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Ramón Ruiz
Jesús Gutiérrez

El calendario escolar: en busca de la transformación de la escuela Ramón Ruiz
Jesús Gutiérrez

Hoy el Consejo Escolar de Cantabria vota un informe sobre el calendario escolar que aprobaron hace unos meses. Este artículo, escrito días antes por el presidente del Consejo y el consejero de Educación aclara cómo ha sido el proceso de gestación e implementación.

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Necesitamos renovar la escuela

No sabemos si estamos de acuerdo, pero debemos trabajar para estarlo. La escuela que necesitamos no es la misma que hemos tenido hasta hace poco. La escuela de los últimos 200 años es insuficiente. Necesitamos una escuela transformada para la sociedad líquida, desigual y en permanente y acelerado cambio.

Debemos afrontar cambios relevantes, capaces de renovar la esencia y el alma de la escuela; orientándola hacia una escuela nueva, activa, esencialmente educativa y formativa. Por eso, la innovación no es una opción, es una obligación y debe ser un objetivo permanente e irrenunciable.

Es responsabilidad de todos tomar conciencia de esa necesidad, pero de manera muy especial de los gobiernos.

Muchos son los elementos susceptibles de transformación para renovar la escuela. Y es en este conjunto donde debe incidir la innovación.

El valor del tiempo en educación

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Ahora bien, hay un factor que tiene un peso específico determinante; el tiempo. El tiempo que se dedica a enseñar y aprender; pero también el tiempo social, en las familias, en los grupos sociales… El tiempo entraña un gran valor socioeducativo, un enorme potencial para acompasar y armonizar educación y sociedad.

Tanto la cantidad de tiempo, como su calidad, conciernen a la educación; más aún, la comprometen, según Caride, con la obligación de garantizar el derecho a una formación que asegure su desarrollo integral a lo largo de toda la vida.

Una buena organización, administración y gestión del tiempo escolar puede convertirse en una excelente oportunidad para transformar y renovar la educación. “Las concepciones temporales de la escuela, -decía Caride en las jornadas- además de constituirse en elementos estructurales de la organización de las instituciones educativas y de la vida académica, son dimensiones que afectan a todo el orden pedagógico de la instrucción, desde el currículum y los métodos, al sistema de valores sociales y culturales que informa la realidad educativa”.

Conscientes de todo ello, en Cantabria se han introducido cambios en una de las variables de ese tiempo; en el calendario escolar. No es una idea repentina ni una ocurrencia, como algunos llegaron a decir. Es un proyecto que ya hubo intención de poner en marcha entre 2004 y 2011.

Que esto se planteara en Cantabria no debe extrañarnos; es coherente con el debate, bastante generalizado, sobre la reforma de los tiempos escolares, orientado a mejorar su calidad. Más concretamente, el debate sobre el calendario escolar se viene produciendo, desde los años 2009/10 y antes, en países como EE.UU., Reino Unido, Francia, Italia y un largo etcétera.

Entre las posiciones de ese debate se encuentran las opciones de reorganizar, alargar o acortar el calendario lectivo del alumnado, para conseguir un mejor rendimiento en el aprendizaje del mismo.

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Un calendario más adaptado a los ritmos cronopsicológicos y cronobiológicos del aprendizaje y la convivencia

Teniendo en cuenta, como dice Hargreaves (2003), que “más tiempo no siempre significa más aprendizaje”, Cantabria ha hecho una apuesta por un enfoque del calendario, pionero, que opta por la reorganización , siguiendo el modelo que defiende periodos bimestrales, de más o menos 7-8 semanas lectivas, más descanso. Un modelo avalado por estudios de algunos autores como Testu (2008), Cavet (2011), Gromada y Shewbridge (2016), basado en los ritmos cronopsicológicos y cronobiológicos del alumnado para el aprendizaje a lo largo del año.

Este enfoque divide los 175 días lectivos en cinco periodos bimensuales, de unas 7 semanas lectivas cada uno; a excepción del último, que se prolonga a 9, para realizar los exámenes extraordinarios. Con un periodo de descanso entre cada periodos lectivos.

No se incrementa el número de días no lectivos, se racionaliza; se reduce el número de días de vacaciones en verano, especialmente en junio y septiembre, y se distribuyen estos en otros periodos, intentando que los ritmos de trabajo sean coherentes y lo más similares posible entre sí.

Más allá de ser un modelo de calendario que usan la mayoría de países de la UE, esta forma de organizar los periodos de trabajo y descanso posee una gran potencialidad para introducir cambios en algunas de las variables necesarias para renovar la escuela. Intentaremos explicarlo.

En primer lugar, este enfoque del calendario escolar busca la mejora del aprendizaje La reorganización del calendario es una gran oportunidad para conseguir un aprendizaje de mayor calidad. Todo indica que la redistribución del tiempo escolar en periodos más cortos, seguidos de descanso, beneficia sustancialmente la salud física y el bienestar emocional del alumnado; factores esenciales por sí mismos, pero que, junto con otros, contribuyen a mejorar la calidad de los procesos de aprendizaje.

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Así, pues, estos se ven influidos de manera más positiva por periodos bimestrales que por los periodos tradicionales. Dicho de otra manera, la exigencia de una atención y esfuerzo demasiados sostenidos puede afectar negativamente al rendimiento, debido a la fatiga o cansancio.

En segundo lugar, el nuevo enfoque de calendario se dirige directamente a la mejora de la convivencia. El Observatorio de la Convivencia, que en Cantabria funciona desde 2006, pone de manifiesto, año tras año, que es al final de cada trimestre cuando se producen los mayores problemas en la convivencia. La fatiga y el cansancio afectan a la disposición al trabajo y a la relación con los demás. Este es un dato objetivamente contrastado.

Mejorar la práctica docente

Por otro lado, los cinco periodos bimestrales permiten introducir cinco informes de evaluación para el alumnado y las familias. Se ha determinado que en dos de ellos, el primero y el tercero, debe primar la información cualitativa sobre la cuantitativa, o bien contengan exclusivamente información cualitativa.

Por sí misma, esta medida ha planteado a los centros una serie de exigencias ligadas a la necesidad de que el profesorado incremente la reflexión conjunta sobre aspectos de su práctica . Aspectos como el sentido y práctica de la evaluación, la reorganización de los contenidos, el uso de didácticas y metodologías más adecuadas , etc., se ven favorecidos por un modelo que no se limita a poner y comentar calificaciones, sino que exige una reflexión conjunta sobre aspectos concretos de la evolución del alumno y la expresión de la misma en términos descriptivos, que abarcan diferentes aspectos de su desarrollo personal y social.

Así, pues, el establecimiento de cinco periodos bimestrales con sendos informes de evaluación influye en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se ha puesto énfasis en revitalizar el sentido de una evaluación continua y formativa; que se base más en la integración de las actividades propias de evaluación con las de enseñanza-aprendizaje y menos en hacer exámenes.

Otro de los efectos de la reducción de tiempos entre evaluaciones , es que permite una mayor adecuación y agilidad en la toma de las decisiones sobre qué medidas hay que introducir . Tiempos más cortos pueden suponer un seguimiento y valoración más cercanos y frecuentes y, en consecuencia, facilitar la toma de decisiones e introducción de medidas educativas adecuadas ; sin duda, se favorece una mejor atención a la diversidad del alumnado.

Todo lo anterior pone al profesorado ante la necesidad de cambiar la distribución temporal, organización e, incluso, la selección de los contenidos , adaptados a la menor duración de los periodos de tiempo y regidas por los criterios de coherencia, afinidad e interrelación de los propios contenidos, profundizándose con ello en el necesario margen de maniobra del que debe disponer el profesorado en relación con el currículo oficial y con las propuestas editoriales.

La conciliación

Como es fácil comprender, los periodos vacacionales o de descanso escolares, generan en las familias, en la sociedad un problema de conciliación.

La conciliación es una aspiración de las sociedades avanzadas. Pero no es al sistema educativo a quien hay que reclamar la solución a la conciliación de la vida familiar y laboral. Es un asunto político, laboral y social. Y son las administraciones, junto con todo el tejido económico, empresarial y social quienes deben acordar las medidas que se deben tomar.

Es algo deseable pero también, volviendo a lo que nos ocupa, hay que tener claro que no forma parte del núcleo del nuevo modelo de calendario escolar de Cantabria. Es una variable importante que correlaciona con él; es importante, pero tangencial.

La escuela, puede y debe contribuir a la conciliación, con medidas que la faciliten la misma. Ahora bien, sobre ella no puede recaer, en exclusiva, la solución .

El tiempo social, un tiempo educativo diferente

Ante esto y por la petición de las organizaciones de familias, FAPA- Cantabria y CONCAPA, se han desarrollado medidas de conciliación y ampliado a todos los periodos no lectivos, del nuevo calendario escolar.

Medidas como la apertura de algunos centros que ofrecen actividades a lo largo de la mañana y el servicio de comedo. Por otra parte la Consejería oferta actividades culturales, talleres, etc. A todo ello han contribuido, igualmente, varios de los principales ayuntamientos de la región.

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Se trata de ofrecer un tiempo social distinto; también educativo, pero cuyas actividades tienen un carácter de ocio recreativo y creativo, cultural, deportivo, etc.; diferente a lo que los niños y niñas suelen realizar en los colegios.

Proceso de seguimiento, análisis y valoración
La implantación de un calendario diferente es un proyecto socioeducativo para transformar la escuela, atendiendo a factores que traspasan sus muros. Es un proyecto ambicioso, no exento de riesgos.

No basta con tomar las decisiones que se requieren para la innovación. Deben tener fundamento; realizarse con profunda reflexión conjunta, comunitaria y es indispensable que conlleven procesos de seguimiento, análisis, investigación y evaluación.

Ese es el camino que se ha intentado. La aplicación del calendario, encuentra dificultades y siempre habrá una distancia entre lo que se pretende y lo que se consigue. Pero todo este proceso tendrá valor en función del seguimiento, análisis y valoración que hagamos o.

A lo largo de este primer curso de aplicación, la Administración y el Consejo Escolar de Cantabria (CEC), han llevado a cabo sendos procesos de seguimiento, análisis y valoración.

La Administración ha elaborado un plan de seguimiento que entraña, entre otros mecanismos, la recogida de información, el análisis, contraste y valoración a través de los consejos escolares de 21 centros educativos.

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El CEC, diseñó y ha desarrollado un proceso paralelo de seguimiento, análisis y valoración, mediante audiencias con representantes de la comunidad educativa, a través de una muestra de centros elegidos aleatoriamente.

En su estrategia el CEC incorporó unas jornadas de reflexión y análisis con toda la comunidad en el mes de marzo. Con todo ello, el CEC está a punto de concluir un informe las valoraciones y propuestas que se consideren pertinentes.

Conclusiones provisionales

Independientemente de esto se pueden extraer ya algunas conclusiones .

1.- Se requiere continuar el proceso de aplicación del calendario para poder analizar, incluso investigar, más a fondo sus efectos sobre las variables implicadas ; especialmente sobre la cantidad y calidad de los aprendizajes del alumnado.

2.- A medida que ha transcurrido el curso ha ganado terren la idea de que el modelo de calendario parece que favorece el bienestar y la salud emocional del alumnado; de la misma manera que se amortiguan los conflictos y, con ello, se mejora de la convivencia.

3.- Es necesario matizar la afirmación anterior porque también se pone de manifiesto que se ha producido una sobrecarga de deberes, tareas y exámenes, antes, durante y después de los nuevos periodos de descanso, de noviembre y febrero. Las evidencias más claras de ello se han dado en educación secundaria y, de manera muy especial, la queja de las familias y alumnado se produce en referencia al excesivo número de exámenes.

Ello relativiza la cantidad y calidad del descanso y la mejora del bienestar del alumnado plantea dudas acerca de la aplicación de la evaluación continua.

Este es, por tanto y con toda claridad, uno de los aspectos que debe mejorarse en el proceso de aplicación del calendario a lo largo del próximo curso escolar.

4.- No cabe duda de que las medidas que se determinaron sobre la evaluación han centrado las miradas en ella.

Las familias, en general, valoran positivamente los informes de evaluación de carácter cualitativo; les permite disponer de una información más variada y completa y favorecen la comunicación con el profesorado.

Por lo que se refiere al centro y al profesorado, parece que el énfasis sobre la evaluación ha incrementado la reflexión centrada en el alumnado, y se han llevado a cabo valoraciones más globales.

Queda de manifiesto que, si bien en infantil y primaria, hay indicios de mejora en la aplicación de la evaluación continua y formativa, en secundaria queda camino por recorrer.

La práctica general de la evaluación, en consecuencia, es una variable en la que la Administración educativa y los centros deben poner énfasis especial en su mejora.

Queda patente la necesidad de que tanto la Administración, como los centros , realicen un esfuerzo mayor de comunicación con las familias para reflexionar a fondo sobre las prácticas de evaluación.

5.- El profesorado manifiesta que los nuevos periodos de descanso facilitan una mayor coordinación, reflexión sobre la práctica docente y toma de decisiones con ello, se dan indicios de cambios pedagógicos, didácticos y en la evaluación, así como la formación del profesorado.

También ha quedado expuesto que se genera una mayor carga de reuniones y trabajo para el profesorado.

Sin embargo, el trabajo conjunto del profesoradoes un gran valor añadido. Se necesita mejorar y profundizar en él, pues es un poderoso factor para impulsar los cambios y transformaciones.

6.- Es fundamental el trabajo conjunto y comunitario para mejorar el calendario. La Administración, los centros y el Consejo Escolar se deben impulsar y potenciar la información, la reflexión y el debate sobre los cambios que implica el nuevo calendario.

7.- Las semanas de descanso permiten otro tipo de actividades y otro ocio educativo; contribuyen a disfrutar de más tiempo familiar, viajar, tener encuentros familiares, con amistades, etc.

Ahora bien, se necesita mejorar varios aspectos:
o Eliminar o minimizar la carga de trabajo escolar para el alumnado durante ese descanso.
o Enriquecer la oferta de actividades en los descanso mediante una mejor colaboración y coordinación de las AMPA, la Administración , los ayuntamientos, etc.
o Debe haber una mayor implicación de los ayuntamientos.
o La información sobre la oferta de actividades debe ser más abierta y disponible en los centros educativos.

8.- Se valoran positivamente las posibilidades y oportunidades que ofrece el nuevo calendario, aunque es necesario continuar haciendo un seguimiento de su desarrollo para mejorar aspectos susceptibles de mejora. Debe enfocarse hacia la innovación y mejora continua.

En resumen, la modificación del calendario escolar en Cantabria es el inicio de un camino que ofrece una gran oportunidad para reflexionar, analizar, debatir y seguir tomando decisiones, que permitan impulsar lo ya iniciado.

Es un gran reto, no exento de dificultadess, para mejorar la educación y para impulsar un mejor funcionamiento de los centros educativos de nuestra región; para profundizar y mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje; para contribuir a una convivencia más armónica, para fomentar la colaboración de la comunidad educativa… En definitiva, para que los niños y niñas de Cantabria estén mejor formados, se conviertan en ciudadanos y ciudadanas más responsables, y sean más felices.

Ramón Ruiz Ruiz. Consejero de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria.

Jesús Gutiérrez Barriuso. Presidente del Consejo Escolar de Cantabria.

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