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Hace poco más de un año que estoy en Instagram. Antes de eso me movía casi exclusivamente por Twitter. Pensé que Instagram solo era postureo. Sin embargo, descubrí grandes divulgadores y divulgadoras científicas y, sobre todo, grandes creadores de contenido.
En Instagram hay mucho humor, mucha música y baile. También hay investigadores y profesionales que comparten muy bien sus conocimientos. Todos ellos y ellas realizan vídeos que vale la pena ver y que sirven tanto para aprender, como para divertirnos y poder ver el talento de muchas personas. Profesionales y artistas que, de otro modo, no conoceríamos.
La finalidad sí importa
Desgraciadamente, también nos encontramos con gente que solo tiene sus redes para reírse de otros, para exponerles, para insultarles o para engañar y estafar. Gente que busca hacerse viral sea como sea y, si puede ser, ganar dinero por el camino. Y sí, también hay influencers, personas que viven de compartir su vida o las de sus familias, entre otras opciones.
Un caso curioso es el de aquellos perfiles que comienzan hablando de un tema determinado, quizás incluso con cierto conocimiento, pero que luego pasan a realizar publicaciones de lo que sea. Desde ese momento, ya no los englobaría en la categoría de divulgadores o creadores de contenido, sino en la de influencers, narrando sus vidas en redes o comentando cualquier tema a cambio de dinero.
Y no llevan a cabo esa transformación por casualidad. Lo hacen por modas, para obtener más visualizaciones, por motivos económicos o por una combinación de los anteriores. Puede ser un cambio lícito, no tiene que ser necesariamente algo negativo. Simplemente yo, llegados a ese punto, prefiero dejar de seguirlos.
El tema sí importa
Cuando llevaba poco tiempo en Instagram, descubrí dos cuentas relacionadas con la salud mental. En un caso, una persona contaba sus experiencias propias y, en el otro caso, se trataba de un profesional. Como digo, ambos perfiles me resultaron muy interesantes.
Meses más tarde, se me cruzó un reel de uno de ellos sin camiseta. Era el mismo contenido pero, por lo que sea, ese profesional entendía que el mensaje se transmitía mejor así. Y, por otro lado, se me cruzó un reel publicitario en el que la otra persona nos explicaba los beneficios de un complemento alimenticio (en realidad era otro producto, pero prefiero cambiarlo para no ofrecer datos concretos).
De la noche a la mañana, pasó de hablar de salud mental a publicitar un complemento alimenticio, enumerándonos sus beneficios como si fuese nutricionista o médico. Puedes exponer que te lo estás tomando y que te está sentando bien, que te notas con más energía. Hasta ahí la publicidad. Pero ponerte a ofrecer explicaciones sobre sus propiedades, las proteínas, las vitaminas y no sé qué más, sin ser especialista, eso sí que no lo encuentro adecuado.
La audiencia sí importa
Como suelo decir, la vida de cada uno y sus necesidades, solo las conoce cada cual. Pero me estoy refiriendo a influencers que están hablando de un tema de salud. En concreto, de salud mental.
Podríamos pensar en las características de la audiencia que pueden tener. En sus seguidores y seguidoras. Como he comentado en artículos anteriores, reflexionemos sobre la cercanía y el vínculo creado. Me parece abusar y aprovecharse de esa confianza, al menos desde mi punto de vista.
Además, tengo que admitir que estas dos personas que he puesto como ejemplo, aún hacen muchos vídeos que visualizo con atención. Supongo que nada es blanco o negro y que a lo mejor todavía no entiendo bien cómo funciona Instagram. Quizás haya llegado demasiado tarde ya a esta red.
¿Todo vale para vender un producto?
Siempre me he preguntado: si un actor sale anunciando un coche, ¿le dejan probarlo antes o lo recomienda sin saber si es bueno? Supongo que será un pensamiento muy infantil, pero pienso que si tuviese que anunciar algo me gustaría probarlo antes. Luego pasa lo que pasa, que se recomiendan viajes que no existen, como pasó hace unos años con unos influencers. Supongo que ahí entrará también la importancia de estar bien asesorados y muchas otras cuestiones que a mí se me escapan. Hablo desde el desconocimiento absoluto en este tema.
El dinero no debería serlo todo. No publicitemos cualquier cosa y no lo hagamos de cualquier forma. Si quieres ganar dinero, adelante, pero demuestracierta reflexión crítica y ciertos principios.
Y si ese influencer que ves todos los días no los tiene, nos tocará tenerlos a nosotros: ¿publicita productos o eventos relacionados con su área o intenta vendernos cosas que no tienen nada que ver? Si ese es el caso, ¿cómo se habrá formado una opinión acerca de su calidad o eficacia?
¿Es un tema exclusivo de redes?
Después de escribir este artículo y otros anteriores, estoy empezando a considerar que la mayoría de los comportamientos que suelo comentar no han nacido en las redes. Sin duda alguna, ya llevan tiempo presentes en nuestra sociedad. En este caso, en anuncios de prensa o televisión. Solo es que ahora están mucho más extendidos, generalizados y viralizados.
Quizás el problema sea la parte ética o los valores que cada cual tenga, o que tengan las empresas. Yo, en un principio, eso no lo veo, sobre todo cuando se tocan determinadas cuestiones o temas delicados. Pero bueno, puede ser que me equivoque. Probablemente sea así.


