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“Consellera, consellera perquè no obris la barrera, que la pública t’espera i si no rebentarà” (Consejera, consejera, ¿por qué no abres la barrera?, que la pública te espera y si no reventará) .
Con esta cancioncita aguantaban centenares de docentes con la camiseta verde, un sol tórrido a las 16h ante la verja de la Consellería de Educación, cerrada y protegida por la policía antidisturbios.
Mientras, adentro, los representantes sindicales miembros de la mesa sectorial (que no el Comité de Huelga que hubiera incorporado más colectivos), tenían que aguantar el desinterés de la consejera y el subsecretario de educación, que mantenían propuestas de ratios impresentables muy alejadas de lo que piden las asambleas de profesorado en huelga y los sindicatos de izquierdas.
Esta escena (la reja cerrada, la policía antidisturbios, la gente en la calle resisrtiendo el calor) me estremeció. ¿No es esto fascismo?, ¿Prohibir el acceso a la Consellería a sus trabajadores y trabajadoras, a la comunidad educativa, al pueblo?
Ese desprecio a los sindicatos votados por los trabajadores y trabajadoras; ese vergonzoso pasotismo ante el sufrimiento del profesorado con doce días de huelga a las espaldas y 30 grados de temperatura en la calle, queriendo saber cómo van las negociaciones; esa provocación macarra del subsecretario diciendo que no hay dinero para aumentar plantillas de la escuela pública, mientras el gobierno valenciano del PP se ha negado a coger los 3.669 millones que ofrecía el gobierno central por un nuevo modelo de financiación, y se compromete con VOX a bajar los impuestos. ¿No es esto el estilo asqueroso, maleducado, grosero y prepotente de los fascistas?
A este lado de las rejas, en la calle (¿la que será siempre nuestra?), veía personas que han mostrado una capacidad exquisita de diálogo y de organización, de toma de decisiones colectivas, de respecto a las situaciones personales y de capacidad para la construcción democrática de una voz colectiva en las asambleas de profesorado en huelga de centro, de comarca y de País Valenciano.
Veía unas representantes sindicales que han nutrido y confluido con el movimiento asambleario poniendo todos sus recursos y voces públicas en el sostenimiento de las movilizaciones y la toma de decisiones democrática desde abajo. Miles de maestras y maestros en huelga que continúan inventando nuevos carteles, eslóganes, canciones que reactivan la lucha lejos del aburrimiento y de la repetición mecánica y burocrática y montan bandas de música para acompañar las manifestaciones.
Ayer por la tarde me emocionaba viendo cómo estas personas protestonas se cuidan unas a otras, bajo las carpas para protegerse del sol, con las botellitas de agua en spray para refrescar la cara, los polos de hielo, los abanicos,… la sonrisa cansada, pero resistente, poniendo el cuerpo, poniendo el alma.
Estas maestras en huelga son personas estupendas y las mejores educadoras para nuestra joven ciudadanía, porque muestran inteligencia, creatividad, respeto, capacidad de cuidar, de escuchar, de proponer y de decir no con asertividad y dignidad, a pesar de que les cueste mucho dinero del bolsillo.
Les hubiera regalado un clavel rojo a cada una y un abrazo. Gracias para estar ahí. Más tarde o más pronto tumbaremos juntas esa veja cerrada.

