Desde hace décadas, el término necesidades se estableció en el argot de los centros educativos y se fue trasladando a las familias. En el año 1994, tras la Declaración de Salamanca, el término necesidades educativas especiales ha recorrido el mismo proceso. Hoy estamos en el camino del apoyo.
En el curso 2023-204, según datos del Ministerio de Educación han recibido apoyo 1.088.413 alumnos, de los cuales 294.494 tienen necesidades educativas especiales, la mayoría con alguna discapacidad; 386.345 con dificultades específicas de aprendizaje; 394.034 en situación de vulnerabilidad por su situación socioeconómica y social; 58.54 con altas capacidades.
Desde el curso 2017-2018 el aumento ha sido del 75%. Nos aventuramos que en el curso 2025-2026 el incremento será notable.
Estamos hablando de cifras muy importantes que determinan una nueva situación en el sistema educativo, pero si importante es el número de alumnos también lo es el profundizar en el concepto de apoyo y en su desarrollo y en su implicación en el sistema educativo. El apoyo no puede constituirse en una nueva categoría y nuevo procedimiento de segregación. Le dice un padre a su hijo de quinto de primaria, no te llevas con Ana, no es tu “novia”,” por favor, papá, si va a apoyo”. Si ese niño ha contestado esto, es que lo tiene muy claro, sin que nadie se lo haya explicado ni siquiera comentado. Él lo ve y también ve lo sufre el que es apartado.
Hoy la diversidad es la realidad de todas las aulas, unos nacen en enero, otros en diciembre y otros en el medio; unos son hijos únicos y otros tienen hermanos; otros alguna discapacidad, otros problemas para el aprendizaje, otros altas capacidades, otros son inmigrantes, otros viven situaciones de vulnerabilidad por condiciones económicas y sociales graves, otros tienen problemas con el idioma, otros son demasiado hiperactivos, otros tienen déficit de atención, otros están sufriendo por el divorcio de sus padres, otros tienen problemas por su imagen corporal, otros está desmotivados y se bloquean, otros están confundidos en la adolescencia. Todos necesitan apoyo en algún momento, unos un apoyo puntual y otros más duradero. Todos necesitamos andamios para vivir, para crecer y cuando ya no los necesitamos, abandonamos esos andamios, pero necesitaremos otros y así nos vamos construyendo.
El profesor de apoyo
El profesor del aula es el mejor profesor de apoyo de sus alumnos porque tiene más oportunidades de conocer al alumno y de detectar sus necesidades y el apoyo que necesita. En estos momentos en los que parece que se va a producir una disminución de ratio, hay más posibilidades de que el profesor pueda estar más pendiente para detectar las necesidades y establecer los apoyos. La disminución de la ratio per se no supone beneficios de manera automática, pero si el establecimiento de agrupamientos de los alumnos, metodologías más activas, competencias a desarrollar en el grupo, mayor provisión de datos para la evaluación continua, la mejora es evidente. El conocimiento del alumno por parte del profesor no es determinante por la relación profesor alumno sino por la observación y mediación del profesor en las distintas actuaciones y actividades del alumno en los distintos grupos en los que interviene.
El segundo recurso de apoyo es otro profesor del curso del mismo nivel, anterior o posterior, con codocencia, si juntan los grupos, o con ayuda puntual o asesoramiento.
El tercer recurso es el profesor de Pedagogía Terapéutica o Leguaje y Audición que sirve de apoyo a todos los alumnos. Sin embargo, se precisan otros perfiles profesionales para la motivación, el mover los intereses o superar crisis o cambio de actitudes. La Pedagogía Terapéutica viene de lejos, María Soriano había asistido a la Conferencia Internacional de Psicotecnia en 1927 y en 1928 a la Quincena Social Internacional de París con todos los prebostes de la Ortopedagogía pero en año 1954 en el Congreso de la Sociedad Internacional en Viena se inició un giro ya no tan médico y más social; de regreso a España, y paseando con su fiel escudera y secretaria Dolores Plaza por la Granja de San Ildefonso crearon la terminología de Pedagogía Terapéutica.
Hoy se necesitan otros perfiles profesionales para el apoyo ,para mover los intereses, y cambio de actitudes; para superar las crisis, profesores formados en las relaciones interpersonales y en contextos formales pero también informales, que estén formados en la gestión de las situaciones complejas en el aula, y con habilidades para intervenir o promover vías positivas de solución; educadores sociales que con la relación más directa y a pie de casa, ofrezcan datos y soluciones; profesores de apoyo preparados para que se asegure la protección y bienestar emocional del alumno
El apoyo no puede ser una nueva categorización que desemboca en una nueva forma de segregación. Ha de prestarse en el aula, como una actividad más de participación del alumno, en los distintos agrupamientos. El apoyo sirve para todos, se relativiza por la interacción en el grupo, cada uno desempeña su papel que beneficia a todo el grupo. En los agrupamientos flexibles que responden a criterios previamente fijados con su temporalización y criterios de evaluación, en el trabajo por proyectos, en equipos colaborativos, en grupos de trabajo cooperativo en aplicaciones del diseño universal del aprendizaje (DUA)….la participación es una exigencia de la inclusión educativa, nadie puede quedarse al margen o fuera del aula .La excusa con la que se pretende justificar el apoyo fuera del aula es que se necesita una atención individualizada. La individualización no supone la relación unidireccional entre el profesor y el alumno, es más rica cuando se presta en función de las necesidades del alumno en el grupo, el propio grupo es un fuerte recurso para la individualización ya que en el grupo se manifiestan los distintos roles, los puntos fuertes y los débiles y es el mismo grupo el que resuelve, con la observación del profeso, y en su caso mediación.
Organización del apoyo
El apoyo dentro del aula forma parte de la gestión del aula. El aula ha estado demasiado tiempo sometida al método científico, a la división del trabajo, a la memorización y reproducción, al taylorismo “todos los americanos van a tener un coche pero tiene que ser un Ford y negro como éste”, Hoy el profesor no se limita a dar clase, como si estuviera en una academia, tiene que gestionar el aula, donde todos los alumnos son diferentes, y la culpa de ser diferentes no es de los alumnos. Estos son los alumnos de hoy, y si el profesor da clase, y a los alumnos de ayer, el profesor lo va a pasar mal en su situación personal y emocional. Para gestionar el aula, el profesor tiene que conocer a los alumnos y no solo por los exámenes, y para eso tiene que tener tiempo y si no lo hay, hay que buscarlo en los tiempos del curriculum, Tampoco hay tiempo para dedicarlo íntegramente a conocer al alumno, hay que estar atento a sus manifestaciones ante todas las propuestas, donde encentra dificultades, a quien pide ayuda; plantearle situaciones que impliquen procesos, que permitan constatar datos y la posibilidad de poder mediar, compartir en vez de dirigir, dirigir compartiendo.
Uno de los primeros evaluadores de PISA, definió el curriculum como la relación del alumno con el profesor. El curriculum no es un listado de objetivos y de competencias, el curriculum tiene vida; las relaciones, las emociones los sentimientos, la voluntad, el esfuerzo, la satisfacción, el fracaso y como levantarse, lo positivo y lo negativo que hay que abandonar. Tampoco lo es el libro de texto, hasta la última página a primeros de junio.
El curriculum del aula, se construye cada día, no está prescrito, en esa construcción están los conocimientos relacionados, los procedimientos, las relaciones, los sentimientos, los apoyos, todas las acciones. Todo influye en el aprendizaje y todo hay que moverlo para ello. Ya lo dijo Confucio” Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí.
En el aula, se vive, se crea, se aprende y se aprende a vivir juntos; si falla alguna de estas cuatro patas, la caída es segura; por eso es importante que intervenga el apoyo, incluso antes de que se rompa esa pata.
Como nos recuerda Jaques Delors en La educación encierra un tesoro, trabajo que le encomendó Federico Mayor Zaragoza para definir la educación del siglo XXI y que cimentó en cuatro pilares, aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer, y aprender a vivir juntos. Aprender desde el primer momento en la escuela porque como vaya a ser ese aprendizaje nos va a condicionar el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Federico Mayor Zaragoza añadió un quinto, aprender a emprender, a movilizarse, a crear, a actuar, a no conformarse, a ser libres y responsables como nos impele la UNESCO.
Aprendamos con los andamios que nos prestan los demás y cuando ya no los necesitemos, los retiramos, pero ya necesitaremos otros; todos necesitamos de apoyos y es en la escuela donde aprendemos lo necesarios que son, pero si se utilizan para establecer categorías y vías para la segregación, el remedio puede ser peor que la enfermedad.

