creativa y justa.
El tema digital es uno de los cuatro ejes que antes comentabas. ¿Cuál es vuestro posicionamiento respecto a las pantallas y el aula?
El tema digital puede ser o una gran amenaza para la educación o una oportunidad, pero para ello tenemos que domesticar las tecnologías: lo que no puede ser es que la educación vaya a remolque de la tecnología, sino que la tecnología se debe adaptar a lo que necesita la escuela, a lo que necesita el niño, y eso significa, en parte, regular, y sancionar, si hace falta, a las empresas tecnológicas, pero con prohibir no basta, hay que empoderar. La escuela es un lugar donde puedes convertirte en un ciudadano tecnocrítico, que sabe utilizar herramientas digitales de una forma crítica y profesional.
Lo que no podemos hacer es decir “no nos gustan las pantallas y haremos como si no existieran”. Si lo que queremos decir es que los niños deben tener pantallas más tarde, que se deben usar poco y que se deben usar solo cuando aporten valor, eso es imprescindible. Pero el tema digital está en el día a día de muchas familias y hay que hablar de ello porque los niños acceden de mil maneras y, como saben los maestros, los niños hacen los deberes con ChatGPT, los maestros no saben si lo han hecho de una manera u otra… Tenemos que tomar las riendas de este tema y educar para usar bien estas herramientas.
Los niños en situación de pobreza tienen capacidad de aprender
¿Tendrá más importancia todo lo que supone la pobreza infantil?
La pobreza infantil no es un problema puntual. Uno de cada tres niños entra cada día en la escuela en situación de riesgo de pobreza. Evidentemente, hacen falta medidas sociales y familiares, pero los niños en situación de pobreza tienen capacidad de aprender. Otra cosa es si necesitan unos apoyos más determinados. Por ejemplo, en lectura pueden necesitar más acompañamiento y hábito lector; en matemáticas, posiblemente no tienen un profesor particular o un apoyo en casa, y si hay que poner más profesores en el sistema educativo, se debe prever, como se ha hecho en muchos países, que sea en grupos pequeños, en materias en las que se atascan un poco más. Se debe contemplar un buen sistema de becas porque son niños que cuando tengan 16 años quizá también trabajen para ayudar un poco en casa, y acaban dejando de estudiar. Es una medida educativa, no asistencial. Los niños en situación de pobreza infantil son niños que quieren estudiar, sus familias quieren que estudien y lo que debemos contemplar son aquellos tipos de apoyos educativos, económicos y de todo tipo para que puedan seguir estudiando.
¿El nombre equitat.org representa la necesidad de implantar estas medidas?
Exacto. Hay gente que piensa que la equidad es lo que necesitan otros, los pobres, pero todas las propuestas que hacemos en la fundación son para todos: un mejor aprendizaje del inglés, de las matemáticas… Otra cosa es que los alumnos de familias de clase media en casa pueden tener cierto apoyo, y otros en situación de pobreza y con poca disponibilidad se lo juegan todo en la escuela. Esto explica que, en PISA, por ejemplo, no hay países que sean campeones en excelencia y no lo sean en equidad. ¿Qué tienen en común países como Estonia, Finlandia o Corea, que tienen sistemas totalmente diferentes? Son excelentes en ambos, porque impulsan el talento de todos y desde abajo. Todos necesitamos la equidad. Los derechos son buenos para todos y la equidad es lo que permite ser proporcional con estos derechos, para salvar la distancia entre de dónde se parte y dónde se quiere llegar. Ningún país saldrá bien ni a nivel de cohesión, ni a nivel económico ni político con un 34% de pobreza infantil, pero si algo ha demostrado que puede romper la transmisión intergeneracional de la pobreza, es decir, que la pobreza no se herede de padres a hijos, es la educación. Los estudios quizá no proporcionan bienestar, pero salvan de la pobreza extrema; hay una diferencia radical entre haber estudiado o no.
También es importante reconocer lo que tenemos: los docentes están sosteniendo no solo un sistema con poca inversión, sino que muchas veces están sosteniendo la comunidad, son un punto de apoyo. Hay que reconocer el papel de maestros, entidades sociales, educadoras y educadores sociales que están haciendo que niños que no iban a la escuela vayan, los municipios con alcaldes y alcaldesas que sin presupuesto invierten en orientación, en crear oportunidades… Esto explica que, a pesar del retraso en inversión, si algunas cosas han funcionado es gracias a este esfuerzo.

