Opiniones

Francesc Imbernon

Un mal llamado MIR para el profesorado Francesc Imbernon

A veces es fácil hacer propuestas políticas de cara a la galería o del electorado pero cuando se trata de educación y formación sobran veleidades y las medidas tienen que ser muy meditadas.

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Hace tiempo, desde varias iniciativas, se habla de un periodo de inducción profesional del profesorado, o propuestas de las Islas Baleares o del Programa MIF catalán, aunque en la propuesta catalana se habla de prácticum residente y no, como tendría que ser, sino de inducción profesional. La inducción no es un conjunto de prácticas docentes, es muy peligroso denominarlo así, sino es mucho más. Y es verdad que muchos países lo tienen y ha sido una vieja reivindicación de los informes internacionales y de muchas propuestas de la mejora de la formación inicial del profesorado.

Todas estas propuestas platean un periodo de inducción profesional para el profesorado no universitario (más allá, se supone, que el periodo de prácticas posterior a la oposición). Decimos inducción profesional y, no MIR como se llama en el sector médico, puesto que esta es la denominación que se utiliza hace muchos años en la formación del profesorado.

Y ahora lo proponen sectores conservadores y el partido del Gobierno central. Y hemos de analizar por qué sale esta propuesta ahora, cuando se está hablando del pacto educativo, puesto que, con la bajada presupuestaria aplicada a la formación del profesorado, casi sería imposible llevarlo a cabo a menos que en esta propuesta de MIR conservador haya ahorro económico o gato escondido.

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El argumento que se usa para establecer un periodo de inducción profesional del magisterio, a nivel internacional y con el conocimiento que tenemos sobre la formación, es que el profesorado hace un aprendizaje real a la práctica de su labor cuando trabaja con el alumnado y en las escuelas. Una mejor profesionalización docente tiene que tener en cuenta cómo se realiza la inmersión en la profesión. Y aquí aparece un periodo de inducción profesional de un año (la propuesta del Ministerio es de dos años, algo que puede resultar excesivo y no realista) en centros seleccionados y acreditados (escuelas innovadoras ya que si no se hace así no servirá de nada). Esta inducción profesional tendría que centrarse en una formación práctica con tutores o tutoras seleccionados en las escuelas que apoyen e introduzcan en el futuro profesor o profesora en esa práctica en colaboración con el profesorado de la Universidad (mentores). Es importante valorar la experiencia docente y convertirla en una oportunidad de aprender porque son muy importantes las primeras incursiones en la práctica para evitar sueños rotos o el choque de la realidad entre lo que se ha estudiado y la práctica.

Y se habría de analizar cómo se evalúa esta fase de inmersión del profesorado novel en la práctica para ver la sensibilidad y las actitudes necesarias para desarrollarse con el alumnado y también el aprendizaje de experiencias educativas.

Una propuesta como esta se ha de meditar bien, sin precipitaciones, y consensuarla con las organizaciones educativas. El papel y los discursos lo aguantan todo pero la realidad educativa es más cruda que una simple propuesta. Tenemos que prestar atención a las propuestas. No puede ser que para ser profesor o profesora se esté 6 años (o 7 si tienes que hacer un máster para acceder) y después si uno quiere acceder a la función pública tenga que pasar una oposición y volver a hacer prácticas. Una alternativa sería, como otros países, hacer un máster (que ya existe a secundaría aunque habría que estudiar su cambio) y aprovechar las prácticas del Grado y del máster para hacer la inducción profesional. O estudiar varias propuestas que sean viables y en beneficio de los futuros maestros.

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Toda alternativa o puesta en práctica de inducción profesional tendría que tener en cuenta que en los periodos de inducción se percibe una nómina (o al menos alguna compensación económica) y una reducción de jornada tanto para los noveles cómo para los tutores de las escuelas. Y establecer buenos mecanismos de comunicación entre escuelas y universidades. No se puede organizar un periodo de inducción profesional sin financiación y una práctica profesional no remunerada que suponga la eliminación de interinos y sustitutos. Y también sería necesario modificar las pruebas de oposición.

A veces es fácil hacer propuestas políticas de cara a la galería o del electorado pero cuando se trata de educación y formación sobran veleidades y las medidas tienen que ser muy meditadas, con cautela, consensuadas y en beneficio del profesorado. Y esto necesita una propuesta rigurosa de inducción profesional.

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