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Política educativa

Enrique Díez

El negocio escandaloso y segregador del Bachillerato Internacional Enrique Díez

El Bachillerato Internacional, título de una empresa privada, está siendo sufragado en buena medida por las administraciones, a pesar de los grandes recortes en la pública.

Cuando entras en clase de 1º de Bachillerato Internacional del Instituto Lancia de la ciudad de León, te quedas perplejo. Hay cinco alumnos y alumnas sentados en el aula. Y toda una plantilla de profesorado para dar clases a estos cinco chicos y chicas. La Junta de Castilla y León financia públicamente para que se dé un trato escandalosamente preferente y segregador a una minoría selecta: 5 alumnos y alumnas en una clase en 1º de bachillerato en este instituto público de León. Mientras se ampara en la escasez de población escolar para explicar recortes de profesorado y unidades en la misma provincia.

Cuando otros institutos de su entorno, de la misma ciudad, y con características similares tienen 36 alumnos y alumnas de media por clase en el mismo bachillerato, como el Legio VII; o 35, en el Ordoño II; o 30, el Instituto Padre Isla, ¿cómo es posible que en el Instituto público Lancia haya un bachillerato de una entidad privada, el denominado “bachillerato internacional”, con 5 alumnos y alumnas en 1º y 13 en 2º? ¿Cómo es posible que la Administración educativa esté ampliando sistemáticamente el número de alumnado por aula en todos los centros públicos, para contratar cada vez menos profesorado, mientras que no pone problema alguno en mantener toda una plantilla de profesorado para atender a estos reducidísimos grupos en un bachillerato de una entidad privada, vendiéndolo, eso sí, como “la atención a la diversidad por arriba”, “una formación de excelencia que equipara con algunos centros educativos de elite” y un “prestigio añadido para el instituto, por ser de los pocos centros donde se ofrece este tipo de enseñanza”? Asegurando incluso un “profesorado motivado” (como si el resto del profesorado estuviera desmotivado) y “estable” (cuando cada vez es mayor la precarización del resto).

En una época de recortes y precarización en educación, que el Partido Popular ha vendido como “racionalización” con sus normativas y decretos, donde los centros educativos han sufrido un permanente recorte de profesorado y personal, con 30.000 docentes menos en la pública para una población escolar que ha aumentado, cómo es posible este “extraordinario fenómeno”. Recordando que el reciente Informe de la OCDE para España, denuncia que la Administración educativa destina entre 1.335 y 2.670 euros menos por alumno y año, que la inversión en educación supone solo un 8% del gasto público total, frente al 11% de media de la mayoría de esos países y que, en términos de PIB, se ha recortado hasta el actual 4% (7.000 millones menos), una inversión muy por debajo de la media de los países de la OCDE, el 5,3%. Sabiendo además que el Gobierno del PP se ha comprometido con la Troika a que no pase del 3,8% del PIB en 2018 y descienda hasta el 3,67% en 2020.

En este contexto de saqueo de la educación pública, la Administración educativa está amparando, financiando y potenciando “islas de élite” para una minoría selecta, pagando a una fundación privada, que se ha instalado y parasita la educación pública sin ningún pudor. Porque no se trata solo de mantener plantillas de profesorado para atender grupos reducidísimos, sino el coste que suponen estos bachilleratos internacionales de una entidad privada para las arcas públicas. Ante la penetración de la empresa privada en lo público, a la Administración educativa no parece importarle saltarse todas las normativas y medidas de recortes que ha impuesto a todos los centros educativos públicos a sangre y fuego, con el fin de que esta empresa privada implante su escandaloso modelo de negocio, que vacía aún más las exiguas arcas públicas de la educación, ya recortadas hasta límites insospechados por las políticas neoliberales pactadas entre PP y PSOE y consagradas con la modificación del artículo 135 de la Constitución.
La Organización del Bachillerato Internacional (IBO), fundación privada creada en 1968, con sede en Ginebra (Suiza), por un grupo de familias vinculadas al mundo diplomático y a los organismos internacionales, ha extendido sus redes por toda España.

Los primeros años la mayoría de los colegios que ofertaban el Programa eran centros privados de élite. Cursarlo en el International School of Sotogrande de Cádiz costaba 16.000 euros; en el Aloha College (Marbella, Málaga) 13.670 euros. En Sevilla cursarlo en el IES Martínez Montañés (público) y el San Francisco de Paula costaba entre 11.000 y 12.500 euros, respectivamente. El colegio privado Peñacorada de León también lo implantó hace unos años, pero actualmente se ha deshecho de este programa y habría que preguntarse por qué.

Actualmente casi 100 centros en todas las comunidades –excepto Extremadura, Ceuta y Melilla– ofrecen dicho programa. De los 95 centros que han implantado en España este programa 30 son institutos públicos. Las comunidades con más centros públicos IB son Cataluña y Castilla y León. El Bachillerato Internacional se ha implantado en Primaria (3-12 años), en años intermedios (12-16 años), el Programa de Diploma (16-19 años) y el Certificado de Estudios de Orientación Profesional (16-19 años). Efectivamente, el programa puede comenzarse desde los 3 años, aunque lo más conocido es el programa del Diploma, que corresponde a los dos años de Bachillerato.

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El coste para el centro escolar, con el fin de poder anunciar que tiene el diploma de esta “marca” es de 8.350 euros anuales, como indica la propia página del IBO (Bachillerato International). A esta cifra, que esta empresa privada cobra a cada centro solo por anunciar que imparte su programa de bachillerato, hay que sumar el coste por alumno o alumna, que suele superar los 1.000 euros (por asignatura, por prueba, por matrícula y alumno, etc.), y el coste de los exámenes externos que es de 588 euros (una vez se finaliza el programa), además de las tasas que cobra la Organización del Bachillerato Internacional. Algunas administraciones educativas, como las de Castilla y León, financian todo el coste. Otras, utilizan un modelo mixto, en los que la Consejería paga el coste del programa y el alumnado paga el coste del examen externo.

El negocio, en todo caso, está asegurado. Porque además de todo lo anterior, la Organización del Bachillerato Internacional, se encarga también de proporcionar y cobrar por una formación específica al profesorado, por elaborar y corregir las pruebas y exámenes, etc. Además, en función de que esta entidad privada es la que otorga el Diploma, fiscaliza y establece una serie de controles sobre los centros y el profesorado de la educación pública, que tiene que dar cuentas a esta fundación privada. Es poner a la educación pública a los pies de la empresa privada, que es quien, en definitiva, acaba planificando, autorizando, exigiendo y evaluando a la comunidad educativa y el funcionamiento del centro.

Lo único que consigue quien cursa el Bachillerato Internacional es obtener un Diploma acreditativo de que ha hecho este programa. Nada más. “Es igual al Bachillerato normal, solo que al final te dan un diploma que solo sirve para eso, para tenerlo enmarcado y decir que hiciste el bachillerato internacional” denunciaba una de las alumnas que lo han cursado.

Porque la supuesta “ventaja” que anuncia permanentemente de que con el BI ya no se tendrá que hacer la prueba de selectividad (EBAU) para acceder a la Universidad es una mentira a medias. Es decir, una “posverdad”, como ahora se denomina. Es cierto, que desde que el PP impuso la LOMCE eliminó la exigencia de realizar simultáneamente los dos bachilleratos (el público y el privado internacional), pues el ministerio de Wert reconoció a esta fundación la equivalencia de este bachillerato en la LOMCE. Por eso actualmente, en teoría, se permite el acceso directo a la Universidad, pero utilizando como nota de acceso la que se haya obtenido en el curso. Esto conlleva mucha “letra pequeña”, que no se suele leer en el contrato, hasta que no se ha terminado y uno se encuentra con la realidad, que suele ser bastante distinta.

La letra pequeña establece que solo se “convalida la fase general de la EBAU” (la nota que se les aplica es la media de las 6 asignaturas del Programa), con lo que tienen que matricularse en la EBAU de la UNED y examinarse de las específicas o convalidar nuevamente la nota que han sacado en el BI en las asignaturas requeridas como específicas, en aquellas universidades que sí permiten específicamente sumar hasta 4 puntos de la fase específica mediante este sistema de acceso. Además, la convalidación, al tener que hacerse con calificaciones traspuestas de la calificación general, no pueden ponderarse para titulaciones que piden notas de corte para acceder a ellas. A esto se suma que los resultados del Diploma no se conocen hasta el 5 de julio, por lo que llegarían muy tarde para solicitar la carrera que se quiere. Por eso la mayoría de los institutos insisten en que “recomendamos a nuestros alumnos que se presenten a la Selectividad”. Es decir, que a efectos prácticos la única supuesta ventaja que les daría este BI se transforma en nada.

Ante tantos requisitos de exigencia, cuya utilidad real en muchos casos no la ven, y ante la presión a la que se ven sometidos, pues la carga académica y lectiva es mucho mayor (40 horas semanales, en vez de las 30 horas normales) y con muchas más horas de laboratorio, etc., muchos estudiantes se echan atrás y abandonan el programa. “El volumen de trabajo acaba siendo agobiante”, confiesa una estudiante. Todavía se recuerda el escándalo en 2010 del Bachillerato Internacional en un centro en Vigo, denunciado ante la Inspección de Educación de Vigo por estudiantes y familias por “maltrato psicológico” continuado. Ante esta situación, algunos centros han empezado a recurrir al chantaje, como nos relataba una familia: “nos presionan amenazándonos de que si abandonaba nos cobrarían el coste de la matrícula que había abonado el centro, que era –nos dijo- de más de 6.000 euros”.

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Esta escandalosa segregación, con financiación pública, en manos de una entidad privada, no es el modelo de educación pública que debemos defender. Una segregación de excelencia por arriba, como nos dicen, para alumnado con notas medias de notable, y sobresaliente para los que vienen de otro colegio o instituto, supone volver a un modelo de escuela selectiva y segregadora, que instaura una concepción no democrática de la educación, de acuerdo con un enfoque ideológico nefasto para la educación y la sociedad. La selección del alumnado, en cualquiera de sus formas, rompe el equilibrio y la cohesión social, convirtiendo la educación en una lucha por el privilegio de la distinción, olvidando los valores de la pluralidad, la cooperación y solidaridad y su ejercicio en un espacio de diversidad. La obligación de la Administración Pública Educativa es garantizar el éxito escolar de todo el alumnado y no el de unos pocos, no recortando y desasistiendo a la mayoría de los centros públicos, mientras financia con el dinero de todos programas de entidades privadas al servicio de una élite. Más y mejor inversión en la educación pública, dotando a todos los centros de los recursos suficientes y las medidas adecuadas para que todos ellos ofrezcan las máximas oportunidades de cara a que todo el alumnado pueda recibir la mejor educación, especialmente el alumnado que más lo necesita, es lo que debe presidir una política educativa justa.

 

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, Coordinador del Área Federal de Educación de IU y miembro del Foro de Sevilla.

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Comentarios

  • Madre de Alumna

    Programa IB: ni negocio ni segregador

    En primer lugar, como leonesa de nacimiento, expresar mi alegría al saber que en mi ciudad se imparte este programa educativo.

    El Bachillerato Internacional tiene como meta formar jóvenes solidarios, informados y ávidos de conocimiento, capaces de contribuir a crear un mundo mejor y más pacífico, en el marco del entendimiento mutuo y el respeto intercultural.

    León necesita jóvenes que impulsen la vida de la ciudad y que aceleren un proceso de renovación que resulta casi imposible si nos mantenemos siempre en contra de cualquier modelo nuevo ya sea de educación, actividad empresarial o emprendimiento cultural.

    En Segundo lugar, como madre de una alumna que actualmente cursa 1º de Bachillerato Internacional en un centro público de Madrid, no comparto lo la visión tan pobre que se da de los jóvenes que deciden optar por este programa, ellos saben que les requerirá muchas horas de estudio, cambios de esquemas mentales y rutinas diarias, largas horas de actividades dedicadas a voluntariado y actividades culturales. Sabiendo todo lo anterior mi hija y sus compañeros comenzaron el curso con mucha ilusión y muy comprometidos con adaptarse a un sistema nuevo a pesar de miedos e inseguridades.
    A día de hoy, pasados seis meses ya de curso, he de decir que el trabajo ha sido durísimo pero los resultados inmejorables, entendiendo por resultados no notas ni títulos como menciona el artículo, sino la notable mejoría de los alumnos en expresión escrita, capacidad de investigación, voluntad de servicio a la comunidad, capacidad de superación, etc.

    Sí estoy de acuerdo en que no parece adecuado que haya solamente 5 alumnos por clase en uno de los cursos y trece en el otro (en Madrid la media es de 28) pero imagino que se tratará de un problema puntual del IES Lancia y que probablemente obedecerá a causa no relacionadas con el IB, llevo muchos años fuera de León y desconozco el caso concreto.

    Para finalizar, me gustaría aclarar ciertos puntos que pueden generar cierta desinformación respecto al programa IB y comentar otros factores que creo que se han de tener en cuenta para tener una perspectiva más global a la hora de abordar la defensa o denostación del mismo:

    1) El Bachillerato Internacional® (IB) no es una empresa privada sino una fundación sin ánimo de lucro registrada en Suiza. Se rige por un Consejo de Fundación formado por 17 miembros, el cual nombra al director general, establece la dirección estratégica de la organización, adopta la declaración de principios, diseña políticas, supervisa la gestión financiera de la organización y vela por la autonomía e integridad de los exámenes del Programa del Diploma y otros procedimientos de evaluación de los alumnos. La composición del Consejo refleja la diversidad cultural y regional. El informe anual y el informe financiero del Bachillerato Internacional® (IB) son publicados en la web de la Fundación y están a disposición de cualquiera que quiera tomarse la molestia de consultarlos.
    2) Decir que cursar el Bachillerato Internacional es obtener un Diploma acreditativo de que ha hecho este programa y nada más, es minusvalorar el trabajo y esfuerzo de muchos jóvenes que intentan superarse cada día y que invierten muchas horas para conseguirlo. La gran mayoría no lo hacen por un título que poder exhibir sino porque de verdad creen en que una buena formación puede traer un futuro mejor.
    3) Tampoco estos alumnos pretenden evitar la selectividad, sería absurdo y de hecho suelen obtener muy altas calificaciones en esta prueba sin demasiado esfuerzo. Sí es cierto que muchos de ellos bajan su nota media de bachillerato con respecto a sus medias de la ESO, es algo que la mayoría sabe que puede ocurrir y a pesar de ello optan por el IB.
    4) Los centros públicos representan un 32% de la población total de alumnos que cursan el Programa del Diploma de IB (IBDP) en España, cifra que no parece ser reflejo de una grave segregación sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos alumnos que no estarían dispuestos a realizar un esfuerzo extra al que ya supone el bachillerato Lomce por sí solo.
    5) Incidiendo en este último tema, sería interesar consensuar qué se considera segregación. A modo de ejemplo, las clases de primero de Derecho en León en los años 80/90 tenían una media de 400 alumnos (en dos turnos) y sin embargo en Veterinaria era la mitad o menos, en Ingeniería Telecomunicaciones en la Politécnica de Madrid la cuarta parte. Hablo de esa época por ser la que conozco de primera mano. También en aquellos años solamente empresas privadas impartían dobles y triples grados (ICADE) y más tarde (igual que ha sucedido con el IB) el Estado adoptó en la medida de lo posible estos planes de estudio debido al éxito incontestable en la demanda de este perfil por el mercado de trabajo. En estos grados continúa siendo difícil obtener plaza, la ratio alumno- profesor menor y los recursos mayores: ¿son por ello segregadores? Tengamos en cuenta que estamos hablando siempre de educación NO obligatoria.
    6) Por último, les remito al estudio de la Implementación e impacto del Programa del Diploma de IB en los institutos públicos españoles (Universidad Autónoma de Madrid y UNED) cuyas principales conclusiones reproduzco a continuación:
    a. El IBDP impacta positivamente en el clima escolar, tanto dentro del aula como, especialmente, en el conjunto del centro. Un clima positivo que facilita y mejora las relaciones entre los estudiantes, entre los estudiantes y los docentes, y entre estos y el equipo directivo.
    b. El IBDP satisface las necesidades de los estudiantes que demandan una educación intelectual y prácticas educativas de alto rendimiento. La oferta del programa en centros de educación pública democratiza y universaliza el acceso a este tipo de aprendizaje.
    c. Sin duda alguna, los resultados del estudio convierten al IBDP en una propuesta educativa internacionalista y supranacional lo suficientemente solvente como para ser reconocida por cualquier administración educativa de cualquier país y como para nutrir de propuestas de reforma a cualquier sistema educativo nacional. Así sucede en muchos países de nuestro entorno. Las Administraciones educativas españolas, por su parte, tienen a su alcance hacer que ese reconocimiento pleno y justo sea una realidad
    d. Podemos afirmar como conclusión general de esta investigación que el IBDP ha sido identificado como un programa que tiene factores específicos que producen efectos muy positivos en todos los actores involucrados en el programa. Los resultados han confirmado, con hallazgos basados en evidencias, que el Diploma produce diferencias estadísticamente significativas en los resultados educativos de los estudiantes. Esta conclusión es el resultado del análisis de los datos, triangulando los cuantitativos y cualitativos, extraídos de una muestra muy significativa, lo que le otorga un alto nivel de validez y fiabilidad.

    17/04/2018
  • Familiar de alumna

    Hola,
    En primer lugar disculpad que mantenga el anonimato, pero quisiera que se viera afectada la persona en que baso mis observaciones.
    Tengo en la familia una chica que está cursando IB en un instituto público. En parte, coincido con tu análisis, la presión académica es excesiva, y hay diagnósticos de trastornos por ansiedad y problemas relacionados, aunque no podría decir si en mayor medida que en otros bachilleratos. Pero mi observación directa es que los alumnos, en realidad alumnas en un 80% (otro tema que valdría la pena valorar), dedican 4 o 5 horas diarias a estudiar después de clase, 8 los fines de semana, y que hay una obsesión común por las cualificaciones.
    Ahora bien, me pregunto si el BI es causa o efecto de ello, porque la dura selección de los alumnos que realizan, con criterios fundamentalmente de rendimiento académico, ya condiciona de manera importante el perfil de los alumnos que llegan.
    Por otro lado, he de decir que este BI viene a cubrir una necesidad que estos estudiantes han sentido que, al menos la ESO, no cubría: estudiar.
    Cuando acudí a las puertas abiertas del centro, se incidió mucho en que se trataba de una metodología nueva, basada en la investigación y el autoaprendizaje en equipo. Resultaba muy tentador, después de una ESO fundamentalmente memorística. He de decir que la desilusión ha sido muy fuerte, todo era mentira: las clases son muy similares a las del bachillerato convencional. Los cambios que notan los alumnos: que ahora les hacen razonar algo más que en la ESO, son los mismos que notaría cualquier estudiante al pasar al bachillerato. Solo que en el BI, con más materia, y sin alumnos “menos empollones” que entorpezcan el intenso ritmo.
    Me parece una oportunidad perdida: se coge a unos jóvenes que a menudo presentan unos hábitos de estudio compulsivo (perfeccionismo, obsesión por la nota, aislamiento social) que poco tienen que ver con el gusto por aprender y, en lugar de tratar de reorientarlos hacia este gusto, se les intenta exprimir todavía más. Un poco como lo que hacen con los superdotados esos “colegios especiales” que, en lugar de afrontar el problema (que lo es), prometen a los padres sacarle rendimiento. De las consecuencias psicológicas ya se encargará el futuro.
    He de decir que todo esto lo digo en relación al BI de un instituto público. Conozco otro caso, de una alumna de un colegio privado, y no tiene nada que ver, al no cursar simultáneamente el BI y el LOMCE. Parece un bachillerato convencional, con algunos cambios en el programa, y más énfasis en el uso de las nuevas tecnologías y el inglés, y una carga horaria lectiva incluso menor que el bachillerato LOMCE.
    Nuestro país tiene poca tradición en el aprendizaje constructivista. Si todo ese dinero se dedicara a ofrecer a los profesores formación y reciclaje, quizás consiguiéramos poco a poco abandonar los arcaicos métodos de enseñanzas que, con muy honrosas excepciones, dominan todavía.

    27/02/2018
  • Rosa Segura Iglesias

    El escándalo al que te refieres consistió en la denuncia de UNA madre.
    La inspección no encontró ninguna prueba de maltrato.
    Yo en ese curso era profesora del grupo de BI y puedo asegurar que la relación de los profesores con todo el grupo (29 alumnos) era excelente.
    Creo que condenar sin pruebas a un grupo de profesores de un instituto público no es defender la enseñanza pública. Tiene otro nombre.

    15/02/2018

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