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Ya son 52 días de huelga indefinida que están sosteniendo las educadoras más precarias del sistema educativo madrileño.
Los ánimos siguen altos, aunque como asegura Cynthia, educadora en una escuela municipal madrileña, están casadas. Pero no tienen intención de parar.
A las puertas de su centro educativo, mientras entraban, por goteo, algunas madres y padres con sus criaturas de 0-3 años, se han congregado los y las representantes de USO, CCOO, UGT y la Plataforma Laboral de la Educación Infantil (PLEI). El objetivo, escenificar la unidad sindical que hasta ahora no parecía posible.
Unidad sindical
Una unidad que se lleva intentando años y que las ocho semanas de protesta ininterrumpida de las educadoras infantiles, con sus manifestaciones y concentraciones casi diarias, ha terminado de fraguar.
Los tres sindicatos y la plataforma han vuelto a incidir sobre lo justo de la protesta y sobre la necesidad de que se atienda a las reivindicaciones fundamentales: pareja educativa, reducción de ratios y dignificación salarial de las educadoras que cobran el salario mínimo.
A estas se suma la paralización de las prórrogas de contratos que están previstas por parte de la Comunidad, para que no pase con las 20 escuelas municipales cuyos contratos han sido prorrogados dos años más y seguirá generando agravios entre trabajadoras.
En quinto lugar, han señalado la dignificación general de la etapa, entre lo que se incluyen mejoras en el calendario escolar, las instalaciones, los recursos y el vestuario para el desempeño profesional y educativo diario de las educadoras.
Para eso, miran a las patronales del sector que, como recordó Alejandro Aguilar, de USO, llevan semanas esperando para que les den fecha para una primera reunión.
Han exigido de una forma velada que la Comunidad de Madrid asuma su responsabilidad en los salarios y deje de mirar a las patronales. Mediante un complemento autonómico podrían atender rápidamente esta reivindicación de las educadoras.
Dignidad y coraje
Aída San Millán, secretaria general de la Federación de Enseñanza madrileña de CCOO ha querido poner el acento en «la dignidad, el coraje y la resistencia que han sostenido las educadoras infantiles ya en su octava semana de huelga indefinida», algo que también ha subrayado Sandra Rodríguez, responsable de enseñanza privada en UGT Servicios Públicos de Madrid.
Rodríguez han insistido en la responsabilidad de la administración aunque se haya externalizado la mayor parte del servicio educativo del 0-3. Aquella «es quien diseña y financia los pliegos de contratación. No pueden desentenderse prorrogando pliegos que están basados en precios y financiación que están ya obsoletos».
Por su parte, Rosa Marín, portavoz de la Plataforma Laboral de Educación Infantil, y representante de CGT, ha señalado la importancia de la unidad sindical para poder hacer presión a las administraciones y patronales. Ha asegurado que cada vez son más en las asambleas y que no van a parar la huelga hasta que no tengan los compromisos con la Consejería por escrito.
Pareja educativa
Cynthia y Eduardo son educadores de la escuela infantil municipal Las Nubes, muy cercana a la estación de Atocha de Madrid. Son compañeros y, al mismo tiempo, pareja educativa. Trabajan en la misma aula de 2-3 años, con 16 criaturas.
En las escuelas municipales madrileñas, además de tener una ratio algo mejorada con respecto a las demás, también disfrutan de poder trabajar en pareja.
Explican que este modelo es básico para garantizar la atención individualizada al alumnado. Mientras una atiende, por ejemplo, al juego de una niña o un niño, el otro puede estar pendiente del gran grupo. Uno está cambiando un pañal o lavando las manos de una criatura, lo hace con la tranquilidad de que la compañera está atendiendo al resto de necesidades.
De la misma manera, pueden trabajar por separado, con la mita de la clase y, como explica Cynthia, supone la posibilidad de tener un apoyo continuo en la labor diaria. Consultar dudas, pensar actuaciones concretas, observar comportamientos o, simplemente, apoyarse para llevar con menos carga el trabajo diario, muy duro en lo físico y en lo emocional.

