Son 15 años de unos recortes que todavía no se ha revertido. Aumento de ratios en las aulas (y supresión de puestos de trabajo) y de horas lectivas (que también dejaron a mucha gente fuera de las aulas), los salarios más bajos del país, burocracia, una diversidad que aumenta a base de ningún apoyo suficiente, edificios que no se arreglan…
“Cada vez tenemos más diversidad”, dice Ángela Roldán Sánchez, maestra de primaria en Madrid. Es uno de los muchos motivos que llevan al profesorado de la pública a la huelga estos días. Ella tiene un 5º con 26 alumnos en el que 11 de ellos tienen alguna necesidad de apoyo. Cuenta con una hora diaria de PT. “Bienvenida sea”, por mucho que sea tan insuficiente como necesaria.
La lista reivindicativa es muy larga. Mercedes Zarzalejo, consejera de Educación, dejó claro que no va a negociar ninguna de las medidas. Lo dijo en la Asamblea de Madrid. Los sindicatos todavía no saben nada de una posible reunión.
¿Por qué ahora?
El descontento de buena parte de la comunidad educativa madrileña no es nuevo. Se viene gestando desde 2010-2012, con los primeros y los grandes recortes causados por la crisis económica de aquellos años.
“No existe un momento concreto en el que sabes que ya es la última gota que desborda el vaso”, dice Aída San Millán, secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO en Madrid. “Vas aguantando la inercia, hasta que llega un momento en que no puedes más”, explica Roldán.
La falta de negociación ha sido la carta de presentación de los responsables de la Educación de los diferentes gobiernos del PP en la Comunidad. San Millán habla del “modelo Jack el Destripador”, por trozos. De manera que se negocia, cuando ellos dicen, la carrera docente, o el horario de secundaria (y se deja el de primaria fuera).

“Antes hacían el amago de sentarse a negociar”, cuenta Roldán, “aunque tampoco han hecho grandes cosas. Ahora han dicho directamente que no”.
Mercedes Polo García es maestra de infantil. Junto a Ángela Roldán acudió a la concentración de ayer ante la Asamblea de Madrid en la que cientos de compañeros protestaron durante horas por la situación de la educación pública.
Polo recuerda que en estos años ha habido huelgas y manifestaciones, que no se ha parado. Pero cada vez pesa más la degradación de los años de recortes. “Al final vemos que si no protestamos, nos comen; y no queremos que se pierda la calidad educativa pública”.
Lo poco que se consigue en las mesas de negociación, dice San Millán, se incumple de mil maneras. Por ejemplo, con las instrucciones de inicio de curso, que contradicen los acuerdos. Y no pasa nada. No hay ninguna mesa de seguimiento.
‘Primavera’ docente
En este marco de escasa negociación, de política de divide y vencerás, como la define San Millán, aparecen las educadoras infantiles de Madrid en el primer tercio del año. Sus condiciones, sin duda, con las peores del sistema educativo. Con mucha suerte, son trabajadoras públicas. Casi unicornios en la Región. Lo más habitual es trabajar en centros privados o públicos de gestión “indirecta”, es decir, privada.
Salarios que solo suben cuando lo hace el SMI. Ratios imposibles, de hasta 20 criaturas de dos años. Horarios laborales que impiden cualquier tiempo de preparación. No hay horas lectivas y no lectivas. Solo hay horas. La huelga indefinida fue la única salida para intentar mejorar sus condiciones de vida. Hablamos de personas que cobran escasos 1.100 euros al mes, en una de las comunidades más caras del Estado. Algunas, en la cuarentena, no se pueden independizar. Las hay que viven de ayudas sociales.
Para Carmen (nombre ficticio), maestra de primaria la “experiencia potente” de la huelga de infantil en la que las educadoras “plantean algo rupturista y novedoso, de apoyo mutuo fuerte”, ha empujado en cierta medida la huelga educativa en el resto de etapas. Junto a esto, Valencia.
Y a las pocas semanas estalla el conflicto en Valencia. Su situación, más o menos similar. Años de recortes y precariedad, con un gobierno de izquierdas, que poco o mucho, ha escuchado, negociado, a veces accedido a dar su brazo a torcer -aunque menos de lo deseado. Se encuentran con un cambio de ciclo y una Consejería refractaria, que no abre la puerta hasta que se convoca una huelga indefinida que se mantiene durante 32 días y queda en espera con la llegada de las vacaciones de verano.
Un conflicto que trae imágenes de manifestaciones masivas, de concentraciones ante la Conselleria, decenas, cientos y miles de docentes en las calles y unos sindicatos que, al menos al principio, escenifican la unidad sindical. Unidad que se resquebraja, al menos, en parte, con la firma de algún que otro acuerdo parcial con Educació.
También salta, en ese tiempo, el conflicto colectivo en Cataluña. A pesar de que algunos sindicatos acababan de firmar acuerdos con la administración educativa, otros deciden escalar la situación y comenzar varias jornadas de huelga y protesta.
Ahora peor
El profesorado madrileño de cierta edad conoce bien de dónde vienen estos lodos. Esperanza Aguirre formó un dúo casi imposible con Lucía Figar, una de las más duras consejeras de la Comunidad. Con ella no existió nunca la negociación, de ningún tipo.
“Los profesores con quienes hablan me dicen que ahora peor”, explica San Millán. “porque nos denigra, miente e intenta poner a la sociedad en nuestra contra”, cuenta.
Aunque la estrategia en aquel Madrid salido del tamayazo era la de hablar mal del profesorado que se presentaba a las oposiciones porque tenía faltas de ortografía, por ejemplo. No hubo, en cualquier caso, espacio para hablar.
San Millán explica que hablando con el profesorado, después de muchas negociaciones parciales y pocos acuerdos, o malos, o lentos, “no quieren migajas, quieren toda la barra de pan”.
Como dice Carmen, no hay nada nuevo en las reivindicaciones de esta huelga. Las protestas de los últimos años han sido motivadas por las mismas cuestiones. Aunque el momento que se vive ahora es diferente, con una crisis de vivienda, de sanidad, etc. que cambia los ánimos. Para esta docente, la magnitud de lo que se está viendo tiene que ver con las circunstancias de las últimas semanas: el desahucio y fallecimiento de Mari Carmen, un clima social caldeado, la convocatoria de huelga general.

Prioridades
“Por mucho que yo quiera, es inviable” atender a la diversidad del alumnado que hay en el aula, explica Roldán. Habla de sus 11 niños de 5º con necesidades educativas. “Los grandes perjudicados son los niños”. Para ella, de todas las reivindicaciones, la de tener apoyo en clase para hacer el trabajo es la primera. “Los niños, porque se merecen una igualdad de educación y las mismas oportunidades. Y no la tienen, seamos sinceros”.
Mercedes Polo también habla de la necesidad de orientadoras en las aulas de infantil para evitar que las criaturas sean etiquetadas, al tiempo que reciben atención especializada. Hasta ahora podían funcionar hablando de retraso madurativo para poder tener cierto apoyo. Ya no. “Ya tiene que ser un caso muy grave, algo muy significativo, autismo para que reciban la ayuda que necesitan”, explica.
Ambas maestras explican que no están haciendo una huelga política, contra un gobierno concreto, sino contra los recortes y ciertas políticas. “Si tuviera que manifestarme contra otro gobierno de otra ideología, perfectamente me manifestaba”, asegura Polo.
Por su parte, Roldán expresa su descontento con los sindicatos, a lo que han acabado obligando, de una forma u otra a dar el paso dela huelga indefinida. “Yo invito a los sindicatos también que entren a las aulas, invito a los políticos, invito a las familias, invito a todo el mundo que vea cómo es el mundo desde dentro de la educación, porque no se ve”.
Aunque, en general, se entiende cómo se ha llegado a este punto, hay ciertas discrepancias y disonancias en la convocatoria. Una de las más importantes tiene que ver con la ausencia de la FAPA Giner de los Ríos de las movilizaciones. La falta de algunas cuestiones para ellas clave de las demandas del comité de huelga están en el germen.
Para Carmen, además, se está pidiendo un esfuerzo grande a muchas personas en situaciones de grandes desigualdades. Es decir, no es igual el esfuerzo que han de hacer las educadoras de infantil que el profesorado de secundaria. No se cobra lo mismo, las jornadas tampoco son iguales, las condiciones de trabajo, menos. “Que todas pongamos el cuerpo igual cuando algunas estamos peor, no me parece igualitario”, cuenta.
Que se produzcan situaciones análogas a las de convocatorias de anteriores huelgas es algo que le preocupa. Que el modelo de Jack el Destripador vuelva a triunfar y que, cuando algún sector consiga parte del pastel se termine por desconvocar la huelga y vuelvan a perder las que menos tienen.
Partiendo de la experiencia de Valencia, es pronto para saber si la balanza se inclinará de un lado o de otro. San Millán tiene claro que habrán de esperar más de 20 días para verlo.

