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Con ocasión de la entrevista que me hizo este Diario, en dos de las hojas parroquiales de CREA, Periódico Educación y Diario Feminista, la profesora Adriana Aubert, una de las firmas visibles de la tercera línea de la secta, me dedica un artículo cuyo título lo dice todo: “Los malos catedráticos. ‘Errores’ de Enguita”. Se avecina así lo que tanto gusta a CREA: una historieta de buenos y malos (adivinen), y también de ‘errores’, pero entrecomillados, o sea, más malos todavía.
Víctimas de luz, villanos de cátedra y polémica ad hominem
Fiel al guion del grupo más científico, excelente, dialógico, transformador y progresista de la galaxia, Aubert empieza señalando mi escaso impacto científico, muy inferior al de cualquier joven becaria, sobre todo si es suya. Ser joven y becaria –que equiparan a precaria–, ergo también mujer, es para ellos la combinación perfecta para acceder al altar de las víctimas, por ello mismo seres de luz de los que se habla con arrobo, tanto como con indignación contra sus presuntos enemigos: las polémicas de CREA siempre sonad hominem.
En realidad, ser joven es estupendo, ser becario es una fase habitual de una carrera privilegiada, casi siempre la mejor, y ser mujer conlleva por sí desventajas… pero sólo en comparación con los hombres de su misma clase social, su profesión, su etnia, etc., no necesariamente más allá, lo que quiere decir que pueden acumularse a otras desventajas o ser más que compensadas por otras ventajas.
Entrar a discutir el nivel de impacto es inevitablemente soporífero, como bien sabe cualquiera que haya participado en tribunales y comisiones de selección, y, hacerlo fuera de ese contexto, de muy mal gusto. En consecuencia, dejo este asunto para un texto anexo, sólo para frikis del impacto y masoquistas varios. A pesar de sus limitaciones, contiene sorpresas.
Aubert critica que yo cuestione un proyecto, INCLUD-ED, cuando fue el “único proyecto… bla, bla, bla”. No discuto el bla, bla, bla. De hecho, admiro la capacidad de CREA para dar gato por liebre, como admiro, aunque prefiero no emularlos, a los trileros en las ferias, los artífices de ponzis en las finanzas y los gurús de tantas sectas delirantes. Me asombra su habilidad, aunque deteste la práctica y sus fines.
Del ‘impacto’ al marketing académico
Pienso, de hecho, que todas esas agencias, administraciones e instancias académicas que han aupado o aclamado a CREA van a tener que dar explicaciones. Pero, en todo caso, sí, lo he dicho, lo he escrito y lo repito: como ya expliqué hace más de un decenio en este artículo, el proyecto fue, sí, un mediocre refrito, por debajo de lo que ya se sabía, sin ninguna aportación al conocimiento y sin otra evidencia que el autobombo sin base de CREA, aunque allí lo dije muy suavemente. Tan limitado y mediocre, en contraste tanta hipérbole de sus autores, que, cuando vi y leí el informe final no lo podía creer, por lo que dediqué horas a buscar otros informes de progreso o parciales que aportaran mayor amplitud o profundidad. Pero era aquello y sólo aquello. O, más bien, aquello y la mercadotecnia y el relato de CREA que, en eso sí, es magistral.
Continúa Aubert con un cuento maniqueo sobre la elección de la Junta Directiva de la Asociación de Sociología de la Educación (ASE) el 7/7/2011: “Cuando Enguita vio que una mujer feminista iba a ser la presidenta [“propuesta por la junta de la asociación y les costó convencerla”] , se presentó él a ultima hora y, durante la votación, comenzó a sacar votos de su bolsillo”. Este relato para guiñol, un insulto a la integridad del medio centenar de asociados que participaron en la elección y a la inteligencia del centenar que confiaron y siguieron confiando en la Asociación, no tiene secreto alguno.
La “mujer feminista”, primero, y aunque fuera miembro de la Junta anterior, ni era candidata de esta ni podía serlo: esto no es Corea del Norte, y del resto puede suponerse (el voto era secreto) que unos la votarían y otros no. De hecho, ni siquiera había hecho pública su candidatura, aunque ya se hubiera filtrado, ni había presentado proyecto alguno, quizá pensando que iba a ser un puro trámite; yo presenté candidatura y proyecto en una carta a todos los asociados de 4/7/2011. La carta explica por qué y para qué, excepto un punto omitido entonces por no romper todos los lazos: que CREA ya llevaba años, de forma cada vez más agresiva, intentando colocar sus peones en cualquier entorno y oportunidad, inundando cualquier zona con sus monsergas y autobombo y acosando a quienquiera que se interpusiese en su camino, y eso bien podría arruinar la ASE y la Conferencia de Sociología de la Educación (CSE).
En cuanto al acto de votación, se ejerció el voto delegado (como en cualquier institución democrática, ya que por correo o a distancia no habría sido factible, al poder presentarse candidaturas no sólo de manera pública y con antelación (como yo) sino hasta el último instante (como la “mujer feminista”), y se hizo previo documento firmado o correo electrónico verificable. Lo de “sacar votos de [mi] bolsillo” es pura insidia refunfuñona y difamatoria, pero inútil.
El acta final, responsabilidad de la Junta anterior y asumida por todos, no especifica la proporción de votos delegados, pero se certificó in situ y los hubo para ambos candidatos. Y hay otro detalle que Aubert no menciona: en esa Conferencia aparecieron por vez primera y/o se adhirieron sobre la marcha a la ASE una docena de miembros de CREA, entre los cuales ella misma, que ni había contribuido nunca antes a la Conferencia ni volvería a aparecer por ella. Fallido el asalto a la Junta, la secta abandonó la ASE para crear un satélite bien controlado, la AMSE… pero esta es otra historia. Entre los asistentes de CREA, viejos o nuevos, estaban, por cierto, algunas de las mujeres que han denunciado a Ramón Flecha por acoso y/o abuso sexual, como también de las que hoy descalifican y acosan socialmente en defensa de la secta.
Jaca 97, el “título falsificado” y la evidencia
Su escrito contiene una segunda historia truculenta, como de cotilleo, sin el más mínimo interés intrínseco, pero que es un buen ejemplo de cómo bullen los cerebros de CREA, en general, y Aubert, en particular.
Cuenta ésta que, ¡en 1997!, yo no acudí a la VI CSE, celebrada en Jaca… por la rabia máxima que sentía, tras haberme dedicado “durante muchos años a repetir una frase que apareció como título falsificado de un artículo: «La escuela no es responsable de las desigualdades y tampoco las cambia»”, porque “una de esas becarias predoctorales de CREA tituló su presentación en esas jornadas «La escuela sí es corresponsable de las desigualdades y sí contribuye a cambiarlas»”.
Este es uno de los temas favoritos de CREA, si el efecto de la escuela es transformador o reproductor, igualitario o divisivo, etc., y en qué circunstancias y por qué tipo de escuela; tema que, en condiciones normales, podría discutirse de manera normal entre gente normal. Pero CREA, aquí Aubert, como otros creyentes, prefiere siempre un guion más propio de unos dibujos animados: poderoso y malvado catedrático, varón y viejuno, retrocede aterrorizado ante joven y brillante becaria. Para unas risas, llega con esto, pero un poco más de detalle ayudará a comprender cómo funciona la secta.
Ya me había llegado, en 2011, noticia de esa fábula de haber faltado a la Conferencia para no ser derribado del caballo por el resplandor de CREA, algo delirante, pero siempre pensé que se referiría a una presentación del proyecto o los resultados de Includ-Ed. Alguna vez, en la conferencia, se había dedicado una franja a la presentación y discusión de toda una línea de trabajo, y como yo ni programé ni llegué a ver la CSE de Jaca, bien podría referirse a algo así. Pero no, sino que yo temblaba por mucho menos (o mucho más), por la presentación “de una de esas becarias” (que él [yo] despreciaba)”, etc.
Comencemos por el título falsificado y repetido “durante muchos años”. Lo primero es que los mantras y jaculatorias son cosa de los Hare Krishna y de CREA, pero no son mi estilo; menos aún el citado, tan soso y con el que no estoy nada de acuerdo, pues la escuela sí es responsable de las desigualdades, aun parcialmente, y sí las cambia, a veces para bien y a veces para mal, según para qué grupos sociales y según en que época. Lo que sí es seguro es que yo no vendo curas milagrosas, como CREA.
Lo segundo es que no hay falsificación de ningún título por parte de nadie: el citado es el encabezado de Alain Gras, editor o compilador de Sociología de la Educación. Textos Fundamentales, un volumen de lecturas que fue muy útil para el estudio y la enseñanza de esta materia en los 70 y 80.
Gras recopiló una treintena de artículos o capítulos, preferiblemente cortos, de distintos autores, los ordenó por grandes temas, etc. y los encabezó, todos y cada uno, con un enunciado que, a su juicio, indicaba su interés o su sentido. En algunos casos, el texto ya venía de origen con un título que ni pintado, por ejemplo: “La evolución pedagógica en Francia”, título de un muy amplio libro de Durkheim de cuyo original Gras reproducía 6 + 12 páginas, dos fragmentos no consecutivos, en 8 páginas de la recopilación; en otros, como el encabezado por el enunciado que cita Aubert, se trataba de un artículo muy breve, completo, de C. Jencks y M.J. Bane, con el título de “Escuelas y sociedad” que, evidentemente (el título), no decía nada.
En todo caso, al final de cada texto venía una nota bibliográfica precisa sobre este, por lo que, falsificación, ninguna; pero se ve que Aubert no llegó a esta página, probablemente ni a la primera. De hecho, los autores defendían simplemente que, para combatir las desigualdades económicas hay que cambiar las instituciones económicas, no prometer milagros escolares.
Fuera de eso, la comunicación, que puede verse en las actas de la VI CSE (pp. 27-34), no era obra de una becaria, sino de dos mujeres (no sé si becarias), Melània de Sola y Mercedes Forcadell… y Ramón Flecha, y no aludía a mí para nada. ¿Entonces? Lo único cierto es que, como contaba al inicio de la carta de presentación de mi candidatura a la presidencia de la ASE en 2011, veintiún años después de la primera sólo me había perdido dos ediciones de una Conferencia que yo mismo había fundado: una por fuerza mayor y otra, la de 1997, por un error de agenda (con medio siglo de trote, he de confesar que me ha pasado un par de veces más). Ignoro en qué momento y de qué mente calenturienta surgió la idea de que con eso se podría construir otra fantasía difamatoria, pero me conformo con señalar que Aubert ni siquiera ha ido a verificar aquello de lo que habla, que sólo es obediente a la secta.
Y, a estas alturas, el lector ya se dirá: sí, bueno, vale, pero ¿qué pasa con el hecho indiscutible de que cualquier humilde becaria de CREA tiene más impacto científico mundial y galáctico que el malvado catedrático? Pues nada y todo. Pasa que, como dije, no imagino una conversación o un texto más soporífero que los dedicados a eso: ¡Y tú menos! Mas he encontrado una solución: compararme, no con la(s) humilde(s) becaria(s) sino con el mismísimo profeta… pero esto es ya solo para masoquistas, así que lo he hecho en un texto aparte.


