Leer no es comprender
La lectura en voz alta y con fluidez suele vincularse con la asignatura de Español. Se trata de habilidades necesarias para el aprendizaje en todas las disciplinas como son las matemáticas, las ciencias y la historia. Aunque se puede ser capaz de decodificar palabras, esto no significa poder construir un significado. En consecuencia, saber leer palabras no equivale a comprender ideas.
La decodificación es la capacidad de transformar signos gráficos en sonidos o palabras. Es una condición necesaria, pero nunca suficiente. Por lo cual, cuando el lector reconoce palabras, requiere relacionarlas con sus conocimientos previos para así construir un significado. De esta manera, se logra la interpretación por parte del lector con base en la intención del autor.
Siguiendo por la misma línea, la interpretación del lector no solo se construye a partir de lo que el autor describe de manera literal, sino también de la capacidad de inferir, ya que relaciona ideas y otorga significado a aquello que el texto comunica de manera implícita. Las inferencias permiten al lector descubrir intenciones o significados que el texto no da de forma implícita. El proceso finaliza en el pensamiento crítico, ya que el lector no solo interpreta el texto, sino que contrasta, cuestiona y formula una postura propia. De esta manera, la comprensión ocurre cuando el lector relaciona lo que lee con sus conocimientos previos y construye significado.
México: permanecer en la escuela no siempre significa aprender
En México durante el 2023, la secretaria de Educación, Sofialeticia Morales, presentó los resultados de la evaluación de Nuevo León Aprende. Esta prueba se implementa por parte del Gobierno del Estado de Nuevo León, ubicado en el noreste de México. Su objetivo es medir los conocimientos académicos y las habilidades socioemocionales en estudiantes de tercer grado de primaria. Sobre los resultados de esta prueba, se determinó que en dicho Estado, el 60 % de los alumnos no saben escribir ni leer acorde a su nivel. Este dato, refleja una realidad que no es única de la entidad.
El 23 de febrero del 2026, Xóchitl Moreno Fernández, directora de Desarrollo Curricular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), declaró que cerca del 30 % de estudiantes de quinto y sexto de primaria no comprenden realmente lo que leen. Aunado a esto, Moreno Fernández sugiere que en México este problema puede llegar también a la educación de nivel superior. Realmente, la mayor crisis educativa del país no es que los estudiantes no sepan leer, sino que se ha normalizado que avancen de grado sin comprender lo que leen.
El sistema educativo mexicano durante las últimas décadas ha intentado favorecer una educación más inclusiva y evitar que los estudiantes abandonen la escuela. Lo ha hecho a través de políticas que se enfocan en garantizar el acceso, la permanencia y la continuidad escolar. Sin embargo, cuando no hay estrategias que aseguren el dominio de aprendizajes fundamentales, la permanencia corre un alto riesgo, ya que se acumulan dificultades de los estudiantes para avanzar de grado. De esta manera, se perjudica la comprensión lectora del alumnado, debido a que no logra interpretar textos complejos, argumentar y construir conocimiento. Por lo tanto, la lectura se convierte en una actividad enfocada en responder cuestionarios o identificar respuestas correctas en los exámenes. Restándole importancia a la reflexión, el diálogo e, incluso, la construcción del significado.
La autora del libro Estrategias de lectura, Isabel Solé, menciona que la comprensión lectora no surge de manera espontánea. Sostiene que debe enseñarse con ayuda de estrategias antes, durante y después de la lectura. La comprensión de un texto requiere de un espacio para que el estudiante pueda releer, contrastar ideas, formular preguntas y lograr relacionar el texto con conocimientos previos. La lectura comprensiva no depende únicamente de la política educativa, de las estrategias docentes o del interés del estudiante. La intención no es cuestionar el compromiso de los docentes, sino de reconocer que trabajan bajo estructuras que dificultan dar tiempo necesario a una lectura verdaderamente comprensiva.
El reto pendiente de la educación mexicana
En la prueba PISA de la OCDE, en el 2022, los resultados de México señalan que en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias el país bajó al lugar 51. Anteriormente, en 2018, habían obtenido el puesto 39. Aún siendo inferiores los resultados, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, afirmó que dichos datos de la prueba eran parte de un modelo neoliberal. Sugiriendo que buscaban desacreditar la educación pública y que dentro de su Administración no tendría validez.
Con base a los resultados de PISA 2025, México obtuvo sus puntajes más bajos en matemáticas y comprensión lectora en dos décadas. Se ubicó entre los últimos lugares de la OCDE, obteniendo el lugar 37 de 38, teniendo únicamente cinco puntos más sobre Colombia. Ante estos datos, Claudia Sheinbaum, actual presidenta de México, ha cuestionado la metodología de PISA para comparar realidades educativas distintas. Es válido cuestionar una evaluación; pero no debe permitirse que el debate sobre la prueba deje de lado el debate sobre los aprendizajes.
Realmente la discusión no debería centrarse en aceptar o no los resultados de una prueba. Es decir, el enfoque debe ir más allá. Donde nos cuestionemos qué acciones estamos dispuestos a ejercer en los niños y jóvenes que tienen dificultades para comprender lo que leen. Cuando los resultados de evaluaciones educativas se centran en motivo de confrontación política, el riesgo es dejar de lado el aprendizaje de los estudiantes. Un país que no fortalece la comprensión lectora, limita la formación de ciudadanos que sean capaces de analizar la información, distinguir entre hechos y opiniones, participar críticamente en la vida pública, tomar decisiones informadas y ejercer su libertad.
Cuando un país no comprende lo que lee, difícilmente podrá comprender los problemas que enfrenta. Mientras sigamos formando generaciones capaces de pronunciar palabras, pero incapaces de interpretar la realidad, se seguirá confundiendo el aprobar con aprender, leer con comprender y avanzar de grado con desarrollar conocimiento. México necesita recuperar la lectura no solo como una habilidad dentro del aula, sino como una práctica de pensamiento. Donde el desafío radica en comprender, dialogar y transformar esas palabras en conocimiento. Un país no cambia por la cantidad de personas que saben leer, sino por los ciudadanos que comprenden el mundo a través de la lectura y actúan con criterio sobre él.
Comprender también se enseña
Hablar de comprensión lectora implica dejar de asumir que los estudiantes aprenderán a comprender solo porque están expuestos a los textos. Al contrario, comprender también necesita de enseñanza, práctica y acompañamiento. El preguntarle al alumno qué entendió del texto no es suficiente. Se le debe guiar a anticipar de qué puede tratar la lectura, que identifique la información relevante, formule sus propias preguntas, realice inferencias reconociendo la intención del autor para construir su postura.
A nivel académico, esta responsabilidad no es exclusiva de la asignatura de Español. Por lo tanto, todas las disciplinas requieren asumir su papel en la lectura como herramienta para construir conocimiento. En las ciencias, leer permite explicar fenómenos y valorar evidencias. En historia, implica identificar perspectivas, establecer relaciones entre los acontecimientos y comprender procesos. En matemáticas, comprender un problema requiere de la interpretación para poder decidir qué operación debe realizarse. Enseñar a comprender es una parte fundamental del aprendizaje, no solo una tarea tradicional.
El desafío consiste en enseñar a leer de manera diferente, no solo que sepan leer con fluidez. Donde al evaluar la lectura, se deje de preguntar únicamente qué ocurrió en el texto, sino incitar que el alumno pueda explicar, justificar, relacionar, interpretar y argumentar. No solo encontrar rápidamente una respuesta, al contrario, demostrar cómo se llegó a ella. Una educación que forme personas que puedan distinguir argumentos de opiniones, que no acepten toda la información que se les ofrece y tengan la capacidad de construir un conocimiento a partir de todo aquello que leen.
Como señala Emilia Ferreiro:
“Leer puede mejorar la condición de vida de los ciudadanos y nos hace personas libres, más libres; libres para pensar y para actuar.”

