Publicidad

Familia e infancia

Almudena Gómez-Álvarez Abajo

El papel de las emociones en la jornada escolar Almudena Gómez-Álvarez Abajo

Agacharte a su altura, mirarle a los ojos, esbozar una sonrisa y hacerle ver que le entiendes. Todo esto marca una diferencia en la educación de nuestra infancia.

Enlarge

Una criatura que disfrute de sus años en la etapa de infantil, cuando estos años están cargados de momentos felices, será una persona sana en el futuro. Los recuerdos positivos permanecen en nuestra memoria marcando una impronta que permanece viva en años posteriores. Una criatura que ha vivido ricas experiencias, acordes a sus necesidades, capacidades y ritmo evolutivo, que además ha sido querida, amada y respetada por encima de todo, tendrá mayores posibilidades de ser una persona adulta con grandes capacidades. Si esto se acompaña con un apoyo mutuo en el grupo de iguales y un respeto profundo a la libertad individual en un proceso cargado de afecto, estaremos contribuyendo a hacer de la infancia una etapa plena y feliz. El afecto mueve el mundo.

Sin embargo, a pesar de su máxima importancia, a veces se nos olvida la necesidad de trabajar las emociones en la vida cotidiana y, de manera sorprende, en nuestras aulas.

Docentes y alumnado solemos estar inmersos en una vorágine social de horarios rígidos, estructuras espaciales de contención, fiestas pomposas, a veces extra valoradas, todo ello rodeado de contenidos que se dan y se absorben a velocidades máximas; una rutina diaria en la que la rapidez es lo importante, donde la eficiencia es sinónimo de una buena labor profesional y en la que la visibilidad de lo que se hace es lo fundamental, pareciendo así que damos mayor valor a nuestra profesión docente.

Y con ello llega el olvido, en silencio, de puntillas…  Y nos roba el tiempo, el nuestro y el de los niños y niñas de nuestra escuela, colegio o instituto. Nos anula la sonrisa, nos absorbe la mirada, nos quita el abrazo mañanero, nos arrebata las caricias, las preguntas de si han dormido bien, la necesidad de saber si vienen con hambre, con frío, con sueño, con alguna preocupación… Nos extirpa la capacidad de expresar cómo nos sentimos, cómo nos encontramos… la capacidad de escuchar cómo se siente el compañero, cómo se encuentra la compañera… las palabras bonitas que nos hacen fuertes, grandes, insuperables y a las que no se les da importancia. Y sin embargo, serán dichos recursos los que propiciarán que esos niños y niñas en un mañana sean personas amables, alegres y, sobre todo, quesean y se sientan queridas.

Inmersos en la rutina escolar olvidamos dedicar momentos y espacios a dialogar con los niños y niñas sobre lo que piensan, pero sobre todo sobre lo que sienten. En la sociedad actual está demostrado que existen problemas de socialización, que las personas sufren de estrés, de ansiedad y que se crea depresión y malestar en uno mismo y con los otros. A veces, según expertos en el tema, estos problemas vienen por carencias en la expresión de las emociones. Las emociones que no se nombran, que no se expresan, que no se gestionan se quedan dentro y se comen poco a poco la alegría y a uno mismo.

En la escuela, donde los niños y niñas son pura esencia emocional, debemos permitir que estas capacidades afloren y se fomenten. Y esto no solo se realiza poniéndoles nombre en una hora del currículo, sino sintiéndolas y expresándolas con la máxima expresividad para que nos empoderen. Y cuando decimos esto nos referimos tanto a emociones consideradas bonitas como la alegría, la sorpresa, la ilusión… como a las no tan bonitas, pero igual de necesarias, como la tristeza, la desesperanza e, incluso, la rabia. No hay que culpar a la criatura ni hacerle ver que hay emociones buenas o malas, hay emociones y deben de vivirlas, saborearlas y expresarlas en todo su esplendor guiándoles para entenderlas y gestionarlas en beneficio suyo y de otros y otras.

Publicidad

Y esto es incompatible con la prisa.

¡BASTA! Paremos el tiempo. Llenemos el aula de momentos de encuentros: riamos con nuestros niños, abracémonos con nuestras niñas, hablemos con nuestros cuerpos, nuestras miradas, nuestras sonrisas y nuestras palabras. Gritemos, saltemos, corramos, brinquemos solos/as y acompañadas/as en todas las situaciones en que sea posible, muchas más de las que les otorgamos si elegimos enfoques metodológicos que permitan la actividad libre y espontánea. Vivamos el tiempo de Educación infantil como solo podemos hacerlo en la infancia y más allá si queremos: con intensidad, con un paraguas de amor.

En pos de los contenidos dejamos en el cajón los afectos abrazados a sentimientos y emociones. Abramos este cajón, dejemos que salgan, que llenen nuestras aulas y hagamos que sean el motor de cada día.

Almudena Gómez-Álvarez Abajo. Plataforma por la defensa de la Etapa de Educación Infantil 0-6 años

Publicidad
Publicidad

Comentarios

  • Ramon Pujades

    Almudena,
    Tu escrito me ha gustado por lo que tiene de humano, de sincero y de acertado. Quisiera, sin embargo, hacerte una observación: los niños i niñas de 0 a 3 años son atendidos en las guarderías más por la necesidad de los padres que de ellos/as mismos/as. Los cuidados que necesitan a estas edades tan tempranas son los de los padres, especialmente de la madre. No dudo en absoluto de la competencia de las personas profesionales que les atienden en la guarderías pero se trata de una mal menor. La conciliación del horario laboral y el familiar es el camino a seguir siempre que sea posible i en esta dirección debemos trabajar. No sé hasta qué punto nuestros políticos son conscientes de este hecho que, probablemente, han experimentado en sus propios hogares.
    Felicidades de nuevo por tu artículo.

    Ramo Pujades
    Asociación Tourette Catalunya

    21/04/2017
  • Almudena

    Estimado Ramón:

    Gracias por tu comentario y por tus agradecimientos. Estoy de acuerdo contigo, en los primeros años la crianza debería ser totalmente ejercida por la figura de apego del niño o niña y para ello los poderes públicos deberían ofrecer todas las posibilidades para que esto se hiciese realidad. La conciliación familiar y laboral de este país es de risa por lo que muchas familias deben acudir a escuelas infantiles en las que dejar a sus hijos/as para poder trabajar. Por eso, viendo esta necesidad, como sociedad debemos luchar por estos objetivos; mejorar esa conciliación, y mientras esto ocurre, luchar a su vez porque esas escuelas tengan las mejores condiciones en todos los sentidos. Entre ellas tener las mejores profesionales de infantil. Y en toda la formación que estas profesionales reciban, y en mención a mi artículo, tener una buena base de educación emocional que apenas aparece en los estudios realizados y que es base fundamental para estar con niños y niñas de la etapa de infantil.
    Un placer compartir contigo este tema.
    Un saludo

    24/04/2017

Escribe tu opinión